El drama colea dos semanas después de que tres indigentes murieran al ingerir metanol como modo desesperado de vencer el frío en Valencia. Un cuarto compañero de los fallecidos permanece hospitalizado en la UCI y los cadáveres de los tres lituanos todavía no han sido reclamados.
Según confirmaron a LAS PROVINCIAS fuentes consulares, la Policía lituana ha iniciado ya la búsqueda de los familiares de las víctimas a petición del juzgado de instrucción de Valencia que se encargó de investigar las muertes.
Para que este avance fuera posible, la Jefatura Superior de Policía realizó costosas gestiones para identificar a los tres fallecidos, dos hombres y tres mujeres lituanos de entre 35 y 36 años. Todos ellos ocupaban fincas abandonadas y solares, mendigaban y se ganaban unos euros como 'aparcacoches' tras perder sus trabajos temporales en las garras de la crisis.
Las autopsias desvelaron que murieron por ingesta de metanol (alcohol metílico usado para quemar, limpiar e incluso como anticongelante). Tras las pruebas forenses, los cuerpos fueron trasladados a cámaras del tanatorio y allí siguen en espera de que algún familiar se haga cargo de ellos. Sus amigos lituanos en España tienen escasos recursos y no pueden asumir el costoso traslado de los cuerpos a su país de origen. La única esperanza que queda es localizar a los familiares.
Según la responsable de la Funeraria La Esperanza de Mislata, que presta servicios fúnebres a precio de coste a personas desfavorecidas, llevar un cuerpo a Lituania «conllevaría un gasto mínimo de 2.000 entre traslado, la obligatoria caja de zinc y otros trámites». En casos similares, la opción por la que suelen optar los familiares de víctimas inmigrantes es la de incinerar a los fallecidos en Valencia para luego llevarse las cenizas a su país de origen. «Esto podría conllevar un gasto de 600 euros aproximadamente por cada uno de las víctimas», estima la empresaria.
Si pasa el tiempo y no se localizan a los familiares o estos no pueden hacerse cargo por problemas económicos, los tres lituanos descansaran para siempre en Valencia. Esa decisión deberá tomarla el juez encargado de la investigación de las muertes. En tal caso se les enterrará por beneficencia y recibirán sepultura en una zona del Cementerio General destinada a aquellas personas que fallecen sin que nadie pueda hacerse cargo de los cuerpos.
Daividas nació en Panevezys, la quinta ciudad más grande de Lituania. «Allí deja una mujer y un hijo», lamentan sus compatriotas y colegas de indigencia. «Era una buena persona y un buen amigo», recuerdan. Llevaba unos cuatro años en España y cuando las cosas iban mejor «trabajó la naranja en el campo».
Ruslan vino al mundo en Klaipeda, una ciudad portuaria de unos 200.000 habitantes que linda con el Mar Báltico. Allí está su madre. Su trayectoria en España fue como la del otro fallecido. De más a menos hasta la más profunda miseria. Llevaba cuatro años con su actual pareja Daiva Mikitenko, una lituana de 36 años madre de dos hijos y una hija que rondan los 20 años y no se encuentran en España.





