No marca tendencias. No luce sus creaciones en pasarelas. No prepara colecciones. Pascual Peris construye personajes o, al menos, ayuda. A través del vestuario. Un corsé, una falda, un sombrero, una camisa. No son simples elementos estéticos. Son recursos que cualquier dramaturgo utiliza para aportar datos a una historia que quiere contar.
Peris lleva más de treinta años contando historias a través de la aguja y el dedal. «Los trajes en el teatro hablan, dan información, no te pones una chaqueta sólo porque te queda bien», indica. A pesar de que en ocasiones garabateaba maniquíes nunca estuvo entre sus prioridades dedicarse al diseño. Formaba parte de una compañía de cabaret, en la que era coreógrafo, bailarín o actor. Lo que se necesitase. «Eran épocas en que hacíamos de todo». Muchas veces imaginaba la ropa ideal para un espectáculo, pero algunos encargos no resultaban como esperaba. Por eso se lanzó al boceto. E hilvanó tan bien, que los pedidos no tardaron en llegar. A pesar de que aún coquetea con la interpretación (hace poco participó en el montaje 'Siete reinas' de Chema Cardeña), ha volcado su carrera en el diseño de vestuario.
Ha vestido piezas como 'Los locos de Valencia', 'Enrique IV' o 'Amada Candela', entre otras. Acepta pequeños y grandes proyectos. «Lo importante es que te guste el trabajo. En esta época de crisis, además, tenemos que ayudarnos». Su principal ventaja es que conoce los entresijos de las tablas, lo que funciona o no en el escenario. Y hace magia. Porque en ocasiones los actores deben cambiarse completamente en un par de minutos. Porque los colores no siempre funcionan como esperas. «Es importante hablar. Saber cómo va a ser la escenografía para no desentonar, ponerte de acuerdo con el iluminador, que el director tenga una idea clara de lo que quiere, conocer a los intérpretes para adaptarte a su físico». A veces echa en falta que los actores estudien más cómo llevar determinada ropa.
Su trabajo comienza cuando el director le presenta el guión. «Me gusta que sea exigente. Mi objetivo no es lucirme ni que sobresalga nada, sino que todo quede integrado. Yo podría plasmar mil ideas pero me acoto a lo que me piden». Por término medio se tarda alrededor de tres meses en crear el vestuario de una función. Y en ese tiempo se pueden variar las ideas. «No hay que quedarse con lo evidente», explica.
Y el reto lo plasma en su taller en la Malvarrosa, en el que trabajan entre tres o cinco personas. Pronto estrenará en el Flumen 'Jaleo', pieza de la que también se ha encargado de la escenografía. Entre sus cuentas pendientes, una ópera o una zarzuela. Pero a veces hay que decir no. A sus 51 años lo ha aprendido. «Sé que esto es un negocio, pero principalmente quiero disfrutar con lo que hago».
PASCUAL PERIS
DISEÑADOR DE VESTUARIO










