La última oleada de robos en el campo se está cebando con las cajas de plástico que agricultores y cuadrillas de operarios de la recolección dejan dispuestas en las fincas para recoger con ellas las cosechas. Están desapareciendo a millares, sobre todo en las fincas de naranjas.
Al principio se pensaba que los ladrones robaban estos envases para poder utilizarlos en otros lugares, pero dada la envergadura que ha alcanzado el problema y el hecho de que se trata de cajas con las marcas de cada cooperativa o exportador, las pesquisas de los afectados han ido más allá, descubriéndose que los cajones sustraídos se venden para ser triturados, obtener granza de plástico reconvertido y volver a fabricar otros envases.
Un cajón nuevo de campo para naranjas cuesta 6 ó 7 euros. Quienes los roban los venden para su triturado a medio euro la unidad; a lo sumo pueden sacar algo más. Mucho menos de lo que vale, de lo que tendrá que pagar de nuevo el dueño para comprarlo.
Auténtico expolio
La situación está alcanzando niveles de auténtico expolio. Cualquier firma naranjera, cualquier cooperativa, sabe que no se pueden dejar cajas en el campo para el día siguiente; algo que era de lo más común en la marcha habitual de las tareas de recolección. No se pueden dejar descuidadas; desaparecen. Se las llevan a cientos, a miles. Deja un camión su carga de cajas al final de la tarde, para que los collidors las tengan a punto al día siguiente, y cuando llega la cuadrilla igual han desaparecido la mitad, o se las han llevado todas.
El problema es tan reiterado y alcanza proporciones tan graves que no hay cuadrilla o transportista que no lo haya padecido. Además de las pérdidas directas por el robo, la desaparición de las cajas provoca una cadena de distorsiones que suponen mayor quebranto económico. Para poder realizarse el trabajo previsto en el campo ha de volver otro camión o tractor con nueva carga de cajas, y la cuadrilla de collidors debe esperar durante horas, hasta que se repongan los envases necesarios para trabajar.
Para evitar nuevas sustracciones, quienes ya se han visto escarmentados procuran cambiar de forma de proceder. Cooperativas y exportadores han dado severas instrucciones a su personal para que no dejen cajas en el campo de un día para otro, ni siquiera que las dejen solas en un sitio durante unas horas por el día, porque a veces parece como si los ladrones estuvieran cerca, agazapados, a la espera de ver que unos descargan y se van para ir enseguida y llevarse el botín.
Denuncias infructuosas
Pero cambiar de estrategia en todo esto representa mayores incordios y sobre costes. Cuando se trata de fincas pequeñas, en realidad diminutas parcelas diseminadas, lo habitual es que, de buena mañana, llegue un camión o tractor repartiendo cajas en varios sitios, para poder organizar mejor las tareas de los operarios, que irán después recolectando de un sitio a otro. Sin embargo esto ya no puede hacerse así y ha de quedar alguien en cada punto al cuidado de las cajas vacías que se han dejado. Es decir, más costes para algo cada día más devaluado.
De igual manera es muy corriente que un camión lleve cajas vacías a una finca y al terminar de coger allí la fruta sobren envases. Normalmente se quedan así y se recogen al día siguiente, para llevarlos a otro campo donde esté el nuevo tajo. Pero como se está viendo que después ya no se dispone de esas cajas, se está optando por ir al día y no dejar nada en ninguna parte.
Denunciar formalmente estos hechos no sirve casi nunca de nada. Tiempo invertido en ello para no llegar a conclusiones prácticas.









