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Educados para ser peligrosos

SOCIEDAD

Educados para ser peligrosos

El miedo por los robos en naves y chalés ha producido un rebrote en el uso de perros potencialmente agresivos

12.02.12 - 00:06 -
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En poco más de un mes, tres personas han resultados heridas de diversa consideración en la provincia de Alicante como consecuencia de la mordedura de varios perros. El primer ataque se produjo a finales de diciembre en Elche. Tres rottweiler se escaparon de una nave del Polígono industrial de Carrús y atacaron a dos empleados de una gasolina cercana causándoles heridas en manos y brazos. Esta semana, en una finca de la pedanía alicantina de La Cañada del Fenollar, un perro atacó a su dueña y a un hombre que había entrado a la finca a entregar un presupuesto de desbroce que le habían pedido. A pesar de estar atado, el animal se soltó, atacó primero al hombre y cuando su ama intervino, la mordió a ella también. Ambos se recuperan de las heridas graves que sufren en diferentes partes de su cuerpo.
No es casualidad que se hayan producido dos casos en poco tiempo y en lugares alejados de núcleos urbanos. Según el presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Alicante, Raúl Mérida, hace una década se puso de moda usar perros potencialmente peligrosos como medio de defensa de las propiedades, pero se fue reduciendo bastante su número porque se produjeron varios episodios de ataques incontrolados que acabaron sensibilizando a la sociedad sobre su elevado riesgo. Sin embargo, según explica Mérida, «en los últimos dos años el aumento de robos en naves y viviendas ha hecho que la gente vuelva otra vez a utilizar estos animales». En su opinión, los perros destinados a la defensa de chalets, casas de campo o industrias radicadas en polígonos -como parece ser el caso de los ejemplares de Elche y La Cañada-, suelen ser criados desde pequeños aislados de cualquier estímulo, solitarios, en una jaula de escasas dimensiones o atados. Su aislamiento les convierte en animales desequilibrados e inadaptados en su trato con las personas. «Su única misión es defender su territorio, y cualquier gesto humano que un perro socialmente adaptado entiende, lo interpretan como una amenaza a la que responden con agresividad», explica.
El presidente de la Protectora. Raúl Mérida relata que cuando el perro de la finca de La Cañada fue trasladado al Albergue de Animales, su actitud destilaba una enorme agresividad. «Me quedé con él para observar su comportamiento, y me fui acercando poco a poco, agachado, intentando ganarme su confianza a través del juego. Lentamente se fue tranquilizando, hasta que me puse de nuevo de pie. Entonces me vio otra vez como una amenaza y volvió a ladrar agresivamente», relata. Para Raúl Mérida, es un claro ejemplo de animal criado en aislamiento y educado para responder con violencia. La cría y utilización de perros de defensa es, en su opinión, un gran error. «Lo mejor para prevenir robos es que se pongan una alarma», asegura.
No es una cuestión de razas
Aunque se suele hablar de razas potencialmente peligrosas, el presidente de la Protectora de Animales de Alicante asegura que no importan tanto las razas como la educación del animal. «Todos pueden atacar. Lo que les hace más o menos peligrosos es la envergadura del animal, que está directamente relacionada con el tamaño y fuerza de su mandíbula. En una situación peligrosa, no es lo mismo que te ataque un caniche que un rottweiler. Lógicamente cuanto más grande, más daño es capaz de hacer», explica. Según Raúl Mérida, mal educados los dos, pueden ser igual de agresivos. «El 80% de los perros considerados potencialmente peligrosos lo son como consecuencia de la educación recibida. El otro 10% se debe a problemas físicos o psíquicos y al restante 10 % se les hace agresivos, porque si tú quieres crear un perro peligroso puedes hacerlo», afirma. La peligrosidad asociada a determinadas razas ha sido fruto, de hecho, de una estudiada operación de cría selectiva consistente en seleccionar de cada camada a los ejemplares dominantes, separarlos del resto para juntarlos con otros de iguales características e ir cruzándolos hasta conseguir con el tiempo animales con una agresividad que no hubiera sido normal si no se hubiera intervenido en el proceso natural de reproducción. «Se hizo por ejemplo con los doberman. Pero se les fue de la mano y dejaron la cría selectiva. Hoy en día, ya no son agresivos», explica.
Como anécdota, Raúl Mérida añade que, estadísticamente, la raza de perro que más mordeduras propicia no es ninguna de las clasificadas como potencialmente peligrosas. Es el cocker dorado, y se debe a un problema biológico asociado a la raza que los hace comportarse de forma agresiva.
Muchos factores en contra
La veterinaria Raquel Alves, especialista en comportamiento animal y miembro del equipo de la Clínica Veterinaria San Juan, coincide en que las listas de razas caninas consideradas peligrosas son poco fiables, ya que no existen evidencias concluyentes que relacionen claramente raza y agresividad. Según explica, «el comportamiento agresivo puede responder a un amplio conjunto de factores ambientales, genéticos, individuales, fisiológicos, motivacionales, instrumentales y hasta patológicos, entre los que puede encontrase la raza pero no de manera determinante».
En su opinión, el problema de la conducta agresiva de los perros de guarda no es la raza si no el ambiente que rodea a estos animales. «Una creencia corriente sostiene que para cumplir bien su labor, el perro de guardia debe criarse aislado, sin ningún contacto con el mundo exterior, encerrado o atado, y sin embargo es un error gravísimo porque el aislamiento social, tanto en animales como en humanos, puede ser responsable de toda una gama de efectos psicológicos, incluyendo la ansiedad y la agresividad».
Alves explica que el periodo de socialización del animal entre las 3 y las 12 semanas de vida es una etapa fundamental en el desarrollo de la conducta y temperamento futuros. «En este periodo se desarrollan las relaciones sociales del cachorro y aprende a controlar la fuerza de su propia mordedura. Durante ese tiempo debe recibir suficiente contacto tanto con el hombre y otros perros para aprender situaciones y estímulos que presumiblemente encontrará a lo largo de su vida». La falta de socialización puede desencadenar conductas agresivas en los perros ya que pueden interpretar la presencia de personas en clave de amenaza. Raquel Alves coincide en que el aprendizaje es un factor muy importante en el comportamiento del animal, y tiene más peso que el genético. «El ambiente que rodea al perro desde su nacimiento será determinante en la presentación de un problema de agresividad, así como la actitud mostrada por el propietario ante las manifestaciones de agresividad de su perro», dice. «En la mayoría de las ocasiones sería más acertado hablar de propietarios potencialmente peligrosos que de razas potencialmente peligrosas», afirma. En su opinión, el hecho de que una raza sea en apariencia más peligrosa que otras no significa necesariamente que las diferencias halladas sean genéticas. «Puede ocurrir, por el contrario, que buena parte de las personas que adquieren un perro de una raza supuestamente peligrosa lo hagan porque quieren tener un animal agresivo y lo adiestren para serlo». En cualquier caso, «cualquier perro puede ser potencialmente peligroso, independientemente de la raza a la que pertenece». Según la experta en comportamiento animal, asociaciones veterinarias internacionales como la American Veterinary Medical Association o FECAVA (Federation of European Componion Animal Veterinary Associations), aconsejan que la prevención de los accidentes debería basarse, sobre todo, en la educación de los propietarios y también en la detección de ejemplares potencialmente peligrosos con independencia de su raza.
Reeducación o sacrificio
Raquel Alves afirma que es posible modificar la conducta agresiva de los perros. La dificultad está en encontrar las causas implicadas y tratarlas de manera adecuada. El pronóstico depende de si el problema es crónico, si es muy generalizado o si se presenta desde una edad muy temprana, en cuyo caso tendría peor solución. Se usan diferentes técnicas, pero normalmente se expone al perro a estímulos que desencadenan la agresividad, en entornos controlados y de manera progresiva, para reforzar con premios o tonos de voz sus reacciones amistosas. No obstante, añade, «en situaciones de agresividad es fundamental realizar un análisis del riesgo que supone tratar al animal para poder evaluar la posibilidad de sacrificarlo, aunque también se debe considerar si, en otro ambiente y con otros propietarios, puede ser recuperable».
Y un consejo. Ante un posible ataque, es importante no realizar movimientos bruscos, no salir corriendo, no caminar hacia el animal y, sobre todo, no mirarle directamente a los ojos.
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:: ÁLEX DOMÍNGUEZ

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