Marta tiene 22 años. Pronto terminará sus estudios universitarios de Pedagogía. Entre asignatura encuentra tiempo para ser voluntaria porque está convencida de que es muy importante «extender la cultura de dar sin esperar nada a cambio» y no olvida que hay «muchas cosas que sin el voluntariado no serían posibles».
Cada semana invierte una tarde en el centro Laura Vicuña de Torrent, perteneciente a una fundación impulsada por religiosas salesianas. Allí acuden niños y jóvenes procedentes de ambientes desfavorecidos.
«Apoyo escolar, talleres de actividades deportivas y habilidades sociales, juegos en el patio en en sala» son las actividades en las que Marta, junto a otros compañeros, participa para ayudar a los adolescentes. La joven universitaria asegura que de todo ello «sale recompensada. Cuando voy por la calle los chavales me paran y me saludan».
La acción social forma parte de su vida. Lo demuestra no solo con su aportación a la Fundación Laura Vicuña. Marta, además, los sábados acude a su parroquia como monitora Junior, movimiento al que siempre ha estado vinculada.


















