El éxito de 'Indiana Jones y la Aventura de la Arqueología', realizada por Lucasfilm, presentada por National Geographic y producida por X3 Productions de Montreal, no debería haberme sorprendido, porque resulta atractiva para todo tipo de público. Confieso, sin embargo, que me asombró ver mucha gente en el Salón Arquerías (lunes, 30 de enero), ya que la entrada individual no es barata (15 euros, precios especiales para niños y grupos). El secreto de esa alta aceptación, pese al no desdeñable desembolso en medio de una crisis tremenda, no radica sólo en la fuerza popular de Indiana Jones, el arqueólogo y aventurero de ficción creado en 1973 por George Lucas, personaje inspirado en antiguos seriales del cómic y llevado al cine en varias ocasiones por Steven Spielberg (la primera vez en 1981). La buena acogida se debe a que se trata de una amplia (900 metros cuadrados de espacio expositor), ambiciosa y bien cuidada muestra en la que se mezclan el mundo pop del cine, tebeos y videojuegos con valiosas piezas arqueológicas reales valencianas y de antiguas culturas.
Las valencianas son auténticos tesoros de nuestro patrimonio: el torso del guerrero íbero de L'Alcúdia, con restos de policromía; una 'enocoe' o jarra de cerámica para servir el vino del siglo II a. C.; un bajorrelieve y un capitel romanos del Museo Arqueológico de Sagunto; un fragmento de la portada del primitivo templo Catedralicio de Segorbe, del siglo XIII, y un Corán del siglo XVI, de Segorbe, texto en árabe escrito en tintas de varios colores. Recorrí la exposición despacio, aunque hubiera necesitado más tiempo para ver con detalle todos los objetos, y me adentré pausadamente en los pequeños laberintos con luz tenebrosa. De los objetos arqueológicos, aparte de las joyas valencianas, me atrajeron la corona de hojas de oro de la reina Puabi, Mesopotamia (2500 a.C.), un fragmento de papiro egipcio (1279-1213 a.C.) o los antiquísimos Bol y fragmentos iraníes de cerámica policromada del periodo Hissar (3500 a.C.). Los sombreros, látigos, arcas, ídolos, piedras, motos, calaveras, máscaras funerarias y el Santo Grial recreados por el cine me dejaron indiferente, porque la saga de Indiana Jones es lo que menos me gusta de la filmografía de Spielberg. Demasiados acontecimientos extraordinarios en cada minuto del metraje, todo excesivamente ruidoso e histérico y con demasiados estridentes guiños al espectador. Walsh o Hathaway eran mejores, más sobrios e intensos. Pero esas son subjetividades mías. La exposición estará en Valencia hasta el 16 de septiembre.










