La exposición inaugurada por Nadal (Juan Carlos Nadal, Alicante, 1966, reside en Valencia) se titula 'dust devil', sin mayúsculas. La traducción literal es 'demonio de polvo' (o 'demonio de papel'), expresiones tan misteriosas como la propia muestra en la Sala del Ayuntamiento y como el bello texto de Joan Ramón Escrivá publicado en el catálogo. Muchas sugerencias quedan abiertas con dicho título, con las obras pictóricas y escultóricas de Nadal y con las furtivas reflexiones, 'Ráfagas', de Escrivá («Mark Rothko fermentaria els seus encalmats camps de color amb el pecat del seus estats depressius. Desprès de divorciar-se de la seua dona, la pressió d'un miserable terror cerebral el va induir a tallar-se les venes l'any 1970. Love is the devil»).
'Diablo de polvo' es un torbellino comparable a los tornados. Se forman cuando el aire caliente asciende rápidamente a través de un pequeño bolsillo de aire más frío. Y el aire, entonces, puede girar con violencia. La naturaleza convertida en un demonio. Los infiernos en la tierra. Si los artistas caen en ellos pero tienen fuerza para regresar y contarlo, suelen realizar obras poderosas. Nadal dejó el soporte fotográfico y la figuración para sumergirse en las formas abstractas. Cuadros impactantes, la mayoría de gran formato, con sugerentes y enigmáticas bulbas ('Mare Cristum', 2009-2011; 'El día de la tormenta', 2010-2011), realizados en un proceso de lenta digestión que se intuye gozoso, y esculturas en las que el aluminio esmaltado adopta formas en pliegues de endemoniada flexibilidad. 'The aluminium is like the diabolical air'. Un descubrimiento.










