Siempre que voy al IVAM entro en la Sala Julio González para reencontrarme con las obras del gran escultor. Siempre nos quedará Julio González, con su seductora tendencia al capricho formal y su inmarchitable originalidad. Nacido en Barcelona en 1876 y fallecido en París en 1942, el artista ha sido fuente inagotable de inspiración para creadores contemporáneos suyos o posteriores, desde Picasso a Chillida y David Smith.
La influencia no ha cesado. Julio González, eje inspirador del museo de Guillem de Castro, es un escultor de escultores, igual que Ignacio Pinazo es un pintor de pintores. Dos referencias de culto, no de masas (hasta ahora no, y mejor es así: la excesiva popularidad acaba resultando atosigante).
Artesano e inventor genial. En el IVAM podemos admirar, entre otras obras maestras, 'Homme Cactus I', de 1939 (¿cuántos escultores han 'bebido' en este hermoso 'cactus'), la fascinante 'Masque d'adolescent' (1929-1930), la sencilla y fantasiosa -las dos cosas, en alianza sorprendente- de 'Les amoreux II' (1932-1933), que se ha convertido en uno de los iconos mayores de su autor, o la justamente famosa 'Femme au miroir' (1936-1937).









