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Los indigentes fallecidos en Valencia tomaron un disolvente industrial

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Los indigentes fallecidos en Valencia tomaron un disolvente industrial

Los amigos de la víctimas recuerdan la penosa vida de Daividas y Ruslan tras perder sus trabajos en el campo por la crisis

10.02.12 - 01:41 -
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Entre sorbo y sorbo de vino blanco de brik, Romualdo, Slava y Dimitri viven su particular velatorio en el banco de un parque de Valencia. Con un precario español, desgranan la corta vida de sus colegas Daividas y Ruslan, de 35 y 36 años de edad, muertos el miércoles en un edificio abandonado de la avenida del Puerto de Valencia. «Eran buenas personas, pero la crisis no perdona», sentencian resignados.
Según explicaron los tres lituanos, Daividas y Ruslan «bebían todo tipo de alcohol y a toda hora. Hasta 10 cajas de brick al día y por la noche, más», explicaron. Pero la fría velada del lunes fueron demasiado lejos. Como desveló la autopsia, tomaron metanol. La sustancia que ingirieron para emborracharse a bajo precio es un tipo de alcohol muy barato de uso industrial que se emplea como disolvente. Es altamente tóxico e inflamable y normalmente se utiliza como anticongelante en vehículos, combustible de bombonas de camping-gas o disolvente para tintas.
Su uso entre indigentes y toxicómanos como sustitutivo de alcoholes caros no es nuevo. Algunos intentan suavizar sus efectos con agua u otras bebidas. Pero las autoridades sanitarias son tajantes: «La ingestión conduce a una intoxicación grave». Además, «los signos de esta intoxicación pueden ser precedidos por un período asintomático latente». Beberlo puede causar dolor abdominal, jadeo, pérdida del conocimiento y vómitos. Y, naturalmente, la muerte. Como ocurrió el martes en la vieja finca ocupada.
Tanto Daividas como Ruslan, ambos lituanos, llevaban una penosa vida. «¿Objetivos?, ¿esperanzas?». La sola pregunta hace reir a sus colegas. «Habían perdido sus trabajos» esporádicos, describen. Sin papeles ni dinero, se veían abocados a trabajar como gorrillas y susbsistir en casas o solares abandonados. Ruslan contaba al menos con el cariño de una compañera, Daiva, su pareja, la mujer que fue trasladada al Hospital Clínico con intoxicación etílica. Se ignora si ella también tomó metanol.
Mujer e hijo en Lituania
Daividas nació en Panevezys, la quinta ciudad más grande de Lituania. «Allí deja una mujer y un hijo», lamentan sus compatriotas y colegas de callejeo. «Era una buena persona y un buen amigo», recuerdan. Llevaba unos cuatro años en España y cuando las cosas iban mejor «trabajó la naranja en el campo». Ahora se sacaba lo que podía como gorrilla.
Ruslan vino al mundo en Klaipeda, una ciudad portuaria de unos 200.000 habitantes que linda con el Mar Báltico. Allí está su madre. Su trayectoria en España fue como la del otro fallecido. De más a menos hasta la más profunda miseria. Tocó tres sectores: el campo, la construcción y, por último, el peor. La calle. Llevaba cuatro años con su actual pareja Daiva Mikitenko, una lituana de 36 años madre de dos hijos y una hija que rondan los 20 años y no se encuentran en España. Las manos de esta luchadora cogieron mandarinas y naranjas y limpiaron fachadas, pero se le acabó el contrato «y empezó también a beber, cada vez más».
«La vida para ellos era ahora muy difícil», confiesan sus amigos. En su amargo deambular entre aparcamientos, solares y casas en ruinas, Chica, la pequeña perrita rescatada por los bomberos «era una pequeña alegría». La otra, los briks de vino barato, el tabaco de liar o las colillas que Daiva recogía en los mismos bares de la avenida del Puerto donde suplicaba por bocadillos o restos de comida.
¿Frío? «Lo que hace aquí no es frío», opina Dimitri. «En Lituania sí que se muere la gente de frío». Helor en la calle y bolsillos bajo cero. ¿Por qué no volver a casa y rendirse cuando las cosas en España también se hunden? Dimitri responde con un ejemplo. «Un jubilado que ha trabajado toda su vida puede estar cobrando en mi país 150 euros y pagar 100 de gastos de su casa. Al final, tiene que robar pan cuando ha sido siempre bueno».
Los amigos de las víctimas tienen ahora tres preocupaciones: Daiva, la perrita y la manera de retornar a Lituania los cuerpos de sus amigos. A la mujer le llevaron ayer fresas, plátanos y melocotón en almíbar al Hospital Clínico. Un intento por endulzar su pena.
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Romualdo, un amigo de las víctimas, ayer en un parque próximo a la casa donde aparecieron. :: J.A.M.

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