Hace menos de un mes, con motivo de la celebración de la fiesta de San Antón, el bueno del párroco de aquel lugar con la mejor de las intenciones, a la hora de invitar a las gentes de la ciudad, la huerta y el campo para participar en los actos de ese tradicional día, lo hizo pidiendo que todos los animales de Orihuela fueran para ser bendecidos. Tal vez, le faltó especificar que fueran los irracionales portados por sus dueños, o sea por sus propietarios como animales racionales. La anécdota queda ahí, pues la gente debió comprender el mensaje y fueron muchas personas las que acudieron con sus mascotas para ser asperjadas. Pero, existe otro mensaje que hay que recordar en relación con la parroquia de San Antón, y es que no nos olvidemos de la misma durante el año, pues en ella encontramos un punto bueno para ayudar, y así poder atender a muchos que precisan auxilio en estos momentos difíciles en el que el paro y la carestía campan a sus anchas.
Todo ello, nos hace introducirnos en esa ermita del siglo XVIII, en la que su retablo está cuajado de animales: animales en la iglesia, como un ejemplo evidente de la incorporación de seres irracionales en un lugar de culto, y como una clara muestra de la iconografía del santoral. En ese retablo, contabilizamos entre otros; un pájaro, un perro, un gato, y hasta un pavo, y presidiendo el eremita Antón que, a sus pies muestra un cerdo, en clara alusión a dos hechos relacionados con la vida del abad de Colzín: el primero el milagro que hizo de curar de la ceguera a una jabalina y sus jabatos. El segundo, a la crianza de animales de la raza porcina por parte de los hospitalarios, con cuya sabrosa y nutritiva carne alimentaban a los asilados en sus hospicios. Bajo un punto de vista más espiritual, la incorporación del marrano a los pies del humilde San Antón, también encuentra su justificación en el hecho, de que al ser un animal impuro para algunas culturas, la vida recogida y de humildad del santo vence a la impureza manifiesta del pecado, a cuyas muchas tentaciones fue sometido el hospitalario.
Dejando a un lado, la presencia ángeles que según se dice no tienen sexo, de demonios, diablesas, diablillos y seres fantásticos, de los que ya hablaremos, hay algunos animales en el interior las iglesias, con un claro y respetuoso significado, como son: la paloma en referencia al Espíritu Santo, pues así se manifestó, según los evangelistas, tras el bautismo de Jesús en el Jordán; el cordero como Cristo, tal como el evangelista San Juan lo presenta como «he aquí el Cordero de Dios» que es sacrificado para salvar a los hombres; el pelicano en alusión a la Eucaristía, debido a que este ave nutre a las crías con su propia carne. Y, aunque, dentro de los dependientes de la catedral existía un cargo denominado perrero cuya misión, entre otras, era la de no permitir la entrada de los mismos; muchas veces me ha llamado la atención de la presencia de estos irracionales en altares, en retablos, en lunetos y en otros lugares del ámbito del templo, como el can que acompaña a San Roque. De igual forma, me ha interesado la justificación de los mismos, como antes indicábamos, con lo cual al representar o tener una interpretación espiritual a modo de símbolo, podríamos pensar que llega a sacralizarse. Por otro lado, algunos animales aparecen como compañía o relacionados con el santo cuya imagen se venera, siendo otras veces protagonistas en el martirio, en un milagro, o simples figurantes de la escena.
Mirando hacia el lugar y a aquellos que se ven acompañados por irracionales, vamos a ir efectuado un recorrido por algunas de nuestras iglesias y por aquellas advocaciones o motivos en los que aparecen. Uno de los que más se repite es la paloma. De esta manera, es frecuente en los retablos de los Misterios del Rosario, de los que en Orihuela tenemos tres, en los que aparece en la Coronación de la Virgen, en la venida del Espíritu Santo y en la Anunciación, tal como se puede comprobar, tanto en los de Nicolás Borrás (1565-1575) y en el de Caro y Villanueva de la última década del siglo XVII, ambos en la iglesia del Colegio Santo Domingo. En el primero citado, dos tórtolas surgen en la escena de la presentación del Niño Jesús en el templo. También localizamos la paloma en el retablo del Rosario de la catedral, obra de Bartolomé y Antonio Perales (1735-1740). Tanto en el primero citado como en este último, el buey y la mula están presentes en el Nacimiento de Jesús, además de un cordero en brazos de un pastor en el Nicolás Borrás, e incluso, completando el ámbito de la capilla catedralicia un grupo de ángeles cabalgan sobre unas águilas. Continuando con la presencia de la paloma representando al Espíritu Santo, también en la iglesia de Santo Domingo, en el cuadro que representa el bautismo de Santa Bárbara, aparece en lo alto, de igual manera que en el sobre ático del retablo de San José (c.a. 1600) de la iglesia de Santa Ana; en la iglesia de Santiago en el cuadro que representa a la Sagrada Familia, obra de Pedro Núñez (1767); en el coro alto de la iglesia de San Sebastián de la religiosas agustinas, en el cuadro de la Virgen de la Correa obra de Antonio Villanueva (c.a. 1751).
Pero, son muchos más los animales, además de la paloma, con todo su contenido simbólico los que seguimos localizando en nuestras iglesias. De ellos, seguiremos tratando en la próxima.








