«Hablaban en extranjero. En algún idioma de Europa del Este». Un vecino de la calle Islas Canarias se refirió así a los dos hombres que ayer murieron en el vetusto edificio de la avenida del Puerto.
Se ganaban la vida como 'aparcacoches' en las inmediaciones del centro Milenium de Sanitas. Por la mañana, el agua fresca de la fuente de un parque les servía para espabilarse tras noches de alcohol y chutes. «Allí se remojaban los brazos y la cara», explicó el vecino, «y no se separaban de su perro».
Al parecer, ellos y la mujer atendida eran los últimos habitantes de una finca que lleva «casi 20 años abandonada», como relató un farmacéutico que antes tenía su local junto a la entrada del inmueble. La finca se cae a pedazos. Actualmente está en manos de una promotora que ha instalado redes en la fachada para evitar que los cascotes caigan. «En otra época ahí se metían muchos, pero cerraron todas las entradas», recuerda otro vecino.
La necesidad de cobijo empujaba a los dos hombres y a la mujer a colarse en la finca por la tapia trasera. «A veces ayudaban a entrar a otro hombre mayor». Cada día sorteaban cuatro metros de altura con una valla de las usadas en obras. Por dentro tenían otra para descender.
«No vestían mal. Iban aseados para la precariedad que debían sufrir», recuerda otro hombre. Y así cada día. A la calle por la mañana y por la tarde, a su cueva en ruinas. Venciendo miseria y pena con la peor medicina: vino, cerveza y jeringuilla. Ayer, la helada noche cerró sus ojos para siempre. Mientras a pocos metros otros dormían en hotel de lujo.

















