Alberto Contador garantizó ayer que no se retirará del ciclismo, pero no aclaró si acudirá a la justicia ordinaria para recurrir la sanción de dos años impuesta por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). «Voy a seguir practicando ciclismo de una manera limpia, como he hecho toda mi vida, y aunque mi estado de ánimo no es el mejor, esto me va a hacer más fuerte en el futuro», prometió el madrileño.
Sin hacer en ningún momento referencia al solomillo comprado en Irún por el que presuntamente dio positivo por clembuterol durante el Tour de 2010, según argumentó durante su defensa, atribuyó su dopaje, en coincidencia con la resolución del TAS, «posiblemente al consumo de un suplemento alimenticio contaminado». Si Contador hubiese reconocido en un principio que su positivo fue consecuencia de la ingesta de un complemento energético, la sanción que habría recaído sobre él habría sido de un año, y no de dos, aunque dado que ya ha cumplido una suspensión provisional podrá regresar en agosto y disputar la Vuelta a España.
Contador insistió en que nunca se ha dopado y ha solicitado a sus abogados «seguir luchando hasta el final» para limpiar su nombre, aunque reconoció que serán ellos quienes decidirán la conveniencia o no de acudir a los tribunales ordinarios. A día de hoy, aunque tampoco lo descartó, parece improbable un recurso al Tribunal Federal Helvético o al Europeo de Derechos Humanos tras gastarse un millón de euros en su frustrada apelación ante el TAS.
Después de pasar «un año y medio de calvario enorme», Contador aseguró que en el positivo detectado «por una cantidad irrisoria, mínima (50 picogramos), que no afecta al rendimiento», no ha existido negligencia ni culpabilidad por su parte, y no entiende que se le haya castigado con la máxima sanción. El ahora bicampeón del Tour de Francia reconoció sentirse muy dolido, y no sólo por él, sino sobre todo por su familia, presente en el salón del hotel de Pinto en el que ofreció una multitudinaria rueda de prensa en la que lamentó los fallos del sistema deportivo, «que no está ajustado». «La justicia deportiva difiere mucho de la ordinaria, y debería de regularse un poco», apuntó.
Contador reconoció que su estado de ánimo ha quedado muy tocado, y afirmó desconocer cómo podrá recuperarse y prepararse «después de haber sido sometido a tanto estrés». «Tengo un sentimiento de decepción enorme, de desilusión. Hace ya un año y medio en el que no hay una sola mañana en que no me pregunte cómo me puedo encontrar en esta situación. No se lo deseo a nadie. Ha sido un auténtico calvario, pero más duro ha sido ver a toda mi familia, a mi mujer, a mi gente cercana, porque se me estaba acusando de una cosa que va en contra de los valores que yo promulgo, de justicia, disciplina y honestidad», subrayó, mientras su esposa, sentada en la última fila, lloraba emocionada.
Recordó también que para intentar demostrar su inocencia se sometió a la prueba del polígrafo, «contestando cinco horas a preguntas como un auténtico delincuente», y lamentó la tardanza del TAS en emitir sentencia. Aludió finalmente a los aficionados al ciclismo: «Yo no busco números en mi palmarés. Todas esas victorias no son mías, sino de la gente que ha disfrutado con ellas. Ellos pueden decidir quién ha ganado cada una de las carreras», sentenció.










