La Federación Provincial de Valencia de Cofradías de Pescadores denunció ayer los planes del Ministerio de Medio Ambiente de sacar toneladas de arena frente a las costas de El Perelló para regenerar las playas españolas. Los marinos piensan que este proyecto es un delito ecológico contra la fauna de la zona, una merma en su actividad que les llevará a la «ruina» y una falta de respeto que «no se haya contado con nosotros antes de dar el visto bueno al proyecto», decía ayer el secretario de la federación, José Ortega.
Medio Ambiente quiere regenerar las playas españolas carenciosas de arena. El proyecto contempla que una zona rica en arena a 11 kilómetros de las costas de El Perelló sea la 'cantera' de donde se saque el producto necesario. La iniciativa ha despertado la alerta entre los pescadores valencianos ya que esos 26 kilómetros cuadrados en los que se va a extraer la tierra son un lugar donde actualmente van a faenar «30 barcos de arrastre y hasta 40 de artes menores», según alertaba el presidente de la Cofradía de Valencia, José Ramón Domingo.
Lo primero que les ha dolido a los pescadores valencianos es que se les trate como 'al último mono'. «Han hablado hasta con el último ecologista, pero el Ministerio no nos ha llamado a nosotros para consultarnos sobre este aspecto», decía Ortega, que llevó la voz cantante en la rueda de prensa, aunque estaba flanqueado por los representantes de todos los pescadores de la provincia de Valencia.
Hablar con los que se pasan la vida en el agua suena a coherencia. Vicente Pérez preside la federación y es como un libro abierto de las consecuencias que tiene el impacto humano en el mar. Dice que frente a las costas de Oliva ya se sacó una buena cantidad de arena y «no se ha regenerado. Se ha quedado el agujero y ahora se ha llenado de toda la basura que las corrientes del mar arrastran», decía.
Los trabajos de extracción de arena van a durar, según los marinos, cuatro años. Saben que durante ese tiempo no van a poder ir a pescar a la zona rica en peces como el salmonete, la merluza, el capellán o el pez volador. Pero el problema que se encuentran es que no saben lo que pasará después, si se podrá volver a esa zona en la que ahora faenan hasta 70 barcos.
Los marineros tildaban ayer de «decepcionante y humillante» hacia los pescadores la falta de diálogo con el Ministerio de Medio Ambiente que hará las extracciones. Y, además, viendo los problemas que esta acción les va a reportar, lo único que les queda es preguntar a la administración «cuáles van a ser las compensaciones que nos van a dar por esta acción», decía Ortega.
Pero no sólo se encuentran agobiados por la extracción de arena sino que hay más cosas que les atenazan a una comunidad que ve como cada vez hay menos barcos y menos opciones de seguir haciendo su profesión. Los sondeos petrolíferos son también para ellos un grave problema ecológico ya que entienden que en los trabajos de búsqueda de crudo se emiten unos ultrasonidos «que asustan y amedrentan a las especies y que en algunos casos pueden acabar con las membranas natatorias de los peces», argumenta Ortega.
También lamentan las últimas acciones publicitarias del Fondo de Regulación y Organización de los Productos de la Pesca y Cultivos Marinos (FROM), en las que se da a entender que el pescado de piscifactoría y el salvaje son iguales y pide más objetividad. «No estamos en contra de este tipo de pescado, pero no se puede decir que los ejemplares son iguales», dice Ortega. El secretario explica que los salvajes tienen menos grasa y menos estrés: «Los ponen en jaulas y los peces padecen como si a nosotros nos metieran a vivir en un ascensor. Les dan antibióticos por estar en un medio antinatural y también antioxidantes y comen piensos con productos químicos».


















