Pudo haber sido una catástrofe de gravísimas consecuencias económicas para el maltrecho sector agrario valenciano. Eso faltaba. Hubiera sido el remate. Y el caso es que, por los malos augurios que se lanzaron en días previos cabía temer lo peor. Venía una fortísima ola de frío. Siberiano, para más señas. Porque si te oyes que el frío que viene es siberiano, o polar, cabe que atemorice más. Temperaturas bajísimas, anunciaban todas las previsiones meteorológicas, que ahora tanto se prodigan por todas partes, y se repiten, con diversas variaciones, a través de internet. Llegarían mínimas de cuatro, cinco y hasta nueve y diez grados bajo cero en muchas zonas mediterráneas con cultivos susceptibles de sufrir daños por el frío en estos momentos. Todas las áreas citrícolas valencianas se verían seriamente amenazadas, porque los gurús de estas previsiones negativas las abarcaban a todas en sus previsiones.
Afortunadamente, lo que podía haber derivado en una situación muy dramática, con daños catastróficos y generalizados, se ha quedado en un grado de afección para las cosechas agrícolas que podríamos situar en el nivel de lo que antaño era habitual de cada invierno, incluso que ocurriera varias veces en una misma temporada.
Pérdidas limitadas
Ha habido daños, pero muy limitados por ahora, salvo que se repita la situación de frío intenso. Las pérdidas se centran especialmente en los cultivos hortícolas, y en cítricos, pues también hay daños, pero con una incidencia muy variable y, en general, con un saldo de pérdidas realmente bajo.
En realidad es lo primero que se teme en estos casos. ¿Le ha hecho mal a la naranja? Una cuestión que se reitera estos días y que obedece a una realidad: la citrícola es la principal producción agraria de la Comunitat Valenciana, la que tiene que ver, directa o indirectamente, con mayor número de familias que dependen de que la naranja vaya más bien que mal. Además, en el imaginario colectivo de la sociedad valenciana, pese a que hoy es mucho más urbana que rural, todavía queda un relicto de aquel pasado en el que todo iba mal si la naranja se hundía. Y uno de los imponderables para hundirla era una gran helada, como ocurrió, por ejemplo, en 1956, 1962, 1971... Así que sigue teniendo sentido la pregunta: ¿Este frío le ha hecho mal a la naranja?
Lo que vienen a decir, en resumen, los especialistas comerciales del sector es que ha habido un daño relativo, limitado, controlable y gestionable. El daño habitual de una helada menor.
Para empezar, estamos en febrero, la producción que queda pendiente es mucho menor y está más madura, con lo que, además, es capaz de resistir mejor. Las variedades que quedan, las de segunda mitad de la campaña, se localizan predominantemente en zonas que de normal son menos propicias a sufrir heladas serias. La propia sucesión de experiencias anteriores ha ido delimitando una selección. Luego tenemos que las temperaturas más bajas, de entre 3 y 5 grados bajo cero, se han localizado esta vez de manera preferente en La Ribera y La Costera, donde abundan precisamente plantaciones de mandarinas y naranjas de la primera parte de la campaña, que ya estaban recolectadas.
Helada 'negra'
También ha habido valores mínimos de esa índole en otras zonas, y afectando a algunas plantaciones de variedades más tardías. Ahí es donde entran los conceptos de 'limitado, relativo y gestionable'. Se trata de daños muy localizados, de manera que cabe hacer una buena labor de selección, destinando al mercado sólo lo que esté apto y dejando lo demás para la industria transformadora, si es el caso, o directamente en el campo. A fin de cuentas, está el seguro, que da tranquilidad en última instancia.
Y en hortalizas, pérdidas más generalizadas, porque estamos hablando de cultivos bajos, más expuestos, pero por lo general se trata de daños que no se refieren a afecciones de todo un año, sino que dentro de un mes o dos están en marcha de nuevo las producciones.
En resumen, menos de lo que se podía temer a tenor de los malos augurios que se iban repitiendo desde casi dos semanas atrás. En ello ha contribuido que ha hecho viento. La sensación de frío se ha visto incrementada, pero no las temperaturas. Ha predominado la helada de advección, la 'helada negra', no la escarcha, la helada por inversión térmica.
Y entonces, ¿por qué tanto temor anticipado? ¿Y cómo no iba a ser así, si decían que hasta en Valencia capital podría llegarse a cinco grados bajo cero? Fatal de verdad. Todo parecía pintar muy mal. Y lo peor de todo, que se barruntaba desde varios días antes. Porque ahora estas heladas se anuncian con tiempo, y quienes las pueden sufrir padecen más aún y por anticipado, sin posibilidad de hacer algo para remediarlo y sin más opción que comentarlo con el vecino, que también la ve venir y procura esconder su sufrimiento con resignación. Así que, al final, todos comentan con todos lo que dicen otros y se genera un clima de alarmismo.





