A la orilla de la calle de Ruaya, en el año 2008, se produjo un hallazgo arqueológico que fue considerado excepcional. Durante las catas previas de lo que iba a ser un aparcamiento subterráneo para uso de los vecinos, el equipo de arqueólogos localizó un interesante conjunto de restos de época ibera, junto con otros más tardíos, romanos, árabes y medievales.
La gran dimensión del campo de trabajo permitió unos resultados de alto interés arqueológico que confirmaron la presencia de un importante yacimiento en esta zona de la ciudad, al norte del Turia, datado en el siglo III antes de Cristo, es decir antes incluso de la fecha conocida de fundación de la ciudad de Valencia, en 138 antes de Cristo. Esa posibilidad alentó al principio la hipótesis de que se tratara de una población estable anterior a la de Valencia propiamente dicha; sin embargo, con el paso del tiempo, los técnicos comprobaron que no había construcciones iberas estables, por lo que no se podía hablar de un asentamiento fijo, aunque hubiera restos de interés.
En el yacimiento se trabajó durante unos meses, se procedió a la extracción de interesantes piezas de cerámica y metales, en más de 500 cajas, y más tarde quedó paralizada la excavación. La empresa que proyectaba explotar el estacionamiento, Lubasa, agotó el medio millón de euros destinados a la tarea pero después paralizó las labores, que no entraron en una segunda fase. Por desgracia, no se logró que alcanzara un acuerdo con el Ayuntamiento y la consellería de Cultura para su continuación y en estos momentos no hay seguridad sobre si, llegado el caso, alguna de las zonas del asentamiento quedaría en su lugar y podría ser visitable.
En 2011, lamentablemente, el solar está abandonado y cubierto de maleza que ha crecido en la zona de las ruinas descubiertas. La crisis, que afecta tanto al Ayuntamiento como a la consellería y a la empresa promotora, no parece que vaya a permitir que se reanuden los trabajos.



















