
Salvador con la máquina recolectora de chufas con mando a distancia. / Irene Marsilla
Las chufas se desarrollan bajo tierra, en una franja de suelo de no más de un palmo de honda. Una vez muertas las matas, quemada la paja y retirados sus restos, hay que sacar los pequeños tubérculos de su entierro provisional. Antiguamente se hacía a mano, como casi todo; cargando con legona y capazo grandes cedazos para cribar la tierra. Luego llegaron las primeras máquinas, todavía manuales, que precisaban varios hombres alrededor para seguir cargándolas a capazo, accionar los bombos de rejillas metálicas y arrastralas a lo largo y ancho de cada campo.
Salvador Roig recuerda que los primeros intentos de mecanización integral surgieron a finales de los años sesenta. Los aventureros iniciales fueron Antonio Viña y José Lladró, ambos de Almàssera. El primero intentó acoplar a la chufa huertana una cosechadora de cereal convenientemente reformada. El segundo ideó, en colaboración con los hermanos herreros del taller Roig, de Tavernes Blanques, un ingenio que trataba de aprovechar la idea del tornillo sin fin para subir la tierra preñada de chufas hasta el bombo de cribar. No cuajó ninguno de los dos proyectos, pero sirvieron de acicate para que otros se animaran a seguir inventando.
Entonces apareció en escena un hombre de Alfara del Patriarca que dio en el clavo, porque optó por una síntesis de lo anterior y aportó la solución de cargar mediante el sistema de noria. Un sistema que todavía sigue vigente, más de cuarenta años después, aunque con múltiples innovaciones que se han ido desarrollando y sumando a lo largo de este tiempo, además de la disponibilidad de tractores de mayor potencia y maniobrabilidad.
Salvador Roig Albiach, 'Voro el de Maca', también de Almàssera, era por entonces un veinteañero escaso que ayudaba a su padre en el campo y sentía la inquietud de mejorar las formas de producir. Nunca estudió mecánica, pero sabe más que muchos mecánicos por los conocimientos prácticos que ha tenido que aprender y desplegar sobre la marcha, al igual que ocurre habitualmente con la práctica agrícola. En 1973 decidió construir su primera máquina recolectora de chufas, y la hizo. Para ello siguió los patrones de las dos o tres que ya funcionaban con regularidad en la huerta y les aplicó varias novedades que intuyó necesarias. Como no tenía herramientas suficientes en casa, ni siquiera sabía soldar, buscó ayuda técnica en un taller del pueblo, el del 'Tort de Marí'.
Aquella máquina iba a arrastrada por un motocultor Pasquali de cuatro ruedas y 18 caballos y disponía de un motor auxiliar para hacer rodar el bombo de cribar. A los dos años hizo otra con muchas modificaciones y vendió la anterior. Así lo ha hecho a lo largo de los años con ocho de sus ingenios. Ahora tiene dos máquinas en funcionamiento, una que abarca tres caballones de ancho y otra, la más reciente, su décima, que coge cuatro, la única tan ancha que hay en el sector. Y encima va con mando a distancia.
Lo más meritorio es que toda la tecnología es propia, I+D+i puramente huertano y eficaz. Y sin planos. Como dice Salvador, «acoplando piezas de abajo arriba», aprendiendo hidráulica moderna y apoyándose ahora en la inestimable ayuda del taller de herrajes del 'tío Paco El Petit' de Meliana, quien, curiosamente, trabaja el hierro para otras cosas y nunca ha hecho máquinas; en esto sólo ayuda a Voro.

















