Chris Huhne fue uno de los fundadores de la agencia de calificación de deuda Fitch y Vicky Price, la primera mujer que llegó a ser jefe economista de un ministerio británico. Él nació en una familia rica. Ella en Grecia, habla con mucha rapidez y acento extranjero, y mantiene el apellido de su primer marido, con quien tuvo dos hijos. Esta pareja dorada tuvo otros tres.
Otro matrimonio exótico, el de Nick Clegg y la ciudadana española Miriam González, es ahora asediado por la prensa porque el marido, que fue al mismo colegio privado que Huhne, el de Westminster, es el líder del Partido Liberal-Demócrata y viceprimer ministro. Pero solo quinientos votos dieron a Clegg la victoria sobre Huhne en las elecciones para la jefatura del partido.
Días después de la formación del Gobierno de coalición, en mayo de 2010, un periódico fotografió al nuevo ministro con su asistente para las relaciones con la prensa, Carina Trimingham, avalando la teoría de que eran amantes. Chris habría anunciado a Vicky ese día el fin de su matrimonio de 23 años, en el descanso de un partido televisado de la Copa del Mundo de fútbol, con la frase: «Tengo treinta minutos para matar la historia».
Anunció su separación y lo que ha ocurrido después confirma los últimos versos de William Congreve en un poema del siglo XVIII, que se ha convertido en refrán: 'El cielo no conoce rabia como la del amor devenido en odio / ni el infierno furia como la de la mujer despreciada'. La furia de Vicky Price desembocó ayer en la posibilidad de que ella y su exmarido vayan a la cárcel.
La mujer abandonada denunció en The Sunday Times que Huhne le había pedido siete años antes que mintiese a la policía identificándose como la conductora de su coche, fotografiado incumpliendo las normas de velocidad en la autopista entre el aeropuerto de Stansted y su casa en Londres. El hasta ayer ministro era entonces diputado europeo y regresaba de Estrasburgo.
Había recibido ese mismo año una multa y una suspensión temporal para conducir vehículos por ir al volante del suyo mientras hablaba por el teléfono móvil en una calle de Londres. Quería evitar que le quitasen más puntos en el carnet de conducir y una prohibición más larga. Huhne afirma que es inocente.
La policía ha obtenido cien correos electrónicos entre Price y el Sunday Times, un 'affidavit' (una declaración jurada) que firmó para avalar lo que decía, una cinta grabada de una conversación de la pareja y mensajes telefónicos de texto entre Huhne y su hijo. Con esas pruebas la Fiscalía del Estado acusó ayer a ambos de un delito de prevaricación, que puede tener en un caso así una pena de cárcel de dos o tres meses.
Sus colegas de Gobierno y partido dicen que estaba cumpliendo una gran labor y que la coalición pierde la voz liberal-demócrata más crítica con planes conservadores. Y que volverá al Ejecutivo si prueba ahora que su exmujer miente.










