
Encargados del decorado de 'Atraco' transforman la antigua zapatería Riera en una joyería madrileña de los años 50. / Juanjo Monzó
Hace unos meses cerró la zapatería Riera, un comercio con solera, tradicional en el centro de Valencia. El papel de estraza tapaba la gigantescas vidrieras de sus escaparates hasta ayer, cuando una veintena de trabajadores inició la conversión de la zapatería valenciana en una joyería madrileña de los años cincuenta. Por unos días, la esquina de Roger de Lauria con Pérez Pujol deja de anunciar a Riera y publicita a Ferran, joyería ficticia en la que se rodará 'Atraco' a partir de mañana y hasta el próximo jueves.
Los encargados del decorado pintaban ayer la céntrica fachada del comercio mientras habilitaban su interior como si se tratase de una joyería de la Gran Vía madrileña de los años 50.
«Hemos escogido Valencia porque los edificios tienen más semejanza al Madrid de aquella época. Valencia, sin duda, es el escenario idílico», explicaban ayer fuentes de producción.
La película hispano-argentina está producida por Tornasol, Casta Fiore Films S.L. y por Pedro Costa y durante cuatro días la calle Lauria en el tramo entre la calle Lauria y Pascual y Genís estará tomada por cámaras, técnicos de sonido, de imagen y 60 extras que participarán y darán vida a los ciudadanos que presenciaron el robo.
Los localizadores encontraron la zapatería Riera, ubicada en la calle Lauria número 3, como el establecimiento perfecto para ambientar la trama. Desde ayer en la plaza del Ayuntamiento se podían leer carteles donde se anunciaba el inminente rodaje de la película y se prohibía aparcar.
No será esta zapatería el único lugar de la Comunitat Valenciana por donde pasará el equipo de rodaje, que en próximas fechas se desplazará a la Ciudad de la Luz de Alicante. La película está dirigida por el catalán Eduard Cortés y entre el elenco de actores figura Amaia Salamanca.
Los numerosos peatones que ayer se detuvieron frente a la que será una joyería madrileña preguntaban a los operarios de las empresas de pintura decorativa, que colocaban sillones y maceteros de pega con el habitual trasiego de personas con radiotransmisores y mirada agitada. Tienen motivos para tanto estrés, pues cada uno va a lo suyo, y mientras se cargaba, descargaba y preparaba el material para la película un empleado de la ORA extendía al equipo de rodaje una multa al considerar que los vehículos aparcados excedían el espacio concedido por el Ayuntamiento.






