Los sajeños volvieron ayer a mostrar su veneración a San Blas. Lo vienen haciendo desde el año 1627, cuando los habitantes del municipio decidieron otorgar sus votos a esta santo y nombrarlo patrón de la villa, en sustitución de San Sebastián, como agradecimiento a haberles liberado de una epidemia de 'garrotillo'. Éste es el origen de las fiestas de Moros y Cristianos, que en sus inicios, tan solo era un acto religioso que se acompañaba de danzas y disparos de arcabucería.
Por la mañana se llevó a cabo el acto del Predicador, donde festeros de ambos bandos desfilan entremezclados como gesto de paz y armonía al celebrarse la onomástica del patrón. Tras la homilía oficiada por varios sacerdotes en la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, varias mujeres ataviadas con el traje típico de Sax repartieron entre los feligreses los tradicionales y sabrosos panecillos de San Blas. Ya por la tarde, una vez repuestas las fuerzas en cuartelillos y sedes festeras, se desarrolló el único desfile encabezado por el bando árabe que culmina con la embajada mora y la toma del castillo por parte de los seguidores del Islam.
Un atuendo de cada comparsa, Cristianos, Garibaldinos, Alagoneses, Caballeros de Cardona, Árabes Emires, Turcos, Marruecos y Moros, se exhibirá a partir de hoy en el Museo del Traje de Madrid. La conservadora del Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico, Irene Seco, asistió ayer al acto de recepción de los trajes que se llevó a cabo antes de la misa.
Hoy los sajeños devuelven la imagen de San Blas a su ermita situada en la parte alta de la población, al abrigo de la imponente peña del castillo. Por la tarde, los caballeros de la cruz abren el desfile como preludio de la reconquista de la plaza sajeña por parte de las huestes cristianas.







