La treintena de hosteleros de la Marina Real Juan Carlos I se reunieron ayer y coincidieron en asegurar que una de las primeras medidas que tendrá que tomar con urgencia el Consorcio Valencia 2007 debe ser un cambio en el órgano gestor. «A principios de verano ya se anunció que se produciría una sustitución en la dirección y es necesario que suceda ya para que la marina pueda funcionar al máximo rendimiento», explicaba ayer Ignacio Aliño, tras la asamblea celebrada ayer por la tarde.
La principal preocupación de todos ellos es trabajar al máximo rendimiento y con una gestión conectada a las necesidades y a la oferta y demanda del momento. «Estamos deseando que se empiece a trabajar de verdad y confiamos en que en la reunión entre la delegada del Gobierno y la alcaldesa Rita Barberá se pueda avanzar con rapidez y se tomen decisiones concretas y efectivas», insistió Aliño.
Será el lunes cuando ambas se reúnan para tomar decisiones y resolver los problemas jurídicos que impiden que la marina en estos momentos no esté explotada al máximo .
Los empresarios han sido muy pacientes, pero aseguran que actualmente se encuentran en el límite y es hora de actuar y sin esperar ni un minuto más.
La ausencia de empresas aspirantes en el concurso de las bases de la Copa América ha demostrado que los requisitos que se establecían no correspondían con los intereses actuales. Por tanto, una nueva dirección con una visión más comercial y política es la única viable para sacar a flote una marina que hace aguas.
La treintena de empresarios de la dársena aguantan desde hace años una situación que en un principio iba a ser transitoria. «Pedimos ayuda y un trato igual al que se está aportando en la Ciudad de las Ciencias. Sería necesario habilitar un tren turístico que conecte una parte de la marina con la otra y facilite el acceso de todos los visitantes. Es una inversión mínima y ya realizada en otras zonas turísticas de la ciudad», afirmó Aliño.
Durante la reunión entre Rita Barberá y Paula Sánchez de León se expondrán los temas que están encima de la mesa desde el verano pasado. Entre ellos está la decisión de abrir el abanico de posibilidades a los amarres tanto su venta como alquiler. Pendiente también está poner en marcha el varadero y decidir qué bases se mantienen en pié y cuáles deberán derribarse.














