La acusada oculta su rostro durante el juicio. / Irene Marsilla
Entre lágrimas y confusión, una mujer venezolana de 39 años intentó ayer explicar a un tribunal qué le empujó a intentar matar a sus hijos en Torrent en julio de 2009. «Yo sólo quería asustar a mi pareja», argumentó en su defensa. «Tenía problemas con él y se me fue la cabeza. Dejé de ser yo. Abrí el gas y les dije a los niños que íbamos al cielo», confesó con un continuo temblor de vergüenza y nerviosismo durante toda su declaración.
El juicio se celebró en la Sección Quinta de la Audiencia de Valencia. La fiscal pide que cumpla 20 años de cárcel por intentar acabar con la vida de los cuatro niños, una pequeña de 4 años de una relación anterior y tres trillizos de sólo 16 meses. Sus delitos son cuatro tentativas de asesinato en las que la acusación contempla dos atenuantes: trastorno mental y arrepentimiento.
Según se desprende de la declaración de los policías que arrestaron a la mujer, «ella parecía estar fuera de sus cabales y decía que su pareja había instalado cámaras en la casa para espiarla». Fue en este contexto cuando, en plena madrugada, se decidió a hacer una locura. Con los niños durmiendo en una misma habitación abrió las llaves del gas de la casa, activó el calor del aire acondicionado en pleno verano, cerró las ventanas y dio a su hija de 4 años un medicamento para dormir.
La acusada entró en contradicciones durante su declaración. Aseguró que su compañero se marchó a trabajar a las cinco de la mañana y luego afirmó que con su acción «sólo quería asustarle». No supo explicar por qué entonces mantuvo abiertas las llaves del gas durante casi cuatro horas cuando su pareja ya no estaba en casa.
Según relató, fue sobre las nueve de la mañana cuando se decidió a dar la voz de alarma. Al parecer, salió de casa, cerró la puerta y no cogió llaves. Los niños se quedaron encerrados. Ella avisó a su vecino y le dijo: «Vicente estoy poniendo la vida de mis hijos en peligro». Según relató, «me descolgué con una cuerda, entré por una ventana y entonces abrimos las ventanas y cerramos las llaves del gas».
Pese a esta explicación, dos policías nacionales aseguraron que a su llegada «el gas estaba abierto y olía mucho, y además las ventanas estaban cerradas». José Manuel, el hombre con el que vivía entonces la procesada, dijo que en la relación «no había problemas» y que ella «no estaba en tratamiento psicológico». Según su versión, «antes de que me fuera a trabajar había vaciado un extintor dentro de la casa».
Un perito psiquiatra estimó que la mujer no tenía una intención clara de matar a los niños cuando ocurrieron los hechos. Era «parcialmente consciente de sus actuaciones y por eso volvió a la casa». La mayor de los cuatro menores precisó un lavado gástrico por las pastillas para dormir que le suministró la mujer. Los bebés resultaron ilesos.














