Los conductores que utilizan habitualmente la V-21, uno de los accesos a la ciudad de Valencia, se quejan de que las obras han incrementado de forma alarmante la posibilidad de sufrir un accidente de tráfico. «Las líneas se confunden, algunas están ya borradas y no se preocupan en volver a pintarlas», asegura un conductor de Massamagrell. El problema es que las vallas que delimitan la calzada obligan a los conductores a realizar desvíos bruscos, que por la noche son especialmente peligrosos. Y las marcas de frenazos o de rozaduras en las vallas atestiguan el aumento de la inseguridad vial. La autovía está además pendiente de una segunda fase de obras de ampliación entre Alboraya y Valencia, un tercer carril para el que no hay ninguna fecha.

















