La Comunitat Valenciana está en la diana de las críticas de los medios de comunicación de Madrid, que han convertido esta región en un reflejo de los efectos de la crisis y la corrupción. Esta es una de las conclusiones que se extrajeron ayer en un debate celebrado en lasprovincias.es. Pero, ¿es cierta esta imagen? LAS PROVINCIAS publicó el pasado jueves un editorial, que llevó hasta su portada, para reivindicar que los valencianos, y la Comunitat en general, es mucho más que el despilfarro, y que el urbanismo desaforado o los casos de malversación se han extendido en los últimos años por todo el Estado español.
Pablo Salazar, jefe de opinión de LAS PROVINCIAS, moderó ayer este debate dentro de un ciclo que intenta poner el punto de mira en la identidad de los valencianos, y en el que participó el periodista y escritor Francisco Pérez Puche, el profesor de Geografía Josep Vicent Boira, el catedrático de Economía Vicent Soler y el escritor y columnista César Gavela. Desde diferentes puntos de vista, los cuatro estuvieron, no obstante, de acuerdo en que la sociedad valenciana debe recuperar la autoestima y luchar por una regeneración moral después de que, por ejemplo, estuviera bien vista la especulación y no la economía productiva, el trabajo y el esfuerzo, una recuperación en la que los políticos deben jugar un papel esencial.
La primera pregunta que lanzó Pablo Salazar fue sobre, precisamente, esta «lapidación» a la que está siendo sometida la sociedad valenciana, y si realmente se la merece. Vicent Soler lo atribuyó a un «mal gobierno, eso es evidente», pero recordó que los cinco millones de valencianos tienen «infinidad de elementos positivos, que distinguen entre los políticos y la sociedad, lo que es fundamental para que no caigan los niveles de autoestima».
César Gavela, en este sentido, cree que los valencianos tienen «una tendencia a la flagelación, a magnificar los efectos del desastre. La Comunitat es una autonomía privilegiada y nuestra realidad es extraordinaria, y exceptuando quizás Madrid, Cataluña y País Vasco, estamos por encima del resto». Es decir, todos estuvieron de acuerdo en que no se merecía Valencia esta imagen, venida por una crisis que, para Josep Vicent Boira, no es solo coyuntural, también estructural. «La primera, que no es nada buena, y que introduciría además la corrupción y el despilfarro. La otra, la estructural, es consecuencia del fin del modelo productivo valenciano y de la injusta financiación».
Autoestima
Pablo Salazar introdujo en el debate esta palabra, apuntada por Vicent Soler. «¿Nos falta a los valencianos autoestima», preguntó. Para Francisco Pérez Puche, está claro que «nos hemos convertido en un chivo expiatorio, por el caso Camps y la ruina financiera. Nos han puesto como símbolo del despilfarro, pero no hay mucha energía de protesta, y desde los grandes media de Madrid les es más fácil atacarnos a nosotros que a Cataluña». Así que para Puche, lo importante sería buscar a alguien que se convierta en el culpable de toda esta situación con la que «nos hemos encontrado».
Soler cree que el concepto de la autoestima de los valencianos «se ha apoyado en cosas efímeras, y cuando fallan, la autoestima se viene abajo». Por este motivo, para Boira lo importante es crear una nueva narrativa, distinta a la de Joan Fuster en 'Nosaltres els Valencians', en esta ocasión con un consenso de la sociedad. Gavela incide en esta idea, ya que la sociedad actual no se parece a la que dibujó Fuster en aquel ensayo, porque «hay 900.000 inmigrantes de otros puntos de España o del mundo que son inmigrantes. Tenemos que tener en cuenta que esta también es una crisis moral y se puede hacer mucho».
Crisis moral. Gavela habló de que la crisis no es solamente financiera. Así que uno de los objetivos principales, según los contertulios, es luchar por la regeneración moral de la sociedad. Vicent Soler apuntó una causa. «En los últimos años los listos no han sido los emprendedores, sino los especuladores, que alguien pudiera ganar mucho dinero en poco tiempo, lo que ha erosionado los grandes valores del trabajo y el sacrificio». Por este motivo, Soler cree que es necesario un «cambio de actitud». Boira también se anota a la idea de la regeneración moral, que según el profesor de Geografía tenía la sociedad valenciana durante el siglo XX.
Recuperación
Salazar preguntó si la recuperación de la Comunitat está condenada a depender del ladrillo, uno de los pilares en que se ha basado la expansión económica en los últimos años. Vicent Soler fur muy crítico, ya que cree que se ha perdido el tiempo en los años de expansión económica, donde «se deberían haber tocado aspectos fundamentales de la economía, porque ya no éramos productivos», ya no existían los bajos salarios. «Pero el Gobierno y los empresarios no tomaron nota y el problema es qué vamos a hacer cuando salgamos de la crisis».
Boira desmintió que los valencianos «tengamos el gen del despilfarro, sino que las sociedades mercantiles pasa la crisis con más dureza, porque no dependemos de los subsidios, como Andalucía, ni tenemos fueros, como Navarra o el País Vasco». Añade que se debe «mejorar el sistema de financiación, sentar unas bases del sistema productivo pensado en el exterior y no olvidarnos del corredor mediterráneo». Puche, por su lado, apeló al carácter de los valencianos. «La Comunitat Valenciana es bastante hábil para adaptarse a las situaciones de cambio». Recordó que Ford, por ejemplo, se asombraba de cómo un agricultor se adaptaba en dos meses a una cadena de montaje.
Pero el exdirector de LAS PROVINCIAS también fue crítico. «Hay que apelar al optimismo, pero también hacer examen de conciencia, y en toda España, que ha sido superada por la situación financiera».
Grandes eventos
Pablo Salazar puso sobre la mesa otro de los puntos más polémicos, el de los grandes eventos. ¿Se debe continuar con su celebración? Francisco Pérez Puche lo tiene muy claro: «deben ser rentables, y debe auspiciarlos la sociedad civil». Asegura que además, la historia de Valencia está llena de grandes eventos, como fue «la batalla de las flores, organizada por la Cámara de Comercio para que los vecinos de Valencia se quedara durante el mes de julio y compraran en los comercios. Ahora la Cámara de Comercio está desaparecida».
Vicent Soler, como catedrático de economía, apunta precisamente a que en las grandes decisiones económicas «debe haber un análisis coste beneficio, poner unas bases sólidas». Pablo Salazar centró aquí el debate en la Fórmula 1. «¿Es bueno o malo para Valencia?». Según Boira, «somos el único país que tiene dos premios. Hasta en Alemania se turnan y ese modelo es el que se intenta aplicar ahora aquí. ¿Por qué no se hizo antes?». Gavela comentó que «tenemos una manera de pensar antigua que debía haber cambiado con el nuevo siglo. Tomás Trénor, por ejemplo, no hubiera organizado la Exposición Regional en 1909 si no hubiera cambiado la mentalidad del siglo XIX. Por eso hay que dar rienda suelta a nuevas recetas».
El jefe de Opinión de LAS PROVINCIAS quiso acabar el debate de forma positiva. «Yo puedo escribir en mis columnas mensajes de optimismo, pero ahora falta que la administración dé un impulso a la sociedad», apuntó Pérez Puche. Soler añade que, además de la autoestima, hay que ser «muy autocríticos, sobre todo con nuestras élites». Cree que la sociedad valenciana es dinámica y «saldremos de ésta. Tenemos que aprender una lección y crear una narrativa nueva para una autoestima sólida que permita corregir errores del pasado». Boira dijo que con dos hijos, «tengo la obligación de dejarles una sociedad mejor, pero esa sociedad tiene que tomar la batuta de mando y debemos acabar con una forma antigua de ver las cosas». Gavela es optimista porque se ha avanzado en los últimos 40 años y «hay mucho de lo que orgullecernos».








