La Batifora, emblema de un siglo industrial

Una empresa textil, de la familia Dupuy de Lome, fue la primera en aplicar la fuerza del vapor a sus instalaciones

El Polideportivo de Patraix, levantado en lo que fue La Batifora. ::
                             JESÚS SIGNES/
El Polideportivo de Patraix, levantado en lo que fue La Batifora. :: JESÚS SIGNES

En la calle de Pío XI, los vecinos de Patraix tenemos el recuerdo de una industria pionera que apareció en medio de la huerta, a orilla de la acequia de Favara, a mediados del siglo XIX. Es la Batifora, una industria sedera que en tiempos recientes se ha convertido en el polideportivo y la biblioteca pública de Patraix.

Lo ocurrido en nuestro distrito es un caso típico dentro del proceso de expansión urbanística de Valencia. Primero fueron los conventos los que quisieron ubicarse fuera de las murallas, para buscar no solo serenidad para el rezo o la meditación, sino también espacio para poder cultivar huertos. Santa María de Jesús es el más claro ejemplo de este tipo de asentamiento.

Después, las alquerías y barracas rurales se vieron acompañadas de residencias más ricas y elegantes, propias de familias acaudaladas que buscaban la paz del campo y también una cierta distancia de la ciudad, donde eran tan frecuentes las epidemias. La alquería de Pontons, acompañada, como tantas otras, de un 'Hort' que al mismo tiempo era paisaje y aprovechamiento, podría ser otra.

La Batifora es el mejor ejemplo de una tercera ola de asentamientos que recibió la huerta, ahora en el curso de la industrialización del siglo XIX. Porque más allá de los molinos que se ubicaban a las orillas de las acequias, esta instalación responde al deseo de buscar un suelo que esté a la orilla de una acequia caudalosa, como la de Favara, y cerca de las materias primas, la seda, que con tanta intensidad se cultivaban en la huerta del sur y el oeste de la ciudad.

En 1836, cuando la desamortización convertía el monasterio de Santa María de Jesús en hilatura textil, Santiago Lluís Dupuy de Lomé (1818-1881) perteneciente a una familia de estirpe francesa, fundó una fábrica de hilatura como continuación de la tradición familiar. En este caso, el empresario lo que hizo fue introducir en Valencia, por ver primera, una caldera de vapor capaz de producir fuerza con la mover todos sus telares y devanadoras. Fue pionero en la ciudad y mereció por ello la medalla de oro y el nombramiento de socio de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, institución que velada por el desarrollo y el progreso industrial y agrícola.

La fábrica usaba el agua de la acequia de Favara, que una caldera alimentada por leña y carbón se encargaba de caldear. Se fabricaba vapor, útil para mover máquinas. Y al mismo tiempo se podían hervir los capullos del gusano de seda. La industria, que llegó a ser muy importante en su momento, tuvo hasta trescientos empleados, en su mayoría mujeres procedentes de Picanya y Paiporta, más unas cincuenta, especializadas en la cría del gusano de seda, que procedían de Segorbe.

Los Dupuy de Lome y la restauración de la fábrica

La familia Dupuy de Lome, que tiene sus propiedades y casa solariega en Fontars dels Alforins, dio a Valencia y a España personajes notables que prestaron grandes servicios. Enrique Dupuy de Lome fue un importante embajador, al que correspondió prestar servicio en Estados Unidos, después de haber pasado por destinos en Oriente. A él se debe que el pabellón español en la Exposición Universal de Chicago de 1893 estuviera directamente inspirado en la Lonja de la Seda de Valencia. Y el fue el que tuvo la difícil misión de ser embajador en Washington, cuando los americanos se enfrentaron a España durante la Guerra de Cuba. Los días amargos de la explosión del 'Maine' también le correspondieron a su gestión.

A finales del siglo XX, agotada la vida industrial y casi construido todo lo que había sido huerta, de la acequia de Favara quedaba poco más que un recuerdo medio enterrado bajo el asfalto. En el año 1999, el Ayuntamiento adquirió la propiedad y puso en marcha un proyecto respetuoso con sus piezas arquitectónicas principales: las puertas de piedra picada, el miramar que antiguamente oteaba sobre la huerta, las vigas de mobila y las columnas de fundición se aprovecharon y se hicieron compatibles con las pistas de squash, dos piscinas, las salas de gimnasia, aeróbic y el área de mantenimiento.

De la mañana a la noche, desde las ocho hasta las veintidós, el polideportivo es ahora una instalación muy concurrida. Como la biblioteca está llena de estudiantes y lectores. El centro deportivo, como todos los demás de la ciudad, tiene cursos de natación, sesiones especiales para la tercera edad y los bebés y otras muchas actividades deportivas para niños, adultos y mayores.

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