LA BARRACA

La tradición indica que Vicente Blasco Ibáñez se inspiró en una barraca de la huerta de Patraix para su famosa novela. Patraix, la vida de sus huertanos, es la que aportó el escritor vivencias, historias y rasgos de la forma de vida de las gentes. Así lo recuerda un retablo de azulejos que está adosado a la fachada de la iglesia de Santa María de Jesús. En todo caso hay que decir que la barraca es una pieza que caracteriza a toda la huerta de Valencia y singularmente a la huerta que hubo en Patraix en su día.

La barraca valenciana es una de las construcciones más eficaces -y como hoy se dice "sostenibles" - que se pueden concebir. Nacida para la función que desempeñaba, servir de cobijo de agricultores, animales de trabajo y aperos de labranza, la barraca ha sido también el mejor secadero que se ha podido diseñar, por ejemplo para el cultivo del tabaco, y el mejor criadero de gusanos de seda que se pueda concebir. Porque en sus alturas (andana) se han instalado, al igual que en las alquerías, las camas de cañas, los cañizos, donde se extendía una capa de morera para la cría del gusano de seda.

Ventiladas pero calientes, las barracas, gracias a sus ecológicos techos, permitían que esas delicadas tareas de creía dieran al agricultor, añadido al cultivo de la tierra, una razonable remuneración. Solo el cultivo en masa de gusanos de seda explica la tradición de la industria valenciana -textil en general y sedera en particular que se extendió en el siglo XVIII y llegó al XIX tanto en el Barrio de Velluters como en las instalaciones fabriles de la huerta.

Según la página digital de la Asociación de Vecinos «el primer fragmento de huerta que sobrevive en día de hoy está delimitado por las calles Alquería de Benlloch, Campos Crespo y Tres Cruces. Dentro de este espacio, actualmente lo suficiente degradado pero todavía parcialmente dedicado al cultivo, encontramos alquerías como Canl Bollo, Can el Astral o Can Joano. La primera de ellas se encuentra actualmente en un estado semiruinoso, las dos últimas, por el contrario, forman un conjunto pintoresco y se encuentran parcialmente habitadas». «A continuación de este fragmento -informan los vecinos-, el caminante puede encontrar edificios tan importante como la alquería de los frailes (situada en medio del barrio de Santo Isidro) o la alquería de Benlloch, que todavía hoy forma un conjunto de casas a cobijo en Profesor Blanco. De la primera, destaca su antigüedad, puesto que según el historiador local Jordi V. Alvir, sus fundamentos podrían datar del siglo XIV; la segunda, a parte de su tradicional importancia como centro de referencia de nuestra huerta, podemos subrayar que fue cuna del Cardenal Benlloch, a quien nuestra ciudad tiene dedicada una importante avenida».

Fotos

Vídeos