Once mundos estéticos -mundos que se manifiestan en esta ocasión cada uno de ellos con dos obras de pequeño formato- en los que percibimos más diferencias que similitudes. Artistas valencianos (de la misma generación y media: nacidos entre 1941-1956) que exponen con regularidad desde los años sesenta-setenta y han ido depurándose, haciéndose más exigentes con la edad, y a menudo sin importarles apenas nadar a contracorriente, discretamente alejados de los ismos más en boga, lo que les ha permitido 'ir a la suya'. En el texto de 'Encuentros', José Luis Tomás define la colectiva como «un bombardeo visual». Son 'bombas para la paz', rememorando el título de una simpática película española de 1956.
Abstracciones geométricas muy personales de Miguel Ángel Ríos. Paisajes matéricos y temblorosos de Juan Barberá. Rostros exóticos e invención formal de Horacio Silva. Virtuosas plumillas a tinta de un Vicente Colom entre el realismo detallista y la fantasmagoría. Radicalismo críptico de Rafael Calduch, centrado en los matices de la pintura-pintura. Magisterio técnico e imaginación temática en Vicente Peris. Libérrimas ensoñaciones abstractas de Uiso Alemany, tendencia visceral que es también la de Progreso con sus acuarelas. Estilización máxima de Sebastià Miralles. Sorprendente delicadeza evanescente en Vicente Ortí. Ascetismo absoluto de Javier Chapa, en busca de la pureza artística.
No hay posibilidad de aburrimiento en estos 'Encuentros' con once mundos, porque tal y como afirma José Luis Tomás, «está armada a base de obras concretas y auténticas».









