Si en el mundo de las fallas se entregasen los premios Tony, la comisión Fray J. Rodríguez-Pintor Cortina estaría aburrida de ganarlos. A cambio acumulan decenas de los que Junta Central Fallera otorga cada año a las mejores obras de teatro en categoría infantil y mayor. No en vano son una de las comisiones más antiguas con grupo de dramaturgia propio y de las que más galardones se han agenciado desde que empezó la competición oficial.
Estar entre los mejores cuesta caro. Concretamente, meses de ensayo hasta las tantas de la mañana, un casal abierto día y noche y decenas de falleros implicados en la causa. Unos escriben los guiones, otros memorizan textos y los más mañosos montan los decorados de cada función. No hay fiestas ni domingos que valgan, aunque, para ellos, la mayor diversión es estar trabajando en el casal. «Es la actividad que cuidamos con más mimo para no perder la tradición», comenta el presidente, Alfredo Ferrando.
Lo combinan con los playbacks, los bailes regionales y el grupo de tabal i dolçaina, donde también sobresalen. Y tanto es el tiempo que le dedican a cada disciplina que se han visto obligados a hacer un horario de ensayo y ocupación del casal; «es la única forma de poder con todo», afirma el máximo representante.
La mayor parte del presupuesto de cada año recae en el espectáculo, eje central de Fray J. Rodríguez-Pintor Cortina. Desde pequeños los niños absorben esa pasión por las Fallas canalizada en los escenarios. Como recompensa, siempre hay tiempo para las meriendas, los juegos y las fiestas temáticas como la próxima de Nochevieja que tendrá lugar en la velada de mañana.
La vena artística la arrastran desde hace décadas, cuando fueron la primera falla en tener una banda de música propia, «aunque ahora haya desaparecido», explica Ferrando. Y buena parte del presupuesto se destina a la pirotecnia que sobrevive a la férrea normativa. Las mascletaes y el castillo del día 19 estarán asegurados el próximo año.
Comisión económica
Pocas fallas logran alcanzar la friolera cifra de 515 falleros censados. La comisión situada en el número 64 de Gaspar Aguilar es, sin duda, una de las más numerosas de toda la ciudad de Valencia. La proeza tiene truco, ofrecen cuotas asequibles a todos los bolsillos en tiempos de crisis para que pagar las mensualidades no sea un problema. De toda la gestión se encarga el presidente que es economista y esconde la fórmula secreta para que tanto los falleros como la comisión lleguen a fin de mes con facilidad. Su buen mandato le ha asegurado la presidencia durante 18 años.
Los gastos asequibles alcanzan a la fallera mayor, que no tiene que hacer grandes desembolsos. «Por eso nos presentamos muchas cada año», dice Jessica Domínguez, la máxima representante durante el presente ejercicio. Ella fue elegida por sorteo y el azar estuvo de su parte. La joven se quedó en el paro hace unos meses y pensó que esta responsabilidad le llenaría de alegría. Sus padres van a ser su principal apoyo.
Amparo Escudero, fallera mayor infantil, se presentó dos veces al reinado. En la anterior ocasión no pudo ser escogida, por eso se emocionó muchísimo cuando le dieron la noticia. Tiene 11 años y combinará las clases en el colegio con los actos de la comisión. Junto a ella estará Raúl Vanaclocha, el presidente infantil que la apoyará en todo momento.
Fundada en 1945 con ejercicios de parón, Fray J. Rodríguez-Pintor Cortina va creciendo paso a paso. En 2007 pudieron comprar un casal que será suyo «en cuanto finiquiten todos los pagos», comentan. Lo que no ha variado es la imagen del estandarte, una llama rojiza sobre la que se lee «Buny Xoc Foc», siglas de «Buñuelos Chocolate Fuego». A lo largo de sus más de 60 años de historia, han vivido momentos de todo tipo. Ellos prefieren rememorar los más divertidos. Entre risas se acuerdan de unas Fallas en las que les dijeron que el monumento infantil tenía premio. Al llegar a la plaza del Ayuntamiento se dieron cuenta de que se habían equivocado y pasaron de largo con las manos vacías. «Era otra época, no había Internet y todo funcionaba por el boca a boca», dice su presidente. Aunque se murieron de vergüenza en su día, ahora prefieren tomarlo a broma.
Así, entre ensayos, fiestas, ilusiones y mucha motivación se prepara la falla del barrio de Jesús para un año que promete ser inolvidable de nuevo.













