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Zonas de peligro, derrumbes y robos amenazan al castillo de Sagunto

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Zonas de peligro, derrumbes y robos amenazan al castillo de Sagunto

El monumento bimilenario se asfixia entre actos vandálicos, vigilancia bajo mínimos y cincuenta puntos negros en materia de seguridad

13.11.11 - 00:14 -
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Visitar el castillo de Sagunto es un paseo para exploradores intrépidos sin miedo a las alturas y arqueólogos expertos. La tarea de entregarse a la cultura y la historia de este monumento bimilenario es misión imposible para el común de los mortales.
Piedras acumuladas sin clasificar o explicar, ni un sólo panel informativo, lienzos de muralla cogidos 'por los pelos', chumberas por doquier y escaleras y accesos de tránsito libre para vivir el riesgo muy de cerca.
La acrópolis saguntina esconde entre sus muros «más de cincuenta puntos negros en materia de seguridad. No hay barandillas de ningún tipo, ni zonas acotadas por riesgo de desprendimiento o caída. Ni siquiera avisos de peligro. Cualquiera puede acceder a cualquier parte, incluso los niños se suben a zonas realmente muy peligrosas», explica el investigador saguntino Francisco Herraiz, que ha realizado durante los últimos años varios estudios sobre la seguridad del recinto.
Los más de 80.000 turistas que visitan al año la acrópolis pueden subir por las murallas a discreción, arrancar piedras históricas o dañarlas e, incluso, asomarse al vacío desde miradores o ventanas que dan a la nada. Muchos de estos visitantes son menores que acuden en grupos escolares.
«Suben escalinatas sin barandillas o pasan por encima de dinteles partidos deteriorados porque no hay ningún acceso restringido o cartel que prohiba el paso». Y es que una vez cruzado el acceso principal, donde se encuentra la garita del vigilante, el control se esfuma. El amplio perímetro del castillo, unos cuatro kilómetros, deja multitud de zonas arqueológicas 'a mano' de insensatos, ladrones o vándalos.
Metros de cableado de la iluminación, focos protegidos por rejillas y anclados en el suelo y hasta material de los equipos de expertos que trabajan en la acrópolis desaparecen fruto de hurtos y actos vandálicos «constantes».
Sólo las pasarelas de aluminio colocadas en el acceso al recién concluido centro de visitantes, que por cierto lleva cerrado más de diez meses a la espera de que haya conexión eléctrica, se han sustraído hasta en tres ocasiones.
Junto a dicho acceso hay una docena de tumbas recreadas del antiguo cementerio judío, una joya prácticamente única en España, que pasa absolutamente desapercibida. No hay avisos, ni carteles. El recinto está al alcance de cualquiera porque algunas vallas del cerramiento llevan meses tiradas en el suelo. Los cipreses que se plantaron están secos porque no se han regado y no hay ni un sólo panel que aclare al estoico visitante qué demonios está viendo ahí.
«Si ya se acometen pocas inversiones y las que se realizan caen en saco roto, en el olvido o en la desidia y no se mantienen o promocionan de alguna manera, no sé cómo se va a potenciar todo esto», apunta Herraiz.
Aunque la Policía Local realiza con cierta asiduidad batidas de vigilancia por algunas zonas, especialmente cuando los robos proliferan, el amplio perímetro del recinto y los puntos de difícil acceso de la ladera dejan al Monumento Nacional prácticamente desprotegido, especialmente durante las noches.
A principios de este año «pillaron in fraganti a varios individuos que estaban excavando en el suelo para arrancar cables de la luz» y hace unos meses la Policía Nacional desarticuló una banda de cuatro hombres acusados de robar hasta seis veces cable de cobre en el castillo de Sagunto.
A punto de caer
Otro problema acuciante es el estado de muchos tramos de muralla. Las filtraciones de agua y la proliferación de vegetación invasiva, que afecta seriamente a la sujeción de los lienzos, junto a la falta de labores de mantenimiento y consolidación, extienden la degradación y el riesgo de derrumbe a muchos sectores amurallados.
«Hay trozos que ya se han desplomado y otros están a punto de caer. La tercera cisterna más grande del castillo está agrietada de parte a parte y si no se repara podría venirse abajo en cualquier momento. Tiene unos seis metros de profundidad y si alguien pasa por encima en ese momento podría ser fatal», apunta el investigador Manuel Civera, autor de varios libros sobre el patrimonio arqueológico de la ciudad.
El problema es que este tesoro histórico es «importantísimo e inmenso y las necesidades son muchas. Habría que realizar obras constantemente».
Pocas y ajustadas son las actuaciones que el propietario del monumento, el Ministerio de Cultura, ha realizado en el recinto fortificado en los últimos años.
Actualmente se están acometiendo tres rehabilitaciones puntuales en sectores degradados. Dicha obra, de 536.123 euros de inversión, arrancó en 2010 tras años de gestiones y tenía que haberse concluido en el mismo ejercicio pero hasta para eso ha habido mala suerte.
La adjudicataria entró en concurso de acreedores y la obra ha estado parada más de medio año. Hace poco más de un mes se retomaron los trabajos y la labor continua en la actualidad. La previsión es acabar, por fin, en febrero de 2012. Con actuaciones tan limitadas y espaciadas en el tiempo es imposible «mantener a flote un monumento de estas dimensiones».
Esa ha sido, durante años, la reivindicación histórica de expertos e investigadores como la catedrática del departamento de Arqueología de la Universitat de València, Carmen Aranegui, que efectuó campañas de excavación en el monumento en los años 1987, 1988, 1994 o 1995.
El ritmo de 'parcheos' es «insuficiente para que surta algún efecto». La experta considera que lo único que podría impulsar a Sagunto sería su entrada «en un circuito periódico de promoción turística y cultural, de llegada de visitantes lo que redundaría, a su vez, en inversiones. No hay una visión del pasado patrimonial como recurso pese a que en otras zonas, como Cartagena, está siendo rentable incluso en estos tiempos».
En definitiva, las intervenciones que se proyectan en el castillo «están bien, son correctas, pero van a un ritmo lentísimo», sentencia la investigadora.
No es el único frente abierto. El castillo que corona Sagunto lucha cada día contra otro ejército formado por millones y millones de soldados: la vegetación invasiva alóctona. En su mayoría de trata de chumberas o paleras y ya han tomado plazas, sepultado restos y afectado a la sujeción de los ya maltrechos muros.
En varias ocasiones, grupos de voluntarios o colectivos de la ciudad han acudido, rastrillo en mano, para retirar ejemplares pero el avance de este frente vegetal, a día de hoy y sin tareas periódicas de limpieza, es imparable.
Perdidos han quedado, por el momento, proyectos que expertos y colectivos pensaron en su día para impulsar los encantos del castillo como, por ejemplo, la construcción de un parador, una iniciativa que recibió entusiastas apoyos como el del presidente del Consell Valencià de Cultura (CVC), Santiago Grisolía. Mientras tanto, el anciano castillo de Sagunto aguarda a que lleguen tiempos mejores. No es la primera batalla que libra.
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