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Protegidas, pero sin ayudas

Valencia

Protegidas, pero sin ayudas

02.10.11 - 00:15 -
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Las decenas de alquerías que el Ayuntamiento de Valencia ha protegido en la ciudad pueden estar tranquilas porque ya están a salvo de la feroz construcción, pero, ¿de qué sirve protegerlas si no las dotan de ayudas para que sus dueños puedan rehabilitarlas? Eso se preguntan muchos de los vecinos que están orgullosos de contar con construcciones del siglo XV o XVII en sus barrios, pero que no entienden por qué la protección legal no se acompaña de un plan de rehabilitación. «Si en el centro histórico se hacen campañas para arreglar fachadas o cubiertas, por qué no pueden hacer campañas similares para estas alquerías», se pregunta Luz Divina Torrico, presidenta de la asociación Ciudad Fallera.
Y es que durante la revisión del Plan General de Ordenación Urbana, el Ayuntamiento de Valencia ha incluido en el Catálogo de bienes y espacios protegidos de naturaleza rural 150 alquerías, barracas, molinos, acequias o silos. En el caso de la alquería del Moro, se ha mantenido como Bien de Interés Cultural (BIC) y otras, como la alquería de la Ponsa, se reconocen como Bien de Relevancia Local.
Alquería del Moro
La primera tiene la máxima protección. «Vinieron hace tiempo a hacer unas catas. Nos pusieron un cartel hablando de la inversión que se iba a hacer, pero la realidad es que las ventanas están tapiadas y de vez en cuando vemos entrar okupas», añade Torrico. Además, no ha quedado exenta de robos, pues se llevaron un parteluz gótico.
Expertos en la materia, como el arquitecto y catedrático Miguel del Rey detalla que la alquería del Moro (Benicalap y Ciudad Fallera) y la del Rey (Campanar) son dos reliquias. «Son casas basilicales. Las más antiguas del territorio valenciano». En el caso de la del Moro, «es el último ejemplo que queda de lugar poblado del siglo XV. Fue embrión de la formación de un pueblo».
Falcó
También se ha protegido como Bien de Relevancia Local la alquería de Falcó, en Torrefiel, muy cerca a la ronda norte, pero uno de los propietarios, Antonio Castelló, lleva muchos años intentando buscar ayudas para rehabilitarla e incluso habló de que se la expropiaran para que el Ayuntamiento la restaurara. Castelló nació y se crió en esta alquería. Tenían animales, secaban tabaco y almacenaban cacao valenciano. Asegura que hace años intentó restaurarla, pero no le dieron permisos. Y añade que no le gustaría morirse sin verla arreglada.
La Ponsa
También está luchando por no perder la historia de su familia y de su alquería José María López. Este vecino ha tenido que armarse de paciencia para superar los trámites burocráticos y ver, después de 15 años de lucha, que la alquería de la Ponsa ya no está fuera de ordenación. Ahora es Bien de Relevancia Local. El problema es que la construcción -está a espaldas de la Cárcel Modelo- necesita una pronta rehabilitación y no tiene financiación a la vista. «Hace años tuvimos que tirar okupas, la casa estuvo invadida de palomas e intenté rehabilitarla hace años, pero me decían que como estaba fuera de ordenación que todo el dinero que invirtiera luego no lo recuperaría».
Ahora ya está protegida, pero «se necesitan 75.000 ó 100.000 euros para rehabilitarla y no encuentro la manera. Hemos pensado hasta alquilarla unos años a algún empresario para que abra un negocio de hostelería, a cambio de que se haga cargo de la reforma, pero no me ha cuajado nada. Tuve unos primeros contactos en esta dirección, pero no cuajó», añade José María López.
Este vecino dice no entender por qué no conceden ayudas públicas para arreglar al menos la cubierta y la fachada de este tipo de edificaciones. Serviría para garantizar su estabilidad». José María recuerda que su madre, que falleció hace un año y medio, ya le dijo que no la llegaría a ver arreglada.
Rochet del Brosquil
Quien sí ha encontrado una buena fórmula es Francisco Belenguer, que posee la alquería 'Rochet del Brosquil', en la pedanía de Castellar. «Es de finales del XVII, al igual que la alquería señorial de Brosquil que tenemos aquí al lado», explica Francisco. Dice que el bisabuelo de su mujer era el dueño de la alquería Rochet de Brosquil, «y la hemos heredado con mucho orgullo».
Asegura que no tenía en mente arrendarla. «Cuando había algún desperfecto, pues arreglábamos vigas o tejas. Pero un día un amigo, los dueños del restaurante La Genuina de Pinedo, que es una barraca, me buscó y me dijo si se la alquilaba para abrir un restaurante en el porche. Al final me convenció y hace tres años se rehabilitó toda la parte que han convertido en restaurante. Nos ha venido muy bien para mantenerla en buen estado».
Francisco indica que en la cambra se criaban gusanos de seda. «Cultivaban tabaco porque se expedían unos permisos para hacer cierta variedad y se ponían a secar». También indica que la parte que actualmente ocupa la cocina del restaurante fueron «las antiguas escuelas de Castellar. Había colegio de niñas y de niños. Pero de eso ya hace mucho, porque el abuelo de mi mujer ya no llegó a ir a esas escuelas, pero sí sus hermanos mayores», comenta Francisco.
Alquería dels Frares
Una alquería donde todavía viven es la dels Frares, en el barrio de San Isidro. Según explica José Boix «data de 1540». Hace algunos años estuvo apunto de quedarse pegada a las paredes del colegio Nicolau de Primitiu y de perderse por la prolongación de una calle, pero finalmente se remodelaron las actuaciones urbanísticas y se respetó. En el nuevo catálogo municipal se cataloga como Bien de Relevancia Local.
En la actualidad guardan en la planta baja aperos de labranza, mulas mecánicas y los coches, pero conservan el sabor de los adobes y los arcos. «Nos hicimos arriba una casa y vivimos felices en la alquería. Hace años llegamos a criar 30 toros y luego vendíamos la carne. Todavía están los pesebres y los anclajes. Ahora almacenamos las cañas que usamos para aguantar las ramas de los naranjos», explica Matilde Pons, esposa de José Boix. Esta alquería es un referente en San Isidro. «Más allá del río está la alquería Rocatí, pero se pegó fuego».
Desde la asociación de vecinos de San Isidro, su presidente, el artista fallero José Luis Ceballos, explica que antes «estaba fuera de ordenación, pero llevamos moviéndonos desde 2002 para que la protejan y ahora se ha conseguido».
Alquería del Rey
En Campanar, el presidente vecinal, Eduard Pérez, indica que es una pena que se dejen perder todas las alquerías bonitas que tienen. «La alquería del Rey es una de las tres más antiguas de Valencia. Cuando la expropiaron todavía vivía gente y, tanta prisa que tuvieron, y la empresa que tenía que rehabilitarla no lo ha hecho. Está toda tapiada». Desde la empresa que tiene que rehabilitarla, dicen que hicieron el estudio patrimonial y vallaron la zona para protegerla. Aseguran que sí tienen intención de recuperarla, pero que la complicada situación económica impide hacerlo ahora.
Eduard comenta que, en cambio, cuentan con buenos ejemplos de alquerías rehabilitadas como la de Puchades, «que restauró la iniciativa privada, la de Ricós, cerca del cementerio de Campanar, que recuperó el Ayuntamiento con una escuela taller y que se utiliza como centro de educación especial; o la de Benlloch, que es centro juvenil.
Olba y Barrintos
En otro barrio, Marxalenes, la asociación de vecinos no entiende «cómo se protegen las alquerías de la calle Olba, pero no se restauran. Se tiró una en la que hubo un incendio, pero el resto están allí dejándose perder. Los vecinos de alrededor se quejan porque están rodeadas por un solar que es un barrizal», explica Francisco Albert.
Donde sí están satisfechos con la actuación es en la alquería de Barrintos. «Hicieron una biblioteca, una zona de exposiciones y una zona visitable para ver los orígenes de la alquería. Aquello es una joya», indica Francisco Albert. El autor de esta restauración es Miguel del Rey, que apunta que es la única alquería urbana que le han encargado rehabilitar.
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