Ya entrados en octubre es hora de disparar a discreción promesas electorales. El líder del PP y, según las encuestas, el que más fácil lo tiene para ser presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció ayer una deducción de 3.000 euros para todos aquellos autónomos que contraten a su primer trabajador.
La ayuda fue una de las propuestas que expuso el dirigente gallego en el foro por los emprendedores que ayer clausuró en el Palau de Les Arts de Valencia. Junto a esta, sin duda la más tangible, anunció la reducción de diez puntos en el impuesto de sociedades para las empresas que en lugar de repartir sus beneficios los reinviertan y la exención de impuestos por la venta de maquinaria vieja cuando un emprendedor se ha gastado los euros en nuevas tecnologías.
Con la 'cuenta la vieja' en mente, los 3.000 euros de ayuda dan para mucho. Lo dijo el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, primero y lo copió el jefe Rajoy, después. En España hay más de tres millones de pequeñas y medianas empresas. Si cada una de ellas contratara a un trabajador nuevo España bajaría su desempleo al nivel de Alemania. Y todavía más: el contratado dejaría de cobrar la prestación por desempleo (30.000 millones de euros cuesta al año) y cotizaría.
Como dijo el presidente de la Federación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor, «la música suena bien, otra cosa es cuando haya que ponerle letra». El foro celebrado en Valencia estos días se ha guiado bajo la batuta del verbo emprender. El problema es que aquí no hay crédito para echar hacia delante y, según dijo Rajoy recordando las palabras de Cristóbal Montoro del viernes, para que salga el dinero hace falta una reestructuración de bancos y cajas, «en lo que llevamos ya tres años», y advirtió de que «si no se recupera el crédito es muy difícil levantar este país».
La misma idea que trasladó el presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, José Vicente Morata, a la salida del foro: «Aquí el problema es que no hay crédito y se necesita una reestructuración inmediata para que haya. Lo que he oído han sido medidas concretas para devolver la confianza a las pymes». Por lo menos, Rajoy se fue de Valencia con la sensación de que los medianos y pequeños empresarios se marcharon a comer el sábado tarareando sus propuestas económicas.
El líder del PP defendió que tiene un plan «y no 41, que son los que ha presentado el Gobierno durante estos tres años». Un plan con tres ejes: el primero impepinable, reducir el déficit «porque no se puede gastar lo que tenemos y no hay alternativa»; el segundo, resolver el problema del crédito (un hueso) y el tercero, acometer reformas estructurales.
Objetivo: el empleo
Rajoy siguió con su música celestial. No paró de insistir en que su prioridad es el empleo (a fin de cuentas, el lema del foro) y advirtió a los que todavía no se han dado por enterados que eso de que las listas del paro adelgacen no es solo cuestión del Gobierno, «sino de todos los españoles». Empresarios incluidos, claro.
El compromiso del líder del PP es facilitar las condiciones al máximo. Que el césped esté en las mejores condiciones para poder jugar: «No seremos un obstáculo para los emprendedores de este país». Rajoy parece que lo quiere poner fácil y por eso la retahíla de propuestas a favor de los autónomos y la pequeña y mediana empresa. El PP, además, le dará cobertura legal a todo aquello que hoy son promesas a través de una norma que llevará al Congreso.
En su partitura habló de compensar a las deudas tributarias de los empresarios que no cobren de la administración lo que se les adeuda y apostó por reducir el impuesto de sociedades del 25 al 20% a aquellas empresas que no facturen más de 5 millones de euros. Rajoy defendió la agilidad para crear nuevas firmas (en menos de 24 horas incluso) con el lema «menos leyes, menos decretos y menos reglamentos» y pidió la formación de espacios propios y prioritarios para que las empresas negocien entre ellas y cierren acuerdos.
Recordó aquello de que no se pague el IVA hasta que no se cobre y apostó por un mercado único (y no 17 autonómicos) para facilitar la implantación de las empresas en otras regiones. Incluso puso en valor nuevas fórmulas empresariales. Como aquella que alumbró Tuenti (red social juvenil) en el que el autor «de una buena idea» se unió con otra persona «que financió esa buena idea» o la otra que se sirvió de aportaciones inversoras iniciales para que pudiera surgir algo tan indispensable hoy en día como el buscador Google. Rajoy apostó por nuevas fórmulas de financiación y por recuperar las tradicionales.
Durante su discurso, que fue interrumpido en varias ocasiones por un auditorio más político que económico, dejó un apartado para la morosidad. No cobrar es lo que ha llevado a muchas empresas a bajar la persiana. Rajoy no dio rodeos y fue fácil que sus palabras rechinaran en el oído de alguien: «Es lamentable e inaceptable que la administración no pague. Es una obligación con los proveedores. Si no tienes dinero no asumas lo que no puedes cubrir».
Una abecé que casi nadie ha aplicado. Ahora, con la crisis dando garrotazos sin piedad, se han podido escuchar propuestas lógicas y, quizá, utópicas. El conseller de Hacienda, José Manuel Vela, señaló hace días que su aspiración era cuadrar un presupuestos sin déficit: gastar lo que ingresas. Lo que pasa es que Vela, de momento, ya tiene bastante con sacar adelante el de 2012 a final de este mes.
Rajoy señaló que del 4,4% que ha marcado de déficit la UE para España no se puede salir. Incumplir esa barrera traería para España «consecuencias muy negativas». Por no decir desastrosas.
Rajoy no eludió el discurso con tono más político. Con aires tremendistas, que no están muy alejados de lo que es la vida real. Para que nadie piense que en mes y medio el PP va a llegar (si es así) con la varita mágica: «Podemos salir de la crisis, pero no va a ser fácil. No hay ni fórmulas ni atajos y el que lo diga que lo va a resolver en media hora (Rubalcaba flotó en el aire) miente. Sólo se saldrá con tesón y trabajo».
Antes de terminar, Rajoy resumió su intervención: «Para que haya empleo se necesita inversión y para que esta exista se requiere crédito y confianza». ¿Y quién hace confiar a los inversores que tienen que poner el dinero? Según el líder popular, «un gobierno serio y competente. Con políticos que saben de lo que hablan y la complicidad empresarial». Para acabar, se mostró optimista «porque volverán las historias de éxito». Lo que no dijo es cuándo.








