El pasado 10 de abril empezó el fin de la agonía de Unió Valenciana, un partido nacido en 1982 que parece no va a llegar a cumplir los 30 años de vida. En aquella fecha su presidente, José Manuel Miralles, se entregaba en El Puig en brazos del entonces presidente del PP valenciano, Francisco Camps en una decisión que fuentes de lo que queda del partido califican de «unipersonal».
UV, que ya no se iba a presentar a las elecciones locales y autonómicas, pedía el voto para el PP. Ahora, de cara a las elecciones generales, seguirá sin concurrir a las urnas. Pero además de haberse convertido desde hace años en una formación extraparlamentaria fagocitada por el PP, los restos de militancia de UV que no han abandonado el barco para fichar por los populares -Miralles fue nombrado en junio director general de Coordinación del Desarrollo Estatutario, cargo en el que tomó posesión en día 27 de ese mes- o por Units per Valencia o por cualquier otra formación política, quieren oficiar el entierro de Unió Valenciana.
Militantes históricos de UV amagaron con denunciar a José Manuel Miralles si no abandonaba el partido allá por el mes de junio, después de que lo fichara el conseller de Gobernación, Serafín Castellano -representa el ala más valencianista del PP-, pero a fecha de hoy Miralles no ha recibido denuncia alguna y sigue estando teóricamente al frente de la formación que hace casi tres décadas fundara Vicente González Lizondo.
Pero aunque siga de presidente Miralles, el funcionamiento orgánico del partido es de encefalograma plano, a pesar de que mantiene su sede en un inmueble de la sede de la plaza del Ayuntamiento, en Valencia.
La dirección de UV lleva sin reunirse desde el pasado mes de febrero. Entonces Miralles aseguraba que el partido se presentaba hasta a las elecciones autonómicas.
Quien todavía es el secretario general de UV, aunque tampoco esté ejerciendo como tal, Luis Melero, pretende sacar fuerzas de flaqueza para obligar a Miralles a que suelte las siglas. Melero, a quien se le nota defraudado con el que todavía es su presidente, quiere obligar a Miralles a que convoque una asamblea, aunque sea judicialmente, «para echarlo».
Melero reconoció que UV «es un partido muerto» desde hace meses, pero él y otros históricos de la formación valencianista no quieren que José Manuel Miralles sea el enterrador.
Los pocos militantes con años de militancia que quedan pretenden ser los que pongan «a buen recaudo unas siglas que, guste o no, son más históricas que las del Partido Popular», señalan otros valencianistas.
Lo único que les preocupa es que José Manuel Miralles no se apropie las siglas de UV «porque él sí las enterraría para siempre».
El futuro para algunos pasa por otras formaciones valencianistas, como Units per Valencia, que tampoco tuvo demasiado éxito en las municipales, y menos todavía en las autonómicas.
Otros, sin embargo, se encuentran totalmente defraudados por la situación, como es el caso de un histórico de UV, el que fuera alcalde de Alcàsser con este partido, Julio Chanzá.
«Lo que nunca haré será irme a un partido centralista», sentenció Luis Melero.









