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Grecia y el euro afrontan horas decisivas

CRISIS DE DEUDA

Grecia y el euro afrontan horas decisivas

Para evitar la quiebra y el desastre es necesario que se apruebe el ajuste y un segundo rescate

26.06.11 - 00:16 -
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La crisis griega ha entrado en una etapa clave. Después de una semana de infarto en la que los mercados han estado sometidos a fuertes tensiones -la prima de riesgo española alcanzó este viernes máximos desde 1996-, la que arranca este lunes se presenta aún más intensa. Todas las partes involucradas deben adoptar decisiones cruciales para evitar la quiebra de Grecia y la consecuente hecatombe en la 'zona euro'.
El calendario está lleno de fechas marcadas en rojo. En primer lugar y de forma previsible el martes, con la votación en el Parlamento griego del nuevo y severo ajuste impuesto por la 'troika' -la UE, el FMI y el BCE- como condición 'sine qua non' para desembolsar la ayuda inmediata que necesita el país, a fin de no suspender pagos en julio. El Gobierno socialista de Giorgos Papandreu no lo tiene fácil con la oposición en contra y el rechazo de la calle, incluida una huelga general de 48 horas convocada para martes y miércoles. Si supera el trance, será el turno de los socios del euro, que tendrán que ponerse de acuerdo sobre el segundo rescate de la economía helena en poco más de un año. Para ello habrá que resolver el espinoso asunto de la implicación de los inversores privados, sobre todo la banca.
Son numerosos los obstáculos y lo peor es que, aunque todos se salven, ni siquiera así está garantizado el carpetazo a la crisis. Por mucho que Grecia apruebe el ajuste y que la UE y el FMI saquen adelante el segundo paquete de ayudas, los mercados podrían seguir presionando con el argumento de que la deuda griega, superior al 150% del Producto Interior Bruto (PIB), sigue siendo insostenible y que solo una reestructuración de la misma, con una quita que la reduzca, permitiría hacerla manejable. Ya es sabido que las tragedias no tienen final feliz. Pero no hay que adelantar acontecimientos. Por partes.
Giorgos Papandreu no ha tenido ni tiempo para saborear el éxito del pasado martes, cuando logró el voto de confianza del Parlamento tras remodelar su Gobierno y nombrar responsable de Finanzas a Evangelos Venizelos. Esta semana debe superar una prueba mucho más difícil, que es aprobar el nuevo ajuste negociado estos días con la UE y el FMI. El plan contempla recortes del gasto y subidas de impuestos por importe de 28.300 millones de euros hasta 2015, así como un ambicioso programa de privatizaciones con el que se deberían recaudar 50.000 millones. Si se aprueba, los griegos tendrán que pagar más por el gasóleo de calefacción, además de un nuevo impuesto sobre la renta, de entre el 1% y el 5% a partir de unos ingresos de 12.000 euros.
También se establece un gravamen para los autónomos y se prescindirá de 150.000 empleados públicos. Es una vuelta de tuerca dura después de que en mayo de 2010, con el primer rescate, se bajara un 15% el sueldo de los funcionarios y un 10% las pensiones, y se elevara el IVA al 23%, entre otras medidas.
Papandreu sacó adelante la moción de confianza con el único apoyo de los 155 diputados de su partido, el socialista Pasok, sobre un total de 300. Pero hay serias dudas de que el bloque se vaya a mantener unido en la votación del nuevo plan de ajuste. Según la agencia Bloomberg, ya hay dos miembros de la formación que han afirmado que votarán en contra, lo que reduce el margen de éxito.
Mientras, la oposición conservadora mantiene su rechazo. El líder de Nueva Democracia, Antoni Samaras, ni siquiera ha cedido ante las presiones de la mismísima Ángela Merkel, la canciller alemana, durante la reciente cumbre del Partido Popular Europeo, que le instó a «hacer honor a su responsabilidad histórica». Él sigue empeñado en que «no puede apoyar una medicina para alguien que está muriendo justo por culpa de ese tratamiento», y aboga por una rebaja de impuestos. Ante su enrocamiento, la UE matizó el viernes que no es imprescindible su respaldo para que Grecia reciba ayuda y que basta con lograr una mayoría simple en el Parlamento. Aunque al principio había exigido un amplio consenso político.
¿Agravarán estos recortes la recesión?
No sólo desconfía del plan de ajuste el líder de la oposición griega. Son muchos los economistas que consideran que con más recortes solo se logrará desangrar más al paciente pero sin curarle, como cuando en la época medieval se trataban las enfermedades con sanguijuelas. Las dudas están justificadas después del fracaso del primer rescate, cuando se impusieron unas duras condiciones que sólo agravaron la recesión. La economía griega se contrajo un 4,5% en 2010 y este año lo hará un 3,5%. El paro se ha disparado por encima del 16%, y por todo ello no se están cumpliendo los objetivos de reducción del déficit, que el pasado ejercicio superó el 10%. Es lo que se llama la 'trampa de la deuda': los esfuerzos para contener el gasto deprimen la economía y entonces resulta más complicado pagar la deuda.
Así, Grecia tardará mucho en poder acudir a los mercados y valerse por sí misma, sin financiación europea. Para frenar esta espiral perversa, la Comisión Europea ha propuesto acelerar el pago de 1.000 millones de euros de los fondos estructurales que corresponden al país. Pese al escepticismo en torno a la efectividad del plan, David Cano, de Analistas Financieros Internacionales (AFI), ve «lógico» que los acreedores, con Alemania a la cabeza, exijan todo lo necesario para garantizarse que les van a devolver su dinero. De todas formas, no queda margen para el debate. Sin ajuste no hay ayudas, y Grecia se vería abocada a la quiebra.
El desembolso de los 12.000 millones pendientes para evitar una inminente quiebra
Si el Parlamento griego aprueba el nuevo plan de austeridad, el Eurogrupo se reunirá el 3 de julio para liberar el quinto tramo del primer plan de rescate, el de mayo de 2010, cifrado en 12.000 millones. Esta cantidad permitirá a Grecia 'tirar' hasta septiembre y evitar una inminente suspensión de pagos. Unos días más tarde, el 8 de julio, será el FMI el que apruebe su contribución a este paquete. En este punto hay más problemas porque el Fondo Monetario Internacional, liderado de manera provisional por el estadounidense John Lipsky tras la dimisión de Dominique Strauss-Kahn, exige que primero los socios del euro lleguen a un acuerdo sobre el segundo rescate, para lo que antes hay que aclarar la carga que asumirán los inversores privados.
El primer rescate a Grecia, aprobado en mayo de 2010 y valorado en 110.000 millones de euros, no ha servido. Se contemplaba en él que la economía helena estaría preparada para acudir a los mercados en 2012, y ya ha quedado patente que esta premisa no se va a cumplir. Así que no ha habido más remedio que ponerse a negociar un segundo rescate que, según apuntó el viernes Papandreu, alcanzará un importe similar al primero. Es decir, otros 110.000 millones. Ahora bien, ante la presión alemana esta vez se va a pedir colaboración a los bancos para que también asuman parte de los abonos.
El Gobierno alemán de Ángela Merkel, con graves conflictos internos debido al creciente rechazo de los ciudadanos a tener que pagar los 'platos rotos' de los 'manirrotos' países del sur, es el que más ha peleado por implicar a la banca en este segundo rescate. El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, planteó a principios de junio que los tenedores de deuda griega prorrogasen los bonos siete años. Pero el miedo del BCE a que esta implicación de los inversores privados tenga un impacto sobre la banca similar a la caída de Lehman Brothers obligó a Merkel a suavizar sus planteamientos. Al final aceptó que simplemente se pida a las entidades financieras que de forma 'voluntaria' renueven sus bonos griegos, según vayan venciendo.
Los gobiernos europeos ya han mantenido contactos con sus bancos para pedirles una colaboración que podría rondar los 30.000 millones. De forma paradójica, el sector alemán es el segundo más afectado después del francés, con una exposición a Grecia de 24.000 millones de euros. Aunque las negociaciones no han trascendido, sí se sabe que los bancos han puesto objeciones. Su principal preocupación radica en cómo se van a contabilizar estos bonos, calificados como 'basura', porque podrían deteriorar aún más sus ratios de capital y justo a mediados de julio deben afrontar los temibles test de estrés. No está el horno para bollos. Las especulaciones sobre la solvencia de los bancos italianos fue uno de los detonantes de la caída de la Bolsa el viernes. Ahí no acaban los problemas. También hay que negociar con las agencias de calificación, que amenazan con considerar esta salida pactada como un 'default' o suspensión de pagos si detectan que se está coaccionando a la banca. Un movimiento así causaría estragos en las cuentas de las entidades financieras.
La mayoría de los analistas consultados cree que todo va a salir bien. Como señala Morgan Stanley en un informe, el resultado más probable es que «Grecia apruebe el ajuste, que la UE y el FMI den luz verde al segundo rescate con una ligera implicación de la banca y que no haya 'default'». Pero eso no quiere decir que acaben todos los problemas. También es unánime la percepción de que con este sistema sólo se va a ganar algo de tiempo, pero que tarde o temprano habrá que afrontar la reestructuración de la deuda griega con una notable reducción o quita.
«Lo más probable es que no funcione y, además, al aplazar la obligada reestructuración se corre el riesgo de que los inversores privados huyan y toda la deuda quede en manos públicas», advierte el 'think tank' Bruegel en un informe. No obstante, también entiende que se quiera ganar tiempo para dejar que la banca se recupere de la crisis y que otros países en la picota, como España, se desacoplen. Es lo mismo que piensa Joaquín Maudos, profesor y analista del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas: «plantear la reestructuración ahora tendría efectos demoledores sobre la banca griega, y también sobre la francesa y alemana». Llegados a este punto, no queda otra que cruzar los dedos porque ya lo ha dejado claro el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso: «no existe un 'plan B'».
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