'Xibarita'. El nombre lo dice todo. Sólo hay que cambiar la equis inicial por una ese para que esta peculiar tienda que va a abrir sus puertas en el centro de Shanghai tenga sentido en castellano. Hay que buscarle un poco más las cosquillas para dar con su significado en chino, que juega con la palabra 'Xibanya' (España). Y es necesario prestar mucha atención a los productos que se exponen en las vitrinas para no llevarse a confusión. Porque, aunque todo en su interior hace pensar que el local es una joyería, lo cierto es que los focos no apuntan hacia metales preciosos. Alumbran algunos de los mejores productos de la tierra española. Este mes abrirá sus puertas en una de las zonas más chic de la megalópolis la primera tienda española de 'delicatessen' en China.
«La idea es que se convierta en una franquicia», comenta Elena García, responsable de comunicación y marketing de Juerui Industry, una empresa china que hunde sus raíces en España y pretende convertirse en un puente para el sector agroalimentario de nuestro país. «Sólo importamos productos españoles, pero de diferentes zonas y para públicos muy variados», apunta.
La crisis económica ha forzado a muchas empresas españolas a lanzar un proceso de internacionalización que siempre tiene un ojo puesto en China. Sin embargo, el 'Gran Dragón' es muy difícil de domar, y, aunque suelen quedar eclipsados por las historias de éxito, no faltan los ejemplos de compañías que tienen que darse media vuelta. El reclamo del El Dorado chino es muy fuerte, pero más lo son las dificultades para encontrarlo. Sin duda, el sector de la alimentación es uno de los más complejos, ya que la estricta normativa y el desconocimiento del mercado local complican la entrada de algunos productos que tienen grandes esperanzas puestas en China.
El jamón es un buen ejemplo de ello: aunque se consiguió que se permitiera su importación, sólo puede entrar deshuesado y apenas unas pocas empresas cuentan con las licencias pertinentes. Cinco Jotas es una de ellas, y ya coloca sus productos en restaurantes de alto copete y tiendas 'gourmet'. Jaime Pastor, director en Asia de esta empresa española, reconoce que las perspectivas son buenas, pero hace falta una mayor implicación del Gobierno para ganar presencia en el gigante asiático. «Los impedimentos son muchos, y sólo se pueden echar abajo las barreras existentes con acuerdos políticos al más alto nivel. Ya hemos conseguido que entre en China el jamón, pero sólo deshuesado. Que se pueda exportar la pata entera parece, de momento, misión imposible. Así que no hay que preocuparse de que en España el público se pueda quedar sin género».
En segundo plano
Basta con un vistazo al área de productos importados de cualquier hipermercado chino para darse cuenta de que la enseña rojigualda está relegada a un segundo plano, muy lejos de los colores de Francia e Italia, dos países que, con productos a veces de menor calidad, han conseguido crear una sólida imagen de país que vende muy bien. «España tiene buena relación calidad-precio, pero cada uno va por su cuenta; las autonomías quieren crear imágenes paralelas, y así no hay forma de crear fuerza común. Por eso, siempre cuesta más entrar en el mercado chino», analiza García. Esta situación se hizo evidente en la pasada Exposición Universal de Shanghai, un escaparate en el que el mundo quiso mostrar lo mejor de cada territorio al consumidor chino. Cada autonomía tuvo su espacio en el pabellón de España, y todas lo aprovecharon para competir por diferenciar su marca del resto.
A pesar de todo, las estadísticas muestran un avance en las exportaciones del sector agroalimentario español a China. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), el aumento en 2010 fue de un espectacular 72%, hasta superar los 178 millones de euros, 74 millones más que el ejercicio anterior y casi un centenar más que en 2008. Sin embargo, la cuota de mercado sobre las importaciones globales del gigante asiático sigue siendo mínima: un 0,39%, apenas ocho centésimas más que en 2009.
«El año pasado vivimos dos hitos que hay que aprovechar ya: la victoria en el Mundial de fútbol y el éxito del pabellón de España en la Expo. Eso nos ha puesto en el mapa, pero tenemos que venir con la mejor calidad, conscientes de que tendremos que competir con peores productos que llevan ventaja porque llegaron antes. Y, aunque quizá no nos guste, los clichés pueden ayudarnos a poner un pie dentro. Buen ejemplo es que Torres ha recuperado el toro para uno de sus vinos estrella», apunta la directiva de Juerui.
Pero, curiosamente, ni el vino ni el aceite de oliva, los dos productos más conocidos de España, son los que concentran el grueso de las exportaciones. La principal partida es la relativa a la carne, con un valor de 41 millones de euros y un dominio aplastante de la materia prima procedente del cerdo. La mitad de estas exportaciones, no obstante, son despojos comestibles (21 millones de euros) que, sumados a la carne de este animal (19 millones), convierten a España en el cuarto exportador de porcino al gigante asiático. Y no es por el jamón, ni mucho menos. No obstante, nuestro país pierde cuota de mercado en estos apartados para ganarlo en el sector de la bebida, que el año pasado duplicó el valor de sus exportaciones a China, y también el del aceite, que creció un 125%.
¿Calidad o cantidad?
Pero no todos los caldos y aceites españoles que llegan a Oriente tienen un hueco en el sector del 'gourmet' al que apunta Xibarita. No en vano, aunque el vino es ya el segundo producto que más exporta a China el sector agroalimentario español, la mayoría es a granel: 37,7 millones de litros, con un precio medio de 0,41 euros, frente a los 9,5 millones de litros que viajan en botella y cuestan una media de 2,11 euros. Así, el vino español a granel está presente a través de marcas locales, con una cuota de mercado del 18%, pero ese porcentaje se desploma al 4% cuando llega con las etiquetas de bodegas españolas. Frente a los 'chateaus' franceses y las marcas del nuevo mundo, con Australia a la cabeza, España parece competir en una segunda liga, a la par de Chile, por ejemplo.
No obstante, hay empresas que han conseguido hacerse un importante hueco en China con productos de calidad. La firma Torres es, sin duda, un ejemplo para muchos. Alberto Fernández, director de la bodega catalana en el país asiático, la primera española que desembarcó en China, prevé que en 2012 se igualen las ventas de vino en China a las de Japón, donde actualmente se consumen más de 15 millones de cajas al año.
Pero, para eso, es necesario que el vino siga los pasos que ha marcado el café, otro producto que hace dos décadas era desconocido en China y que actualmente se consume con fruición. «Lo importante para tener éxito es crear una cultura del vino. Es ahí donde radica la dificultad, porque hay muchos chinos con una capacidad adquisitiva enorme pero que todavía no saben que el vino es mucho más que beber; es una bebida comparable al té y que comparte con éste la amplia gama de matices que pueden terminar por enganchar al consumidor.
Justamente por ese camino es donde la enseña Torres pretende jugar «un papel muy activo» con las vinotecas, explica Fernández, que tiene la mirada puesta en un horizonte mucho más amplio. «Seguiremos expandiéndonos por el continente asiático, incluso más allá de China, porque es el territorio más interesante», apuntan.





