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Alicante, zona de peligrosidad sísmica

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Alicante, zona de peligrosidad sísmica

13.05.11 - 00:12 -
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La sacudida de la tierra en Lorca ha puesto en primera línea el riesgo sísmico existente históricamente en la provincia. La Universidad de Alicante (UA) ha elaborado un mapa que detalla la peligrosidad en el territorio alicantino y en la Comunitat Valenciana.
Alicante y, en especial, la comarca de la Vega Baja, es la zona más amenazada de toda la autonomía, según detalla el citado trabajo de investigación realizado recientemente en el campus de San Vicente para el plan especial ante el riesgo sísmico. Dicho mapa se pone de manifiesto que esa peligrosidad aumenta en este territorio de norte a sur, aunque de forma no regular.
La investigación, denominada 'Estudio de Peligrosidad Sísmica de la Comunitat Valenciana', está dirigida por José Juan Giner Caturla, profesor de Ciencias de la Tierra y director de la Red Sísmica de la UA y el Consorcio de Bomberos de la Diputación. Para la realización del estudio se han conjuntado tanto los datos históricos de terremotos desde 1396 con una clasificación de todo el territorio de la Comunidad Valenciana según las características del terreno.
Precisamente, uno de los municipios españoles más afectados a lo largo de tiempo se encuentra en el Medio Vinalopó, en concreto se trata de Petrer, que ha sufrido un total de 721 terremotos de más de 3 grados en la escala de Ritcher en los últimos treinta años, según los datos que maneja el propio Instituto Geográfico Nacional.
Desde el año 1997, en España se han registrado un total de 12 movimientos sísmicos importantes, de los que cuatro se han producido en esta zona de Murcia y Alicante.
El análisis se ha hecho sobre una escala de «intensidad» del movimiento sísmico, distinta de la «magnitud», que es la que habitualmente se suele emplear. La escala de intensidad es subjetiva, es decir, valora los efectos del terremoto y la forma en que es percibido por la gente: por ejemplo, cuantas personas sienten la sacudida, si los objetos se mueven o si se producen daños en los edificios.
Explica Giner que la razón estriba en que los datos de magnitud son relativamente recientes, procedentes de registros instrumentales desde que se empezaron a instalar equipos, y por ello no son comparables con los obtenidos de fuentes documentales históricas, que sólo ofrecen información sobre los efectos observados, es decir, la intensidad.
Para el estudio se ha empleado la escala de intensidad europea, que va del grado I al XII. Y se han recogido terremotos desde hace más de 600 años de grado VI, el primero a partir del cual se producen daños ligeros en edificios vulnerables, y superiores; en cambio, en la escala de magnitud (no de intensidad) el grado 6 representaría importantes destrucciones.
Así, en la Comunitat Valenciana el seísmo más antiguo documentado fue el ocurrido en Orihuela en 1048, y del que se tiene constancia gracias a la traducción de testimonios árabes realizada por el también profesor de la UA Mikel de Epalza. Sin embargo el proyecto se inicia con el terremoto de Taberna de Valldigna de 1396 porque es a partir de entonces cuando el catálogo utilizado de estos episodios es homogéneo. Las fuentes que se usaron para confeccionar este catálogo van desde archivos municipales a los de las parroquias, correspondencia entre particulares, entre otras vías documentales.
Además, para realizar el estudio no sólo se ha tenido en cuenta el territorio, sino también el de las regiones limítrofes a una distancia de 100 kilómetros y mayor. En este sentido, Giner pone como ejemplo que un terremoto en Murcia de intensidad IX puede se percibido perfectamente en Torrevieja como de intensidad VII.
En total el proyecto de investigación recoge los datos de hasta 115 movimientos sísmicos de niveles VI al X, correspondiente éste al conocido como terremoto de Torrevieja en 1829, aunque, en realidad la localidad más afectada fue la vecina Almoradí, con casi 200 muertos. Esta población, recuerda Giner, aprendió tanto de esta tragedia que tras su reconstrucción llegó a ser calificada muchos años más tarde como la mejor urbanizada para hacer frente a un seísmo, con calles anchas y edificios bajos de altura uniforme.
Para elaborar el mapa de peligrosidad sísmica se han combinado dos mapas: el de las intensidades promedio esperadas con el de las características del terreno, según su forma de reaccionar a las vibraciones del terremoto. Y en cuanto a las intensidades esperadas se ha tenido en cuenta un «periodo de retorno» de 500 años, es decir, la probabilidad estadística de que un terremoto de grado VI o superior se produzca en un periodo de 500 años en cada punto del territorio.
Por su parte, el mapa de características del terreno lo clasifica en cuatro categorías según su capacidad para reaccionar y transmitir las ondas sísmicas, la mayor de las cuales duplica a la menor. Este mapa de «efecto de sitio» se ha elaborado dividiendo el terreno en cuadrículas de 500 por 500 metros, también no sólo de la Comunitat Valenciana sino de su entorno regional. El denominado «efecto de sitio» se conoce desde que un terremoto en México evidenció que había zonas que sufrían más la intensidad del terremoto a pesar de estar más alejadas de su epicentro por las características del terreno según el tipo de piedras que lo forman.
La combinación de ambos mapas refleja el índice de peligrosidad de la Comunitat Valenciana. El él se comprueba que los más altos valores de peligrosidad para un periodo de 500 años se dan al sur de la provincia de Alicante, mientras que disminuye hasta ser prácticamente inexistente hacia la mitad de la provincia de Valencia, con una sola interrupción más o menos hacia el centro de los límites entre las provincias de Alicante y Valencia, donde hay una zona de aumento de peligrosidad.
Otros expertos
En esta línea, otro experto en terremotos y profesor del departamento de Geología de la Universidad de Salamanca, Pablo Silva, hizo también referencia ayer a estudios que contemplan movimientos sísmicos en la zona a finales de 1500 y 1600 y el último en 1812.
Según Silva, cuya tesis doctoral se centró en el estudio de la falla que afecta precisamente al municipio murciano de Lorca, ubicado en la zona en las que se concentran las más altas cifras de actividad sísmica, en el sureste español, en la franja próxima a la costa mediterránea que se extiende entre el norte de Alicante y Cádiz. Respecto a la prevención de daños como los ocurridos en la región de Murcia, advirtió de que estas zonas están más expuestas a este tipo de movimientos y que por eso está en vigor una normativa de construcción que obliga desde 1997 a tomar una serie de medidas.
Por su parte, el investigador de análisis sísmico del Instituto Geográfico Nacional, Pedro Expósito, reconoció que «el sureste de nuestro país es más propenso a terremotos debido a la existencia de unas placas, la euroasiática y la africana, cuyos bordes están en constante fricción». No obstante, aseguró que «España es un país seguro. Existen normas de construcción que se aplican en todas las comunidades autónomas basadas en estudios históricos que prevén la peligrosidad de la zona».
Ante la confusión entre magnitud e intensidad, el investigador del IGN, ha dejado claro que «mientras la magnitud mide la energía liberada, la intensidad valora el daño causado por el terremoto.
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Retirada de escombros en una de las zonas más afectadas por el terremoto de Lorca. :: EFE/J.C. CÁRDENAS

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Gráfico del mapa de la Comunitat elaborado para el estudio. :: C.M.

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