Vicente Molina Foix habló ayer desde los altares. En la iglesia del Monasterio de San Miguel de los Reyes abordó el proceso creativo en su encuentro con los escolares. El autor ilicitano recorrió sus orígenes con su abuelo dramaturgo (natural de Sueca), sus inicios literarios (ganó su primer premio con un cuento titulado 'El hombre de diciembre') y atendió a los periodistas.
-¿Es amigo de ofrecer recomendaciones a aquellas personas que quieran ser escritores?
-Mi primer consejo siempre sería algo negativo, por ejemplo, les diría los títulos que no hay que leer. Se ha de evitar el tributo de los autores de moda. Yo he leído mucha basura que me ha hecho perder mucho tiempo y la vida es muy corta. Les aconsejaría que se rodeen de maestros o de amigos que hayan leído mucho. Tarde o temprano, a un buen libro se llega de forma natural o espontánea. Tampoco soy partidario de decir cómo se ha de escribir, porque un escritor se forma solo, ni les animaría a publicar pronto.
-¿Se refiere a los 'best-seller' como los autores de moda?
-No, no exactamente. Javier Marías es un gran escritor cuyo último libro, 'Los enamoramientos', funciona muy bien en venta. Uno aspira a ser un clásico en vida. A mí me gustaría escribir los libros que hago y que, además, se convirtieran en 'best-seller'. sería maravilloso y así podría retirarme a una isla, pero lo que no me gusta son los autores que se adocenan para vender más.
-Nació en Elche, sus padres hablaban valenciano, su abuelo, natural de Sueca, escribía obras de teatro al estilo de Bernat i Baldoví. Sin embargo, el valenciano no es su lengua.
-Si hubiera estudiado la carrera de Letras en la Universidad de Valencia probablemente me hubiera introducido en un círculo valencianófilo, pero me fui a Madrid. Yo crecí oyendo hablar en valenciano y fueron los libros de mi abuelo los que me animaron a leer. Recuerdo que en el despacho de mi padre sólo había volúmenes de derecho y mercantil, salvo unos lomos de colores que formaban una colección de teatro español de 1920 que correspondían a mi abuelo, quien colaboró con el maestro Serrano e incluso formó una compañía de teatro. Con 14 o 15 años, comencé a escribir y lo primero que hice fue una obra de teatro, que no conservo y que debería ser muy mala.
-Supongo que su biblioteca nada tendrá que ver con la de su padre.
-La obra de mi vida es mi biblioteca, que he organizado de forma sistemática. En mi casa me gustaría tener paredes vacías, pero como no puede ser he puesto un piso a mis libros, a mis más de 26.000 libros.
-¿Y adquirirá libros electrónicos?
-No tengo una idea muy precisa sobre ellos. Con los libros de papel tengo una relación muy romántica, porque siento que el autor, Shakespeare o Dante, los ha escrito para el destinatario, que es quien lo sujeta en sus manos. Además, como autor, no puedo firmar dedicatorias en los e-books.
-En el colegio de la Inmaculada de Alicante, ganó su primer premio por un cuento. ¿Allí supo que sería escritor?
-No, ni tan siquiera que viviría de la literatura. Para mí la literatura nunca es un trabajo, pese a que es a lo que más tiempo dedico. Cuando escribo, tiendo a vivir en el libro en el que estoy trabajando y cuando no escribo, pienso en cómo avanzará la novela. Durante todo ese proceso, en el que renuncio a hacer otras cosas, no pienso que estoy trabajando aunque dediqué más horas que un enfermero o un banquero porque es mi diversión. Para mí la escritura es una aventura y una excitación comparable a la amorosa o sexual. Me pone mucho.










