A reventar de gente. El buen tiempo que hizo durante la tarde de ayer contribuyó a que el barrio de Santa Cruz, una vez más, se convirtiese en un lugar de peregrinación al que acudieron miles de ciudadanos. Cada rincón de este espacio a los pies del castillo de Santa Bárbara se llenó para disfrutar y vivir la experiencia de ver de cerca y sentir como propias las procesiones de la Hermandad de Santa Cruz, sin duda, una de las más singulares y bellas de Alicante.
Los miles de seguidores se apostaban en cualquier recoveco para presenciar las procesiones, como el parque de la Ereta, la ladera del monte Benacantil, la muralla del castillo, las calles y plazas del barrio y, los más afortunados, en los balcones. Adornados con mantones de manila, desde las alturas se lanzaron pétalos de rosas y claveles al paso de las imágenes del Cristo Cautivo, el Cristo Gitano, la Virgen de los Dolores y El Descendimiento, por las que sienten un gran cariño y devoción.
A la singularidad de las procesiones que le confiere el tipismo del barrio, se une la dificultad para el paso de los tronos. Las angostas e inclinadas callejuelas obligan a los costaleros a emplearse a fondo y desarrollar todas sus fuerzas para superar las dificultades. Es en esos momentos cuando los esforzados costaleros se crecen y despiertan en el público un sentimiento de complicidad que les lleva a vitorearles y aplaudirles para darles ánimos.
Las procesiones de la Hermandad arrancaban de la ermita de Santa Cruz poco después de las siete de la tarde. Momento antes, los capataces de las cuatro pasos apelaron a la responsabilidad de los costaleros, a los que recordaron que «fútbol hay todas las semanas, y procesiones una vez al año», para evitar la tentación de que descuidasen el paso por los comentarios sobre el partido entre el Real Madrid y el Barcelona.
Sin embargo, David Riquelme, segundo capataz de El Cautivo, recordaba que «el sentimiento de los costaleros es mucho más fuerte que el fútbol» y que «muchos de ellos han venido expresamente desde Inglaterra, Francia y de otras ciudades españolas donde están estudiando para sacar en procesión a las imágenes».
Tras guardar un minuto de silencio por los hermanos fallecidos, Mariano Ballester, capataz del paso de El Cautivo, dirigió con destreza la bajada por la calle Diputado Auset, una de las que entrañan mayor dificultad. Los costaleros bailaron allí el Cristo y arrancaron los aplausos del público.
Le seguían la imagen del Cristo Gitano, obra del escultor Ortega Bru, que despierta pasiones entre los santacrucinos, y la Virgen de los Dolores, portada por numerosa costaleras que se turnaban para superar el cansancio. Cerraba las procesiones el pesado paso de El Descendimiento, que salió de la ermita de Santa Cruz al grito de «¡Vamos todos! ¡Al cielo con él!» que voceó con fuerza el capataz Andrés Mas tras sacar el trono a ras del suelo, dada las pequeñas dimensiones de la puerta de la ermita, lo que arrancó los vítores y aplausos de los presentes.
La cuesta de San Rafael
Las procesiones tuvieron que superar también otra de las pruebas de fuego que la hacen tan atractiva: la bajada y posterior subida por la inclinada y estrecha calle de San Rafael, en la que los costaleros y costaleras deben de utilizar todas sus fuerzas y destreza para evitar caídas. El fervor que sienten por las imágenes que portan y la responsabilidad de cuidar que no sufran daño alguno le dan la energía suficiente para salvar cada uno de los escalones de esta pendiente. Cada tramo que salvan es una prueba de fe superada que les insufla fuerzas.
Mientras los costaleros sufren en tan difícil trayecto, los fieles aprovechan la estrechez de la calle para tocar con respeto y admiración las imágenes de los tronos, sobre todo del Cristo Gitano, que ha de sortear muchos obstáculos y que pasa a escasos centímetros de los balcones.
Durante el trayecto por las callejuelas de Santa Cruz y el casco antiguo miles de personas mostraron en silencio su admiración por las procesiones de Santa Cruz. Sobre todo después de un esforzado recorrido que se hace más duro si cabe a la vuelta, después de pasar por la carrera oficial, para llegar hasta la ermita de Santa Cruz.
Entre los asistentes a las procesiones del barrio se hallaban representantes de varias hermandes de Lérida, que ayer hicieron entrega a la alcaldesa y a la direcitiva de Santa Cruz de varios presentes.







