Si alguien ha salido claramente tocado del proceso de fusión que ha dejado a la CAM en el limbo financiero, esos han sido el presidente de la entidad, Modesto Crespo, y el director general hasta el año pasado y ahora director general de esa entidad virtual llamada Banco Base, Roberto López Abad. Crespo y López responden a dos perfiles bien distintos, aunque a los dos les ha tocado lidiar con un toro que les ha venido grande.
Modesto Crespo, a sus 67 años, llegó a la cima de su carrera empresarial y directiva en junio de 2009 cuando fue elegido presidente de la CAM en sustitución de Vicente Sala. Dueño de un concesionario en Elche y propietario de suelo industrial, Crespo es presidente por vocación: presidió la Institución Ferial Alicante, presidió la patronal Coepa e incluso aún representa al Misteri d'Elx.
Además, Crespo ha aparecido en varias ocasiones en las quinielas para encabezar la candidatura del PP en Elche cuanto esta formación fiaba su suerte a fichajes estrella como Manuel Serrano o Emilio Cano que luego pinchaban en hueso. Su nombre sonó con especial fuerza en 2003 aunque rechazó la invitación de saltar a la política activa.
Su gestión al frente de todas estas instituciones le permitieron escalar posiciones hasta llegar al sillón presidencial de la caja alicantina de la mano del presidente Francisco Camps. Modesto Crespo ha sabido moverse en las pantanosas aguas de la política alicantina, poniendo un pie en el zaplanismo, para más tarde poner los dos en el campsismo.
Sin embargo, estas habilidades empresariales no le han permitido triunfar en la CAM, donde no ha dejado de ser un hombre de paja del poder político. El premio 'Ilicitano del Año' que en 2010 le fue concedido por su «éxito» en el proceso de fusión de la entidad no deja de tener tintes dramáticos en las actuales circunstancias.
Roberto López Abad, alcoyano de 55 años, responde al perfil del clásico ejecutivo de la banca formado en el día a día y que ha ido escalando posiciones en la entidad en la que entró a trabajar hace 38 años. Desde el escalafón más bajo, López Abad llegó al equipo directivo ocho años más tarde, en 1980, año en que se hace cargo del área de Planificación. En 1992 ya es el director general adjunto y en enero de 2001 sube un nuevo peldaño tomando el relevo de Juan Antonio Gisbert.
Roberto López es, por tanto, un hombre de la casa que conoce todos los entresijos y despachos de la CAM, entidad de la que puede ser considerado el verdadero gestor por su trayectoria, experiencia e influencia. Una década en el mismo cargo le han permitido tener una visión global de la caja alicantina. Es cierto que de su mano la CAM escaló posiciones hasta convertirse en la cuarta caja de ahorro del país, pero los hechos han demostrado que el crecimiento no fue tan sólido como parecía o como hicieron creer a clientes y trabajadores. La CAM es, ahora, un gigante con pies de barro.
López Abad es considerado el 'hombre de hierro', la persona que en realidad acapara el poder ejecutivos y quien ha peleado por mantener la cuota de poder de la CAM y la suya propia en el SIP. Ha alternado aciertos con errores como inversiones ruinosas en México.
Las negociaciones para completar una fusión exigida por la reestructuración del sistema financiero impulsada por el Banco de España han dejado a la CAM al desnudo y han destapado también el poco acierto de Modesto Crespo y de Roberto López en las gestiones.
En primer lugar, la cúpula directiva de la CAM creyó que las cifras de la Caja -número de oficinas, volumen de negocio, activos, una tasa de morosidad relativamente aceptable...- le otorgaba una posición de fuerza ante posibles compañeros de viaje. Crespo y López, y con ellos otros consejeros y muchos representantes políticos de la provincia de Alicante, dieron por hecho que la CAM tendría que pilotar el proyecto en el que se embarcara.
Desde la Generalitat Valenciana se dejó entrever que la mejor opción para la Comunitat era que sus dos cajas -Bancaja y la CAM-, que además se situaban entre las cinco más grandes del país, unieran sus fuerzas para crear un enorme trasatlántico financiero. Las rivalidades entre Valencia y Alicante dieron al traste desde el minuto uno1 con esta posibilidad ante el temor de que la caja valenciana acabara fagocitando a la alicantina. Además, estaban las consecuencias laborales que habría supuesto para la plantilla de las dos entidades: cierre de oficinas, recorte de plantillas, etc.
Los empresarios alicantinos, además, no querían quedarse sin uno de los dos grifos financieros en unos tiempos tan complicados como los actuales. Los préstamos que negara la CAM siempre podría concederlos Bancaja, o viceversa.
Descartada la opción Bancaja, los rectores de la CAM pusieron sus ojos en Cajamurcia, otra entidad cercana con la que compartía área de influencia económica y política. La opción murciana llegaba ya con los plazos a punto de agotarse y el presidente de Cajamurcia, Carlos Egea, no quiso arriesgarse a embarcar a la entidad en una fusión con una competidora directa en muchas zonas. Otro intento fallido.
Descartada la opción murciana, y después de 'flirtear' incluso con Caja Madrid, la CAM se vio abocada a asociarse con tres cajas mucho menores: Cajastur, Caja Cantabria y Caja Extremadura. Desde el principio el noviazgo no ha podido ser más tormentoso, tanto por las intenciones de Manuel Menéndez, presidente de la caja asturiana, de tutelar la fusión, como por las pretensiones de los responsables de la caja alicantina de arrogarse más peso en el SIP.
Al final de arduas negociaciones, CAM y Cajastur iban a compartir el mismo porcentaje de participación en el SIP, bautizado con el nombre de Banco Base. Alicantinos y asturianos tendrían un 40% cada uno, mientras que Caja Extremadura se quedaría con el 11% y Caja Cantabria un 9%.
Además de los porcentajes, la batalla por hacerse con el cargo de responsabilidad ejecutiva del nuevo banco fue enconada. Finalmente, Menéndez salió ganador en parte, al conseguir la dirección ejecutiva de Banco Base, pero perdedor en parte al ver recortados sus poderes y atribuciones. Como han dicho algunos consejeros, como el vicepresidente Armando Sala, «lo que mal empieza, mal acaba». Todo ello, a pesar de que desde hace casi un año, tanto Modesto Crespo como Roberto López han defendido que la CAM no ha perdido peso, ni influencia, ni poder de decisión con la fusión.
Los efectos de esta gestión, en la que también tiene una cuota importantísima de responsabilidad el presidente del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, son imprevisibles, pero ninguno será bueno para la CAM: intervención, nacionalización, salida a Bolsa, búsqueda de otro socio... Cualquier opción en estos momentos es mala por la premura de tiempo y por la posición de debilidad en la que ha quedado la entidad .








