El panorama financiero y bursátil no está como para hacer experimentos con sus ahorros ni para fiarse de cualquiera que le dé un consejo. La desconfianza por la crisis ha inducido a muchos inversores a gestionarse por su cuenta sus ahorros. Aunque ya se atisba un cambio de tendencia; el 82% de los ahorradores exigen más información antes de contratar un producto, según la última encuesta trimestral de EFPA España. Y aunque todavía un 63% invierte dejándose aconsejar por amigos o captados por las campañas publicitarias, un 43% afirma que se «mostraría dispuesto» a acudir a un asesor financiero.
Pero, ¿dónde puede encontrarlos? ¿Qué formación han recibido como para aceptar sus recomendaciones? ¿Tienen algún interés por colocarle un determinado producto, como ocurre en algunas entidades financieras?
Sin homologación
La aparición de este tipo de profesionales ha generado un abanico de posibilidades en el que hay que saber moverse. En España, la CNMV no exige un título para ejercer como asesor, algo que sí ocurre en otros países europeos, como Reino Unido.
«Es una deficiencia del sistema porque la formación homogeneiza», indica Lorenzo Dávila, jefe del departamento de investigación del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), quien aboga por hacer obligatoria esa titulación. Aun así, destaca que la preparación de los asesores españoles es muy buena.
De hecho, la regulación es muy estricta en varios aspectos, «por lo que debemos confiar en la honorabilidad y el trabajo de los asesores», explica Enrique Borrajeros, responsable de EFPA España.
Al obtener una certificación, estamos ante un asesor «al que se ha obligado a formarse y que, a mismo tienpo, cuenta con una experiencia demostrable detrás», indica Borrajeros.
El registro, una garantía
Para rastrear la búsqueda del mejor asesor, puede hacerlo a través de dos vías. O bien una EAFI, «que habrá pasado todos los filtros del regulador», explica Arcadi Orrit, de la Asociación Profesional de Asesores de Inversión y Financiación (AIF); o a través de un profesional independiente, «que se encuentre integrado en alguna organización». Fuera de esos ámbitos, «es muy difícil distinguir si estamos ante un buen o mal asesor». Para Lorenzo Dávila, «es básico comprobar su regularización», porque supone una garantía.
También hay en banca
En las entidades financieras también se pueden encontrar asesores, frente al comercial. «El asesor es una categoría profesional, con independencia donde trabaje», explica Enrique Borrajeros. Aunque es cierto que puede haber «un conflicto de intereses», indica Arcadi Orrit. De hecho, cada vez más bancos ofrecen servicios de asesoramiento específicos, aparte de la actividad comercial habitual.
La principal diferencia entre un comercial de banca y un asesor es que estos profesionales «ofrecen una perspectiva integral de su situación, sus objetivos y no se centran en la venta de productos», explica Esteban Santiago, de Óptima Planificación Financiera. Para Enrique Borrajeros, lo que les diferencia es «el tiempo que hablan con los clientes sobre sus necesidades».
En general, un asesor, ya sea en forma de EAFI, de profesional independiente o de un agente, «puede mantener hasta cinco reuniones iniciales», indica Belén Alarcón, directora de Abante Consejeros Financieros Independientes. «Y después, además, se realiza un seguimiento una vez al trimestre», puntualiza.





