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«Me dejaron como un animal desangrado y a punto de morir»

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«Me dejaron como un animal desangrado y a punto de morir»

El cazador recibió en Domeño dos impactos que le han dejado las rodillas y una mano llenas de perdigones

07.02.11 - 00:32 -
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Vicente Molina, cazador de Benaguacil, empezó ayer a asimilar el impacto de dos cartuchos que sufrió el sábado en Domeño Viejo y que le llenaron la mano izquierda y las dos rodillas de perdigones. Con chaleco y gorra reflectante naranja, estaba entre la maleza a las 11.30 horas cuando un individuo desconocido le disparó a siete metros. La escasa distancia y la presencia de vegetación, que sólo dejaba libre un estrecho hueco de visión, hicieron que todos los perdigones se concentraran en sus rodillas y en la mano que tenía agachada mientras andaba por el monte. Tras los tiros a quema ropa, el autor, junto con otro desconocido, se lanzó a correr. «Me dejaron como un animal, desangrado y a punto de morir. Esto es lo que más me duele». Vicente Molina pedía con desesperación socorro y sólo pudo escuchar que un coche derrapaba y huía dejándolo moribundo.
«Cuando recibí los dos impactos creía que iba a morir», recuerda Vicente Molina desde la cama del hospital Arnau de Villanova donde está ingresado desde el sábado sin saber cuántos perdigones tiene en el cuerpo ni cuantos acabarán metabolizándose en sus huesos. Rodeado de su familia, relata lo ocurrido con detalle. Sólo hay media hora, la que estuvo sin conocimiento, que no recuerda, pero su hermano José, que lo levantó del charco de sangre y lo llevó a la ambulancia, completa la historia.
Vicente Molina, junto a otros ocho cazadores, flanquearon a un jabalí en un monte de Domeño, en el límite con Loriguilla. Tras terminar la faena, empezó a descender dirigiéndose hacia el camino que les permitiría llegar hasta el coche. Su hermano José, ya en la senda, vio pasar a dos individuos con los que no medió palabra alguna.
A falta de siete metros para llegar al camino, Vicente recibió dos impactos consecutivos, lo que hace entender que salieron de una sola escopeta. José Molina, hermano de Vicente, que volvió horas después con la Guardia Civil al lugar de los hechos, añade: «Sabemos el sitio desde donde dispararon. Fue desde el camino sin saber qué había detrás. Había una carrasca alta y las encinas tapaban el chaleco y la gorra reflectante».
Los gritos de socorro crearon una reacción en cadena. El autor de los disparos, junto a su compañero, corrieron hacia su coche. Un amigo de Vicente bajó el monte hasta localizarlo en el suelo mientras tenía puesta la vista en la pareja que huía. Los gritos de Vicente hicieron que en varias ocasiones la pareja que disparó al cazador mirara hacia atrás. Suficiente para que el amigo de Vicente memorizara su rostro y le proporcionara a la Guardia Civil un fideligno retrato robot. «Nos han dicho que no digamos nada de cómo son. No hay que darles pistas».
Minutos después, Vicente perdió el conocimiento. «Sentía impotencia, me salía mucha sangre y pensaba que me habían matado», recuerda. En ese momento, José llamó al 112 y a los quince minutos llegó la Guardia Civil. «Nos dijeron que llegaría el helicóptero en quince minutos pero les dije que ahí no podía aterrizar por lo que cogí a mi hermano, que no podía ni hablar, y lo llevé a Calles donde ya estaba esperando la ambulancia. Se portaron muy bien».
La situación ahora es de impotencia total. Hoy está prevista la visita del médico para concretar el diagnóstico. «La rodilla derecha es donde más me duele. Tengo un kilo de pólvora y no me la van a poder quitar porque tendrían que hacerme una carnicería. La mano la tengo mejor. Los perdigones me la agujerearon pero me quedarán menos secuelas».
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Vicente Molina, en la habitación del hospital Arnau de Villanova en la que está ingresado. :: J. J. MONZÓ

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