
El ruido de las sierras mecánicas es lo único que se escucha a medianoche en los bulevares de las Grandes Vías, aunque no se trata de una película de terror. Encaramados sobre plataformas móviles, los jardineros podan sin descanso los grandes árboles (pinos, plátanos y palmeras, entre otros). Ocupan toda la calzada excepto un carril, mientras otras personas amontonan las ramas en grandes contenedores.
La tarea forma parte de la reforma integral de la Gran Vía Fernando el Católico y la Gran Vía Marqués del Turia. Se inició el pasado fin de semana y trabajan principalmente en horario nocturno, debido a que el arbolado forma casi una bóveda sobre el asfalto. Ahora, cuando el «afeitado» es muy visible el ramaje ha quedado casi vertical, con la poda adecuada en estos casos. Apenas se ven tocones, de momento, salvo un ejemplar en el primer bulevar.
La Gran Vía Marqués del Turia tiene algunos de los ficus más bellos de la ciudad. Rodean la estatua dedicada al periodista Teodoro Llorente, primer director de LAS PROVINCIAS y que fue restaurada a mediados de los años 90 gracias al mecenazgo de una empresa.
No obstante, se beneficiará de una limpieza integral, al igual que la fuente escultórica de la plaza Cánovas del Castillo, dedicada al marqués de Campo.
Acerca de la poda, avanza en los dos bulevares aunque en la parte de Marqués del Turia más cercana al jardín del Turia es donde se aprecia más. En algunas zonas se han arrancado grandes arbustos, como ha ocurrido en Fernando el Católico, pero hasta dentro de unos días no se sabrá si se produce una tala generalizada. El Ayuntamiento rechazó ayer informar sobre esta obra, que se financia con fondos del Plan E y el Plan Confianza.
Con una inversión total de 4,6 millones de euros, para Marqués del Turia hubo que pedir una prórroga en el plazo máximo, debido a que debía haber concluido el pasado 31 de diciembre. El motivo de la demora fue la complicación a la hora de elegir el diseño final, además del recurso interpuesto por el Colegio de Ingenieros Agrónomos, profesionales que no podían aspirar a la dirección de las obras.
Sobre lo primero, la modificación fundamental fue descartar que se pavimentara todo el bulevar, el elemento protagonista de esta iniciativa. La idea inicial era retirar la tierra morterenca y colocar unas losas de color beige e impregnadas de un producto químico capaz de convertir en inertes las partículas contaminantes del tráfico de vehículos.
En su lugar, la tierra será renovada y el pavimento de piedra se limitará a los pasos de peatones. El primero, de prueba, que se urbanizó así se sitúa en la Gran Vía Fernando el Católico, casi en la esquina con la calle Erudito Orellana.
Las excavadoras también han comenzado a levantar la capa superficial del pavimento de los dos bulevares. En algunas zonas se profundiza más de 50 centímetros, para dejar espacio así a las nuevas redes de riego y drenaje.
Esto último servirá para cumplir el deseo impuesto en el cambio de proyecto, que se basaba en eliminar los barrizales que se forman en el paseo cuando llueve. Con más zonas de desagüe, se espera que la tierra cumpla su propósito y no dé una imagen tan «dura» de los bulevares.
La reforma integral debe acabar antes de las próximas Fallas, según el compromiso del Ayuntamiento para no entorpecer la fiesta. La primera fase ha consistido en añadir un bordillo al existente, algo más alto y de un color similar a las losas del pavimento del bulevar.
También se han retirado grandes cantidades de tierra, junto con las vallas metálicas, los bordillos interiores de ladrillo visto y todo el mobiliario urbano, excepto el alumbrado público. En Fernando el Católico, con un diseño más reciente, se colocarán juegos infantiles y nuevas áreas de descanso, además de cubrir con tierra las zonas deprimidas, por donde pasa el túnel de la línea del metro.

















