Antonio Blanquer Hernández*. Goji es el nombre dado a Lycium barbarum y L. chinense, dos especies próximas con una larga tradición como planta medicinal y alimenticia en Asia Oriental, y particularmente en China. Tuve la oportunidad de degustar las bayas de esta planta de la familia del tomate hace pocos años con ocasión de la visita a Valencia de un especialista en medicina tradicional china. Un año después las podíamos encontrar en herboristerías y en diversos establecimientos.
En muy poco tiempo la popularidad del goji ha crecido muchísimo gracias a las estrategias de marketing. Se publicita como un remedio muy saludable y no es extraño oir a algunas personas que el goji retrasa el envejecimiento y que es bueno para todo. El goji es bueno pero en mi opinión la publicidad exagerada en cuanto a sus propiedades es contraproducente, para el goji y para cualquier otro producto. Además, en los últimos meses esta especie ha sido noticia en nuestro país al detectarse en unas muestras analizadas por parte de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) diferentes sustancias tóxicas, tales como metales pesados y pesticidas. Este hecho fue denunciado a la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) para comprobar la posibilidad de riesgo para la salud y exigir un mayor control en la importación de estos productos. Esta Agencia sentenció que efectivamente tales sustancias estaban presentes en las muestras pero dentro de los límites permitidos en la legislación europea a excepción de una muestra que superaba en una centésima el límite establecido. Con estos datos, la AESAN no estimó necesario retirar del mercado este producto si bien manifestó que no existían evidencias científicas que avalasen la publicidad de sus efectos saludables.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1978 la planta medicinal como cualquier planta que contiene sustancias potencialmente útiles con fines terapéuticos o bien que son precursoras para la síntesis químico-farmacéutica. Las podemos encontrar en herboristerías y en oficinas de farmacia, a veces en forma de preparados más o menos elaborados como cápsulas o comprimidos. Cada región tiene una cultura en el uso de estas plantas transmitida de generación en generación y la ciencia termina por demostrar para estos casos la bondad de sus propiedades. En el caso que nos ocupa, el goji proviene de otra cultura y es obvio que tengamos algunas dudas. Muchos estudios científicos demuestran que los proteoglicanos presentes en sus bayas tienen propiedades antioxidantes y algunas propiedades farmacológicas de interés como antiateroscleróticas y antidiabéticas. En mi opinión, comer bayas de goji es bueno para hipertensos o con problemas de colesterol, como también lo son las nueces o los ajos, pero el tratamiento de una enfermedad requiere, además de un seguimiento médico, de una dosificación de los principios activos para que éstos sean eficaces, así sucede con muchos productos fitoterápicos a base de plantas medicinales en los que se garantiza una determinada composición de los principios activos y una contrastada actividad farmacológica y que están bien evaluados por diferentes organismos internacionales.
*Profesor de la Universidad CEU-Cardenal Herrera








