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El PSPV, cuesta abajo

14.11.10 - 00:46 -
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El PSPV, cuesta abajo
Jorge Alarte junto al comité electoral del PSPV, ayer en Blanquerías. /Damián Torres
El socialismo valenciano dio ayer el disparo de salida de la campaña electoral que finalizará en los comicios del próximo 22 de mayo. Quedan escasos seis meses para una cita que Blanquerías afronta, se reconozca o no públicamente, con una carencia de expectativas muy similar a la de las elecciones de 2007. El supuesto revulsivo que debían ser las primarias no ha hecho más que acentuar la percepción de división interna, que se une al fracaso de fiar toda la estrategia política al desgaste del PP por las investigaciones judiciales. Los populares se mantienen cómodamente a flote y en cambio no se adivina ningún indicador que haga suponer que el PSPV ha conquistado nuevos espacios.
En su origen, los problemas que afrontaba la ejecutiva dirigida por Jorge Alarte eran variados. La debilidad orgánica derivada del apoyo que le había prestado Leire Pajín quedó retratada en los congresos provinciales del partido. La falta de conocimiento público del secretario general y la necesidad de combatir el descrédito político de un partido que con su anterior líder, Ignasi Pla, había perdido toda su credibilidad, se perfilaron como principales objetivos. Recuperar la confianza de la patronal y enviar mensajes que reivindicaran el peso político propio -como con la defensa del Tajo-Segura- abrieron el camino.
Pero Blanquerías vio en las investigaciones por supuestos casos de corrupción sobre el PP la puerta perfecta para resolver parte de sus males. Cuando hace ya casi dos años se destapó el 'caso Gürtel', el líder de los socialistas valencianos no era excesivamente partidario de centrar su estrategia en ese terreno. De hecho, durante las primeras semanas se escucharon algunas críticas hacia Alarte por pecar de contemporizador en el 'caso Gürtel'.
En la cuarta planta se asegura que fue la presión, entre otros, del portavoz parlamentario Ángel Luna la que contribuyó a que el secretario general se subiera al carro de los ataques furibundos de su Síndic en Les Corts. El escenario que dibujaron los socialistas ponía a Francisco Camps fuera de la presidencia de la Generalitat. Y con ninguna posibilidad de volver a ser candidato en las autonómicas de 2011.
El análisis objetivo del escenario político actual refleja la indiscutible equivocación de aquel análisis. Cierto es que el líder del PP valenciano ha pasado por los mayores momentos de dificultad de toda su carrera política, pero lo que es obvio es que sigue siendo el presidente del Consell y que nadie duda a estas alturas de que volverá a ser candidato en las elecciones de mayo. Y no sólo eso. Los sondeos vaticinan una holgada victoria de los populares, incluso con una diferencia superior a la de 2007.
Si Luna ha sido clave en la estrategia de dar todo el protagonismo político a las denuncias de corrupción, lo cierto es que el rédito obtenido ha sido más bien escaso. Al contrario: las consecuencias de esa actitud han terminado atrapando al propio portavoz parlamentario, sobre el que el PP ha dirigido sus baterías y que, en este momento tiene pendientes dos investigaciones judiciales.
«No es una sorpresa». Blanquerías ya daba por sentado, incluso antes de que Jorge Alarte llegara a la secretaría general, que la trayectoria de Luna podría, con el tiempo, generarle alguna dificultad. Su trabajo en la firma del constructor Enrique Ortiz, salpicado por distintas investigaciones judiciales, podían condicionar su labor como portavoz parlamentario. El diputado alicantino quizá pensó que no sería así, pero lo cierto es que el debate de política general -incluido el episodio de la piedra lanzada en el hemiciclo- o la más reciente alusión a que el jefe del Consell debería ser incapacitado, muestran un perfil excesivamente radical y que preocupa bastante menos en la calle Quart que el de hace sólo unos meses.
Los problemas con los que ha tropezado Luna -relativos a los pagos de las obras realizadas en su domicilio en Alicante y a la exhibición en la tribuna de Les Corts de un informe de 'Gürtel' bajo secreto de sumario, han condicionado la actuación del portavoz socialista. Pero no ha sido la única. El 'caso Brugal', que arranca de una investigación sobre la adjudicación del Plan zonal de residuos de Orihuela que afecta a empresarios y cargos populares, le ha costado ya el puesto a dos destacados dirigentes... del PSPV. Antonio Amorós, primero, y Roque Moreno, después, son las víctimas de una investigación que ha pasado de amenazar el futuro político de Joaquín Ripoll a poner en cuestión también a cargos del PSPV.
Pajín y Asunción
Los problemas en clave orgánica vienen de la mano de la falta de expectativas electorales del PSPV. «Si hubiera opciones de triunfo, nada de esto pasaría», se admite. La relación con Leire Pajín, primero, y la brecha abierta por el ex ministro Antoni Asunción, después, nunca se habrían explicitado si la percepción extendida fuera la de optar a ganar la Generalitat. Y lo cierto es que el escenario sobre el que trabajan los dirigentes más amables con Alarte es el de rozar los 10-12 puntos de distancia. En otras palabras, el de poder presentar un escenario que haga posible pensar en la victoria en los siguientes comicios, «se celebren cuando se celebren».
Con la salida de Pajín de la secretaría de Organización, Blanquerías ha respirado tranquilo. Hasta ese momento, Alarte ha tenido en la número tres del PSOE una fuente permanente de conflicto, que en el caso de la moción de censura de Benidorm ha servido además para debilitar su credibilidad. Las ocho ocasiones en que el líder del PSPV prometió que no habría moción de censura quedaron en evidencia el día que los concejales socialistas la presentaron. Y el reciente respaldo al tránsfuga Agustín Navarro como cabeza de lista ya no lo arregla ni la posterior crítica a aquella moción. «En política, los vaivenes se pagan», admite un cargo socialista.
Pero, con independencia de la actitud del secretario general del PSPV, lo cierto es que Pajín puede arrogarse el éxito de haberse convertido en uno de los dirigentes políticos más controvertidos, y quizá menos queridos, de la Comunitat. El propio PSPV reconoce que la ahora ministra de Sanidad ha logrado incluso superar, en baja valoración, al otro gran lastre para Blanquerías: Rodríguez Zapatero. «No hay quien pueda hacer nada con un Gobierno en caída libre», reconocen fuentes no demasiado lejanas al propio Alarte, que al mismo tiempo admiten que es imposible presentar propuestas propias que puedan evidenciar la capacidad de iniciativa política de Blanquerías, «porque el margen que deja Madrid es mínimo».
También en clave orgánica, y pese al silencio con el que ha tratado de no verse salpicado por el tema, Alarte se ha visto afectado por la irrupción en la primera línea del ex ministro Antoni Asunción. Primero, la batalla que dio en las primarias; y después, la decisión de llevar al partido a los tribunales por lo que él mismo definió como «pucherazo», constatan que el socialismo valenciano sigue sin superar etapas, y que algunos cuadros del partido que no ven claro su futuro -de nuevo, la falta de expectativas- opta por echarse al monte, aunque el final de esa decisión pueda llegar a esta incluso fuera del partido.
Con un escenario como éste, con una ejecutiva sustituida por media docena de asesores -es proverbial la incapacidad para generar portavoces al margen del líder- y con un partido al que aún no se le detecta tensión electoral, el PSPV parece incapaz de evitar la tentación de volver a ser engullido por su historia reciente, la que describe congresos de confrontación que no cierran heridas, derrotas electorales que socavan la estabilidad del partido y un cada vez mayor aislamiento de colectivos sociales, el horizonte electoral, lejos de verse como una tabla de salvación se percibe como un examen a vida o muerte.
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