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Un mosaico de lujo

23.10.10 - 00:36 -
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Todavía a mediados del siglo XX, el mosaico Nolla era sinónimo de lujo y de máxima calidad, y quien pavimentaba su casa con algunos de los miles de dibujos posibles, a base de combinar losetas de diversos tamaños y cientos de colores, demostraba su buen gusto y también su buena situación económica. Una casa de cualquier pueblo de la huerta de Valencia con la entrada reluciente de mosaicos Nolla era tenida por una 'buena' casa, o sea, de gente de posibles.
Ahora, pasado el tiempo, casi cuarenta años después de cerrar la fábrica, los mosaicos de Nolla que quedan, que son muchos, son objeto de auténtica veneración por su originalidad y gran belleza, así como por la calidad intrínseca del producto, que en su época fue el pavimento más resistente, y todavía hoy sorprende a propios y extraños por su factura y gran dureza.
En Meliana, donde estuvo la fábrica (primero en un sitio y después en otro), se vive una auténtica efervescencia por la reivindicación del valor de los mosaicos Nolla, en paralelo al hecho de que el producto se ha revalorizado, los entendidos lo alaban, se recuperan y aprecian en anticuarios losetas de derribos que antes iban al escombro y abundan las restauraciones. Y como crece la demanda por restaurar, surgen también expertos que se especializan en ello, como Salvador Escrivá Penella, de Catarroja, que se ha convertido en una referencia ineludible en este tipo de trabajos.
Ahora mismo, el equipo de Salvador está restaurando los mosaicos del Ayuntamiento de Meliana. La estructura de la Casa Consistorial ha sido reforzada y en la operación hubo que levantar los pavimentos de Nolla, pero desde el primer momento se tuvo claro que había que volver a colocarlos.
Las obras están cofinanciadas por la Diputación de Valencia y a Salvador Escrivá se le encargó la tarea de ocuparse de las piezas de Nolla. La calidad de sus trabajos previos, empezando por la restauración de los mosaicos del Palacio de la Exposición de Valencia, son tenidos muy en cuenta por los especialistas.
El trabajo de restauración de mosaicos es complejo. Se fotografía todo antes de arrancarlo, se sacan después las losetas, si puede ser pieza a pieza. Luego, en el taller, se limpia todo concienzudamente hasta tener todas las piezas sueltas y sin restos del cemento y la cal con los que se colocaron en su día.
Sorprendentemente, este mosaico se limpia con salfumán (ácido clorhídrico), y el propio cura párroco de Meliana, Enrique Arce, otro enamorado de las composiciones de Nolla, nos enseña lo que está haciendo en el salón parroquial. En el jardín, en grandes capazos de plástico, hay cientos de losetas de Nolla en salfumán. Es la única manera, nos explica, de que se desprenda el mortero y la suciedad y volvamos a tener las piezas sueltas para montarlas bien otra vez. Al lado, unos albañiles trabajan en dependencias adjuntas al pequeño teatro del Patronato, cuyo pavimento también es de este mosaico.
Tanto el sacerdote como Salvador, el restaurador, señalan que ésta es la prueba máxima de la gran calidad del producto, que no es atacado por un ácido tan fuerte. Sin embargo, cuando se trata de losetas hidráulicas, imitaciones más baratas que se hicieron en la época de esplendor de Nolla, el salfumán las deshace.
Para completar bien la restauración, el mosaico se recompone en el taller de Salvador Escrivá en piezas grandes, a fin de facilitar su transporte y la colocación definitiva. Las piezas que faltan se reponen, si se puede, adquiriéndolas en anticuarios, casas de derribos y particulares que conservan restos de cuando hicieron sus casas. En Meliana queda bastante de esto y están apareciendo cajas enteras, porque en la época final de la empresa Nolla, en ocasiones se pagaba a los empleados en especie.
Cuenta Salvador que si faltan muchas piezas, se recompone el dibujo para hacerlo algo más pequeño. Pero no ha sido el caso del Ayuntamiento de Meliana, donde va a lucir de nuevo el majestuoso escudo del pueblo en la entrada.
Blas Devis, el alcalde de la localidad, se muestra muy orgulloso de lo que se está haciendo y explica los planes de futuro que tienen para el mosaico Nolla. Se quiere restaurar el 'palauet' que se mantiene en pie junto a la primera fábrica de Nolla (que después fue Gardy y ahora Shneider, ambas de utillaje eléctrico). La segunda fábrica, construida junto al pueblo, fue derribada para construir viviendas. Dicho 'palauet' fue residencia de los Nolla fundadores y de visitantes ilustres ocasionales, como Amadeo de Saboya y una zarina rusa. El cronista José Vicente Ruíz ha podido recuperar mucha documentación y ha fotografiado intensamente los mosaicos que perduran allí, para basar su futura recuperación, aunque no se sabe aún qué posible utilidad dar a un edificio que está en medio de la huerta.
Pero ¿por qué esta fábrica singular se asentó en Meliana? Fue en 1860 cuando Miguel Nolla Bruixet, de Reus, tatarabuelo de la actual alcaldesa de Valencia, Rita Barberá Nolla, decidió fabricar un mosaico similar al inglés, que acababa de conocer. Y un amigo valenciano le ofreció en venta un viejo convento dominico que pertenecía a su familia desde la desamortización de Mendizábal. A favor estaba además la cercanía a Valencia, a yacimientos de caolín (en Lliria y la Serranía) y la disponibilidad de mano de obra abundante, fuerte y barata.
El secreto estaba en la calidad y pureza de las materias primas (arcillas y colorantes) y la perfección de la cocción a elevadas temperaturas. Se alcanzaron cerca de los 1.300 grados cuando en la segunda fábrica dispusieron de gas. El resultado era un producto prácticamente inalterable, y así sigue siendo. Tanto que, tiempo después de dejar de hacerse, es buscado por los entendidos, y el Ayuntamiento de Meliana quiere recuperar todo lo que sea posible rescatar de una historia que forma parte de la vida del pueblo. Y en este plan entra también el proyecto de catalogar todos los mosaicos que perviven en muchas casas del pueblo.
La calidad del mosaico Nolla traspasó fronteras y los responsables de construir el metro de Moscú quisieron revestir con él sus estaciones, las más lujosas del mundo. Pero al final sólo se hizo una, que aún pervive (hecha por mosaiqueros valencianos), porque a los constructores les resultó más barato emplear el mármol en las demás.
El mosaico Nolla lo utilizó Blasco Ibáñez en su chalet original de la Malvarrosa, reluce en el gran Seminario de Moncada y en el Palacio de la Exposición, y así mismo está presente en gran número de fincas de los 'ensanches' de Valencia y Barcelona, en múltiples patios de Sevilla y en innumerables casas de los pueblos valencianos, donde poner Nolla era, como en Moscú, el no va más del lujo posible. Y resulta que hoy lo sigue siendo por su valor indudable.
Nolla, que había pasado a manos de la familia Trénor, cerró en los años setenta del pasado siglo, tras más de 110 años de trayectoria, porque no pudo con la competencia barata del terrazo, que se puso de moda y, como pasa tantas veces, no supo reconvertirse a tiempo.
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