En 2009, el Ministerio de Educación y el de Ciencia e Innovación diseñaron un programa -incluido en la Estrategia Universidad 2015- para situar a las universidades españolas entre las cien mejores del mundo, con proyectos innovadores que impulsen la modernización de nuestro sistema universitario.
Lo bautizaron como Campus de Excelencia Internacional (CEI) y, en las dos convocatorias que han llovido desde entonces, a la Comunitat Valenciana le han correspondido más decepciones y disgustos que otra cosa. Hasta ahora. Porque el próximo martes la Universitat de València (UV) y la Politécnica (UPV)tendrán la oportunidad de demostrar que a su proyecto «VLC/Campus: Ciencia y tecnología para la calidad de vida en el siglo XXI»-elaborado conjuntamente con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) - ni le sobra ni le falta nada para lograr ese sello de calidad.
Llegar hasta aquí ha sido casi como subir el monte calvario. A la primera fase de la convocatoria de 2009, UV y UPV concurrían cada una a su aire, pero el Ministerio se las despachó con una recomendación de agregación. Eso hicieron, pero en noviembre de 2009 de nuevo la desilusión. El proyecto que presentaron conjuntamente tampoco logró la calificación, y se quedó en un lacónico «prometedor», que al menos les daba pase directo a la convocatoria de 2010. Y hasta aquí han llegado. El próximo 19 de octubre lo presentan -mejorado- para obtener un visto bueno que, ahora sí, lo bendiga con la ansiada calificación y con la financiación necesaria para su ejecución. Se las tendrá que ver con otros 22 proyectos impulsados por otras 37 universidades españolas.
A finales de mes se conocerá la decisión final. En cualquier caso, la Comunitat se quedaría con un solo CEI ya que los proyectos del resto de universidades -tanto públicas como privadas-fueron descabalgados a la primera de cambio.











