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EL COLECCIONISTA DE ARTE,UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN

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EL COLECCIONISTA DE ARTE,UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN

17.10.10 - 01:07 -
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El arte trata de la vida y el mercado del arte del dinero. La cita es de Damien Hirst. ¿Saben quién es? La muerte es el tema central de su trabajo y sus obras consisten en preservar en formol tiburones, vacas u ovejas. Los menos avezados en el mundo del arte contemporáneo se preguntarán si Hirst elabora piezas artísticas o más bien biológicas. Sólo un dato servirá para zanjar la cuestión: en una subasta de Sotheby's un coleccionista pagó 13 millones de euros por 'El becerro dorado' (una vaca en formol con las pezuñas y los cuernos pintados con oro de 18 kilates) en 2008.
La Comunitat no posee obras de Hirst, pero tampoco está poblada de amantes del arte dispuestos a invertir en lienzos, esculturas o fotografías infinitamente más económicas que los objetos de Hirst. Si el mercado del arte, como apunta el creador de Bristol, funciona con dinero, en la Comunitat no existe. No circula capital, no se vende obra y las galerías de arte resisten a duras penas y, otras, mueren.
Las galerías de arte valencianas sin coleccionistas, una especie en extinción en la Comunitat, no hacen negocio. Si estas cierran, el sector pierde fuerza en el mercado nacional; algo que repercute en las ferias de arte. Este año la Fira Internacional d'Art Contemporani i Moder (Fiart) de Valencia no celebrará su tercera edición. En 2008, cuando Fiart se inauguró en la Feria Valencia, más de 20.000 visitantes curiosearon las instalaciones. Este año no se repetirá esta imagen.
No es la única cita con el arte que se queda huérfana. Valencia Art, un certamen que exponía obras de galerías de toda España, se reconvierte ahora en bienal. Este año no habrá sexta edición, pero sí se celebrará en 2011.
El arte no está en crisis, pero su mercado sí. «No entra nadie a la galería». «Desde hace dos años no he vendido un cuadro». «Aguantamos, pero si no hay dinero tendremos que cerrar». Así se despachan los ex galeristas de la Comunitat y los propietarios de los locales que aún mantienen el envite. El goteo de espacios de arte que bajan su persiana definitivamente es incesante desde principios de año.
«Estamos vivos». Con estas palabras define Ramón García, responsable de las galerías My name is Lolita Art (una en Valencia y otra en Madrid) la adaptación de su negocio. Niega el cierre del local de la calle Avellanas, aunque las puertas del local evidencien desde hace meses lo contrario, y prefiere hablar de «cambio de proyecto». «No tenía sentido mantener My name's Lolita de Valencia como galería de arte al uso porque comercialmente no respondía. La crisis ha constreñido el gasto en arte en ciudades medianas como Valencia; no sucede lo mismo en Madrid, donde se mantiene abierta la galería», detalló Ramón García.
Nuevo rumbo cultural
El local de Valencia se convertirá en un «laboratorio de ideas» donde los alumnos de Bellas Artes de la Comunitat o de cualquier rincón exhiban sus ideas. «Será un espacio cultural sin etiquetas y abierto a la creación multidisciplinar», avanzó el propietario de My name''s Lolita.
No había ventas en la galería de la calle Avellanas para mantenerla abierta. Una mesa y un par de sillas conforman el único mobiliario del espacio. Ausencia de arte.
La crisis no sólo está agitando la economía sino a las estructuras ya establecidas, bien del arte, de la cultura, de la sociedad... Renovarse o morir. Ésta, al parecer, es la máxima a la que se aferra Ramón García para continuar su camino por los derroteros artísticos. «No voy a vender el bajo de la calle Avellanas; a menos que venga un millonario chino o ruso y pague por él una bestialidad», bromeó.
Madrid no tiene nada que ver con Valencia, en términos artísticos. My name's Lolita Art en la madrileña calle Almadén sigue siendo un polo de atracción para los amantes del arte. En este local no habrá reconversión. De hecho, será la única ventana expositiva de los artistas, muchos de ellos valencianos (como Juan Cuéllar o Paco de la Torre), que están en la cartera de My name's Lolita, que nació en Valencia en 1988. «La obra de nuestros artistas se expondrá en Madrid, por supuesto», avanzó Ramón García, quien ha potenciado la página web.
La crisis y los malos tiempos para el arte que respira la ciudad del Turia han matado a la 'madre' de Lolita, aunque su 'hija' madrileña, que nació en 1996, «tiene larga vida».
La época de cambios también afectan a la Galería Muro. Se ha trasladado a la calle Verónica, nº 5. «Debido a que el local no es muy grande no podemos tener expuesta la totalidad del fondo de la galería», escriben en la notificación del cambio de ubicación. Locales más pequeños, alquileres más económicos y menor número de exposiciones son tres herramientas a las que las galerías se acogen para sobrevivir.
Basilio Muro optó por alquilar el bajo de la calle Corretgeria y trasladarse a otro más pequeño para ahorrar. «Hay días en que nadie entra al local», asegura, pero no se desanima «el arte es mi pasión. Mientras viva tendré la galería abierta». De las ventas, mejor ni mentarlas.
Los responsables de Muro cubrirán la falta de espacio con la consulta de los fondos a través del catálogo digitalizado, o bien, con el traslado de las piezas al lugar donde indique la persona interesada. «Todos estos cambios van a hacer posible una reducción de los costes que queremos reflejar también en los precios de nuestras obras en beneficio de los clientes», señalan.
Sostiene que el arte no está en crisis, pero los coleccionistas o aquellos que antes adquirían obra ahora «tienen miedo. No quieren comprar por si acaso mañana necesitan el dinero».
Lo mismo sostiene Pilar Dolz, de la galería Canem de Castellón. «No hay crisis de creatividad, sino temor a comprar», afirma. En la capital de la Plana, mantenerse en el mercado del arte «es muy difícil. Cuando empecé no pensaba que duraría 36 años. Me parece un milagro».
Dolz trabaja con artistas contemporáneos y Muro está especializado en pintores de la escuela de París. Ambos galeristas no sólo coinciden en destacar la desconfianza del comprador de arte en tiempos de crisis, sino que mantienen que el coleccionista tenía profusos conocimientos de la materia.
Dolz y Muro son muy críticos con el papel de las instituciones públicas y privadas en el mercado del arte. «No compran nada», aseguran. Ni tampoco son capaces ni de generar «exposiciones potentes» que atraigan a amantes del arte hacia las galerías, ni de proporcionar ayudas económicas a los locales.
El cierre del negocio no sólo se focaliza en el centro histórico. Las galerías de barrio tampoco resisten la desaparición de coleccionistas. Avart, en la calle Honorato Juan, alquila su bajo desde hace siete meses. «Desde hace dos años nadie ha comprado una obra», afirma su propietario, quien admite que vender obras vanguardias y transgresoras «es más complicado que dedicarse a las firmas consagradas». Avart cierra la persiana y desconoce si cuando el ajuste económico no pase factura a los compradores «podrá abrir en otro local»
Ninguno de los responsables de los establecimientos consultados por LAS PROVINCIAS cuestiona que el arte es una inversión: «Sí lo es». Pero, como sostiene Damien Hirst, el mercado del arte es cuestión de dinero. Sin éste, los coleccionistas no pueden hacer honor a su nombre.
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Vacío. El local de My name is Lolita sin cuadros y cerrado.

:: JESÚS SIGNES

Nuevo rumbo. Basilio Muro, en su nueva galería. :: MONZÓ

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