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"Los zoológicos no me gustan, pero son un mal necesario. En el de Valencia había poco espacio y poco dinero. La falta de ayuda fue total"

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"Los zoológicos no me gustan, pero son un mal necesario. En el de Valencia había poco espacio y poco dinero. La falta de ayuda fue total"

Ignacio Docavo Alberti fundador y director del Zoo de Valencia durante 42 años

17.10.10 - 01:04 -
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Ignacio Docavo Alberti ha sido director del zoológico de Valencia durante 42 años, desde su inauguración en Viveros, en 1965, hasta su traslado al parque de Cabecera hace apenas unos años. El profesor Docavo aún recuerda cómo fueron llegando y pasando algunos de los animales más famosos de aquel pequeño zoológico. Y cómo sobrevivía el parque. Ahora se siente desplazado, dolido con la nueva situación. Y recuerda cómo empezó todo.
-Yo no me conformaba con estar en la Universidad. Yo quería integrarme más en la sociedad valenciana y entonces intenté hacer el zoológico. Eso era muy importante, porque había muchos animales que estaban en peligro de extinción.
-¿Un zoológico para proteger animales?
-Sí. A mí los zoológicos no me gustan, pero son un mal necesario. Tal y como está hoy en día la fauna, atacada por la destrucción del hábitat, de los bosques de la selva, con la amenaza de los cazadores furtivos, las guerras en África. Yo vi que los zoológicos eran la única salvación para algunas especies y la prueba es que así ha sido.
-En 1965, año de inauguración del Zoológico de Valencia, no existía la conciencia ecologista que hay ahora.
-No, claro que no. En España fue un íntimo amigo mío, Rodríguez de la Fuente, que por cierto me regaló una pareja de monos para el zoo, el que llevó a la conciencia de la gente la defensa de los animales. Entonces no había ecologistas, sino unos cuantos naturalistas.
-¿Naturalistas?
-Se llamaban naturalistas, sí. Y muchos no eran profesionales sino aficionados. Una de las cosas más notables que hicimos fue la de oponernos al paseo marítimo del Saler, que ponía en peligro toda la vegetación. Y no nos hicieron caso, como es natural, porque el dinero está antes que todo y con la urbanización iban a ganar mucho dinero. Ahora, al cabo de muchísimos años, han destruido el paseo marítimo y han rehecho las dunas; o sea, que lo que dijimos hace treinta años pasó.
-¿De qué años hablamos? ¿Cuándo empezó aquella primera defensa del Saler?
-Yo defendí la Albufera desde el 64 o 65 hasta principios de los 70, hasta que llegó la transición y empezaron los ecologistas. Porque antes apenas éramos 5 o 6.
-Volvamos al zoológico? ¿Qué zoológicos conocía usted? ¿En cuáles se basó para el de Valencia?
-En España había dos casas de fieras. Sí, en aquel entonces se llamaban casas de fieras. Una en Madrid y la otra en Barcelona. El de Barcelona fue el primero que se conoció a nivel europeo.
-¿Cómo surge la idea valenciana del zoológico?
-No fue fácil, porque no se disponía de ningún terreno y el Ayuntamiento de Valencia tampoco ayudaba. Pero luego, en el 65, conseguí de Rincón de Arellano, el alcalde de entonces, que nos cediera los terrenos de Viveros.
-¿Y cómo lo empezaron? ¿Cuáles fueron los primeros animales?
-El primer animal, en el 65, fue la leona Noya, que fue regalada por el Arca de Noé de Barcelona. Y luego el chimpancé Tarzán, que lo regaló un señor que pertenecía a la guardia colonial de la Guinea.
-Con dos animales.
-Y los de un circo. El Ayuntamiento le compró a un circo unos animales, en torno a 20 ó 25. Había leones, había hienas, chimpancés... Pero el primero y el más famoso fue siempre Tarzán, que llegó cuando tenía dos o tres años y duró mucho.
-Supongo que dinero habría poco.
-Poquísimo. Pero le digo una cosa: ninguno de los 42 años que hemos estado en el zoo lo hemos liquidado con déficit; si algún año nos quedábamos cortos o teníamos pérdidas, lo enjugábamos con el sobrante de otros años en los que habíamos podido ahorrar.
-¿No tenían subvenciones?
-Teníamos subvenciones del Ayuntamiento de Valencia y de la Diputación, y nos daban unas ayudas económicas que al principio eran muy muy escasas. Se puede decir que un 92 por ciento del presupuesto provenía de la venta de entradas y el resto de las ayudas. Y así fue hasta el año 1997, cuando el zoo se reformó por completo; entonces aumentaron también las subvenciones.
-Dígame, ¿Cuales han sido sus animales preferidos?
-Tarzán desde luego, porque era muy cariñoso. Y también la leona Noya, por ser la primera. Y los chimpancés, sobre todo una hembra muy especial que ahora está en el Bioparc y que ya ha parido unas cuatro veces; era muy simpática y se portaba muy bien y cuidaba mucho a las crías. Muchos. Las jirafas Estalvi y Aforro que nos las regaló la Caja de Ahorros; o una cebra, que obtuvimos de chocolates La Cebra.
-Conseguía usted los animales gracias a marcas comerciales.
-Claro. Le pongo un ejemplo: me las ingenié para que un tío mío que era representante de Osborne me regalase un par de osos. ¿Qué tiene que ver la Casa Osborne con el zoo? Los osos que quiero son negros y tienen una uve blanca en el pecho. Y dijo: ¡Ah, sí! La V del coñac Veterano, entendió, y me regaló la pareja de osos. La más famosa fue la jirafa Turita, de una fábrica de cervezas. El padrino fue Rafael, el cantante, al que le dimos una recepción en el restaurante de Viveros: todas las chicas querían cogerlo, besarlo. Se lo querían comer.
-¿Que animal le faltó tener?
-Muchísimos; por ejemplo, un gorila. Nunca tuvimos un gorila. O más antílopes. Pero es que no dábamos para más.
-Tampoco recuerdo que hubiese elefantes.
-Sí, tuvimos tres elefantes, pero al último lo mató un niño que le metía clavos en la comida. El niño trabaja en un taller y los sábados se llenaba los bolsillos de clavos y los tiraba en la comida a los animales; este elefante se tragó varios, se le perforó el intestino y la consecuencia fue una infección, una septicemia, y se murió. Al niño lo pilló después la policía secreta con las manos en la masa, tirándoles los clavos a los animales.
-Había también en una misma jaula leones, tigres y un perro.
-Una tigresa y una leona tuvieron aquí en el zoológico cachorros, exactamente cuatro leones y un tigre, pero los aborrecieron; no querían estar con ellos, no los amamantaban. Entonces fuimos a la sociedad protectora de animales y allí nos proporcionaron una perra que había tenido muchos cachorros y estaba llena de leche. La perra amamantó a los leones y a los tigres y estuvo varios años con ellos en una jaula.
-Supongo que la consideraron su madre.
-La perra era el alma de todos y la dueña. Los tigres y los leones la dejaban comer la primera, la respetaban. Después los felinos se hicieron muy grandes, la perra corría un grave peligro y los separamos. Pero estuvieron varios años juntos.
-Tiernas historias de un zoológico que resultaba pobre.
-Yo siempre me he quejado del zoológico porque había poco espacio y poco dinero. La falta de ayuda ha sido total. El zoológico lo hice y lo mantuve a base de esfuerzo, de hablar de convencer. Y luego el público valenciano en general se haportado muy bien. Llegué a recoger 120.000 firmas para que se hicieraun nuevo zoo, digno de Valencia y con la extensión apropiada, que es lo que yo quería.
-Pues ha tardado lo suyo.
-El ayuntamiento de Valencia me ha propuesto hasta 22 sitios, 22 ubicaciones distintas, a lo largo de los años y dependiendo de quién fuera el alcalde. Incluido todo el río Turia. Donde ahora está la Ciudad de las Artes y las Ciencias fue una de las propuestas que a mí me gustaba. La instalación del zoológico allí hubiera sido ideal porque así iba a estar todo junto y no como ahora, que la Ciudad de las Ciencias está en un extremo del río y en el otro extremo está el zoo. Enfrente de El Corte Inglés también lo intenté y no fue posible. Al final nos fuimos al parque de Cabecera, que eso fue idea mía, pero es que además no quedaba otro lugar para instalarse.
-¿Es el El Bioparc como usted querría que fuese?
-No, porque le sobran muchísimas piedra artificiales. Piedras artificiales y muchas otras cosas artificiales. Para mí el Bioparc es más bien un parque temático al que le han puesto animales, y por lo tanto no acaba de gustarme.
-¿Cómo lo hubiese hecho usted?
-Yo tenía otro plan distinto en el que intervenían importantes biólogos y arquitectos que ya habían diseñado otros zoológicos importantes como el de Barcelona. Un equipo muy bueno. Pero ya se alargó tanto la cosa, que la mayoría fueron muriendo y solo quedaban un arquitecto y un aparejador. El Ayuntamiento decidió dárselo a una empresa.
-O sea, que usted no ha participado mucho en la construcción del nuevo zoo.
-No, nada. El Bioparc no es mío. Es más: ni tengo pase, ni tengo entradas, ni nada. La gente está engañada porque creen que yo estoy muy contento con el Bioparc. ¡Si se me ha despreciado!
-Lo veo a usted dolido.
-Aquí tengo yo un documento del concurso para ubicar el Zoo, que dice: "Denominar al Bioparc a construir y gestionar en el parque de Cabecera con el nombre de ilustre profesor don Ignacio Docavo Alberti". Eso se aprobó en un pleno municipal y a mí la alcaldesa me envió lo aprobado para darme una alegría.
-¿Y por qué no se llama así?
-Pues pregúntelo usted.
-¿Cuántas veces ha ido al Bioparc?
-Dos. Cuando se puso la primera piedra, que estuve con la alcaldesa porque me invitaron, y el día de la inauguración. No he ido más. Me llamó el gerente del Bioparc y me dijo: Yo no le voy a dar ni pases ni entradas; si quiere usted entrar, venga hasta acá y diga: soy Ignacio Docavo, denme permiso para entrar. Y yo en esas condiciones.
-No ha vuelto.
-Nunca. Después de tantos años. Yo podía haber sido catedrático en Madrid y por el zoo no me fui; pude haber escrito un libro y se lo cedí a un amigo, pese al dinero que iba a dar como libro de texto, porque yo no tenía tiempo. Lo dedicaba altruistamente al zoo.
-¿Cuánto cobraba como director del Zoológico?
-Nada. Me pagaban los gastos y los taxis, y últimamente ni eso. Aquí tengo un montón de tickets guardados de cuando iba a Viveros y me los pagaba yo.
-Usted que trata con animales y personas, supongo que hay cosas buenas y cosas malas de ambos.
-Hoy hay una gran falta de formación y de falta ética y moral en mucha gente. La mayoría de los políticos son grandes personas, pero otros muchos solo buscan el poder y el dinero, y a mí me ha tocado tropezar con los del poder y el dinero, desde que empecé contra la urbanización del Saler. Me he encontrado personas muy buenas, pero también me he encontrado personas muy ingratas, porque cuando me han necesitado yo les he dado todo lo habido y por haber y cuando yo los he necesitado me han dado portazo.
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'Los zoológicos no me gustan, pero son un mal necesario. En el de Valencia había poco espacio y poco dinero. La falta de ayuda fue total'

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