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Rafael Argullol y la libertad de la escritura

Culturas

Rafael Argullol y la libertad de la escritura

En 'Visión desde el fondo del mar' el autor ofrece un inmenso ejercicio en el que caben todos los géneros pero donde el mar y los viajes son los hilos conductores

09.10.10 - 00:31 -
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Vivimos una época en la que el escritor es bastante tímido a la hora de innovar y de permitirse licencias en sus libros, en los que flota y se impone en el mundo de la creación literaria una conciencia que está de vuelta de los experimentalismos, y este hecho es el que convierte en sorprendente el último 'trabajo' literario de Argullol. Pocos escritores, y, desde luego, ninguno en España excepto él, tienen los suficientes arrestos en estos tiempos para abordar un proyecto como 'Visión desde el fondo del mar', al que sólo se pueden atrever dos tipos de autores totalmente contrapuestos: el novato capaz de mezclar todos los diferentes pinitos inconclusos y fallidos que ha ido haciendo de la adolescencia a la juventud y el escritor maduro que está de vuelta del miedo y del respeto a los convencionalismos de la división de géneros hasta el punto de permitirse mezclarlos con una libertad casi absoluta y sólo restringida por el sentido de la inteligibilidad del texto, por el olfato estético y por una rigurosa búsqueda de la coherencia general de una empresa de características tan arriesgadas. Éste segundo caso es el de Rafael Argullol sin duda. Porque lo primero que hay que decir de esta 'última entrega' suya es que goza de una coherencia deslumbrante y casi milagrosa tratándose, como se trata, de más de 1.200 páginas misceláneas (decir 'multidisciplinares' o 'interdisciplinares' sería incurrir en una jerga demasiado cientifista) en las que caben el ensayo, el aforismo, el diario, el dietario, el relato, el poema, la leyenda, la reinvención del mito, las memorias personales, el libro de viajes, la crónica y también, por supuesto, la novela que se va insinuando y que queda, ciertamente, más que sugerida a lo largo de todo este vasto compendio de planteamientos y realizaciones del hecho literario. ¿Cómo se consigue algo así? Pues, paradójicamente, gracias a un concepto esmerado, moroso, dosificado y pulido de la escritura que es el que aleja a Argullol de la prodigalidad verbal. Argullol es exactamente la antítesis de un grafómano.
Sus motivos temáticos y los saltos que da de uno a otro no son nunca gratuitos aunque puedan resultar desconcertantes como ocurre con las primeras páginas del libro en las que se recrea en mezclar las teorías evolutivas y los avances analíticos del ADN con el Génesis bíblico para hablar de una lograda 'Eva Mitocondrial' que vivió en África hace aproximadamente unos ciento noventa mil años y a la cual nos remontaríamos todos los seres humanos. La excusa son las tesis de un tal doctor Kari Stefansson, que, traducidas por el autor, vienen a decir que tenemos a Adán y Eva a nuestro alcance «gracias a unas poquitas gotas de saliva». Y de ahí Argullol pasa a las leyendas irlandesas, al mito del rey Niall, que murió varias veces según las diferentes versiones que lo sitúan en el siglo V de nuestra Era y que estuvo a punto de no nacer al ser hijo de una segunda compañera de su padre a la que la esposa despechada trató de provocarle un aborto. Los dos temas, el Stefansson y el rey Niall le sirven al autor para reflexionar sobre el destino y sobre el miedo a la muerte imponiendo así lo que va a ser el «método de trabajo» y la tónica del libro. Argullol no deja en ningún momento fluir las referencias culturalistas que invoca o las lecturas ocasionales que caen en sus manos y que le entretienen sin hacerlas pasar por el tamiz de la reflexión. Le sale siempre el espíritu del ensayista como le sale el del poeta o del narrador o el del profesor de Estética y Teoría del Arte.
El mar y el viaje
Dos palabras sirven de guía a este gran proyecto de escritura fragmentaria: el mar y el viaje. El primero comparece como metáfora ontológica pues esa 'Visión desde el fondo del mar' responde a la mirada desde «el fondo del ser», a una suerte de «aleph filosófico» desde el que un ojo está contemplado todo el Universo de materiales que componen el texto. Y responde asimismo a una «interpretación posmoderna» de la realidad y de la existencia humana. Se han acabado las novelas totales y los grandes sistemas filosóficos, las monumentales catedrales literarias y metafísicas. El mundo y la vida sólo los podemos interpretar con una suma de visiones parciales y precarias que a lo máximo nos sugieran la totalidad. En realidad esto es el libro de Argullol, una suma de fragmentos del gran cristal de las cosmogonías, las religiones y las filosofías que se ha roto y ha volado hecho pedazos. Esta conciencia posmoderna es la que explica y justifica la fórmula, la estructura y el estilo fragmentarios de la obra, la novela que queda sugerida y no concluida; lo que tiene de conjunto de visiones unidas por una secreta coherencia que se la otorga la otra expresión clave -el viaje- y su concepto, que está unido a todo proyecto narrativo como lo explicó Heidegger en las 'Interpretaciones sobre la poesía de Holderlin' y Kundera en su visión de la novela como un «trayecto hacia el conocimiento».
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Rafael Argullol. :: JAIME GARCÍA

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