A perro flaco todo son pulgas. Los problemas económicos del Castellón siguen dando que hablar en la entidad castellonense. Si la semana pasada fueron el cuerpo técnico y los jugadores los que se quejaron de la falta de liquidez del club, que estaba repercutiendo en el rendimiento deportivo, los dirigentes del Castellón se enfrentan ahora a un nuevo reto. Mantener la Ciudad Deportiva Facsa, el lugar de trabajo diario de la entidad, tanto para el primer equipo, como para todas las categorías inferiores, se pone cuesta arriba.
Desde el pasado 30 de septiembre los tres empleados de la empresa encargada de mantener el recinto han dejado de trabajar, molestos porque arrastran más de seis meses sin cobrar. La deuda que mantiene el club con la empresa ronda los 40.000 euros, aunque el club albinegro, a través del director general, Miguel Ángel Ludeña, ha garantizado que lo cobrarán todo a lo largo de esta semana. A pesar de la promesa, los trabajadores ya han decidido desde finales del mes pasado romper su contrato con el Castellón que les vinculaba hasta el verano del año próximo. En estos seis meses se han repartido solamente un total de 4.000 euros.
El contrato ya fue renegociado a la baja gracias a la iniciativa de la propia empresa que, consciente de las dificultades económicas que arrastraba el Castellón, decidió rebajar la nómina de sus empleados un 10 por ciento para que el club pudiese cumplir con sus nóminas al día. Este hecho no se ha producido, y esa es la razón fundamental por la que los empleados han decidido colgar el mono y los aparejos.
Ayer fue el sexto día consecutivo que en la Ciudad Deportiva no se desarrolla ningún tipo de mantenimiento. El aspecto que presenta el terreno de juego es desolador, con la hierba muy alta y repartida de forma muy desigual. Para acabar de dibujar la imagen del abandono, desde el pasado marzo están paralizadas las obras de uno de los campos de césped natural, igualmente por falta de pago a la empresa concesionaria de los trabajos. Las obras empezaron a realizarse debido al mal estado del terreno de juego, que presenta deficiencias subterráneas, un problema con el que cuentan todos los campos de la instalación que acoge los entrenamientos del equipo y que obligará a que sea levantado.
La empresa que ha abandonado el cuidado de las instalaciones del Castellón no ha podido trabajar con la normalidad que hubiese deseado. Nunca ha podido disponer del material necesario, como las cantidades de abono pertinentes, debido a las dificultades financieras del club. Al comprobar que todos los pagarés que les había presentado el Castellón eran devueltos, los trabajadores tomaron la decisión de dejar de acudir a su puesto.
La situación, caótica, ha llegado a adquirir tintes de tragicomedia. El consejo de administración del Castellón, al conocer la noticia de que los trabajadores dejarían de realizar su cometido, les rogó que dejaran las máquinas y utensilios en la Ciudad Deportiva para que los empleados que les sustituyan -primero hay que encontrarlos- las puedan utilizar sin ningún inconveniente.





