Ha sido casi como -perdone la expresión el lector- «el parto de la burra», pero por fin ayer, dos años después de que comenzara a gestarse, el conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, anunció la aprobación del nuevo plan plurianual de financiación para las universidades públicas valencianas (PPF).
No es de extrañar la tardanza, pues el modelo nace con vocación de dotarlas «de un horizonte financiero estable», afirmó Font de Mora tras su intervención en la apertura de curso de la Universitat de València, donde la comunidad universitaria recibió la buena nueva. 7.000 millones de euros -unos 800 anuales- de aquí al año 2017 garantizarán esa estabilidad.
Y no puede llegar con mejores padrinos la criatura, pues el PPF ha visto la luz «gracias a un gran consenso y con las mayores garantías para todas las partes». Tanto que las consellerias de Educación y Hacienda y las universidades -a las que hay que añadir el asesoramiento del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas- «están de acuerdo en todo».
Todo incluye también la gran novedad de este plan, que ha sido tomado como referencia por el Ministerio de Educación para proponerlo al resto de universidades española: el importe que recibirá cada una de ellas dependerá de su rendimiento.
Así, un 65,48% de la financiación estará sujeto a los resultados obtenidos en docencia; investigación, desarrollo e innovación, y transferencia tecnológica. Este porcentaje es, para Font de Mora, una garantía para la sociedad, puesto que «el esfuerzo que hace por medio de los impuestos redunda en su beneficio a través de los resultados que las universidades obtienen».
Otro 28,77% corresponderá a financiación estructural y considera tres tipos de subvenciones: una fija para cubrir costes que dependen de su existencia como instituciones, otra para mantenimiento de la estructura de personal investigador a la que obliga la normativa y otra para compensar los costes derivados de la normativa estatal y autonómica que deben cumplir las universidades. El desglose se cierra con un 5,75% de subvención por la mejora de la calidad de los resultados universitarios.
El plan comenzará a aplicarse en 2013, «aunque realmente empieza a funcionar ahora, a nivel teórico», para controlar la evaluación, seguimiento y control de variables.
Satisfacción generalizada
A nadie se le escapa que el PPF llega en el peor momento posible, con una crisis de dimensiones mastodónticas que no se lo está poniendo fácil ni a las universidades ni a nadie. No obstante, para situaciones como esa se crearon las cláusulas... Y en una muestra más del análisis exhaustivo al que han sido sometidos todos los parámetros aparece la apostilla que establece «que haya un crecimiento del PIB igual o superior a un 1,5% y, de lo contrario, se hace un recurso técnico mediante el que se considera lo del año anterior corregido por el deflactor del PIB», explicó el conseller.
El copetín que tras la ceremonia la Universitat ofreció a sus invitados fue algo así como «el bateig de la criatura». Allí, algunos de los «padrinos» del PPF coincidieron en mostrar su satisfacción. El rector de la UV, Esteban Morcillo, además confió en que «las puertas de la Generalitat siempre estarán abiertas para presentar nuestras especificidades», en relación a la cuestión de que el plan no recoge la particularidad patrimonial que atesora esta institución. Juan Juliá, dirigente de la Universidad Politécnica, se congratuló de que finalmente se eliminara una cláusula de limitación «que hubiera establecido un techo independientemente de que subiera el PIB». Y el rector de la Universidad de Alicante, Ignacio Jiménez Raneda, se felicitó por la «demostración importante de responsabilidad social» que han hecho las universidades al firmar este plan.









