
La comisión de Urbanismo dio ayer luz verde al sacrificio de 481 hectáreas de huerta en la periferia de la ciudad para garantizar el desarrollo de Valencia en los próximos 20 años. Tras cinco años de estudio, la revisión del Plan General saldrá a exposición al público este mismo año, después de su aprobación en el pleno.
El paisaje de huerta que se perderá es el más degradado y el que quedaba estrangulado por grandes infraestructuras, principalmente bulevares y accesos a la ciudad. El concejal de Urbanismo, Jorge Bellver, matizó la cifra al señalar que 119 hectáreas se reservarán para los llamados parques de huerta, junto a San Miguel de los Reyes, en Castellar y al norte de la Universidad Politécnica.
Es decir, que 362 hectáreas se destinarán a la construcción de 25.000 viviendas (algo más de la mitad protegidas), comercios, polígonos industriales y grandes equipamientos públicos. El edil defendió que las 8.000 hectáreas restantes de huerta que quedarán en el municipio gozarán de la máxima protección patrimonial.
Bellver comparó estos datos generales con lo hecho en el Plan General de 1988, cuando el Ayuntamiento gobernado por los socialistas recalificó 911 hectáreas. «Incluyo la ZAL del puerto y la Universidad Politécnica, que se dejaron en ese plan como suelo agrícola». En todo caso, sin estos dos últimos proyectos, la reclasificación inicial alcanzó las 815 hectáreas.
¿Dónde se sitúan las zonas a recalificar? El único lugar donde no se harán viviendas se asienta sobre la huerta de Vera y servirá para la ampliación de la Politécnica. En Faitanar, al sur del nuevo cauce, se ha dispuesto una reserva para la ampliación de un polígono industrial y el cementerio General, mientras que el resto servirán para áreas residenciales.
Benimàmet, La Torre, Horno de Alcedo, Castellar, Alboraya, Tavernes, Mahuella, La Punta, Campanar y Vera I (enfrente de Benimaclet) conforman el resto del mapa. El delegado habló de que en el 54,85% se construirán pisos protegidos, uno de los argumentos principales del gobierno municipal en la revisión aprobada ayer.
Tras el pleno se iniciará un proceso de dos meses de exposición al público, el doble de lo que marca la ley. Además de los documentos en la web, se habilitará una sala en la Tabacalera para todo aquel que quiera estudiar la repercusión del nuevo planeamiento urbanístico.
La reserva de suelo para grandes equipamientos públicos y privados no entra en las cifras de recalificación, al seguir como huerta. Se trata de 118 hectáreas junto a la V-30, en la pedanía de La Torre, donde un 11% de la superficie servirá para aquellos proyectos como colegios, hospitales privados y centros tecnológicos que no tienen cabida en el casco urbano. Los promotores, como avanzó LAS PROVINCIAS, estarán obligados a comprar el equivalente 1,5 veces de terrenos de huerta en el entorno más inmediato para conservarla.
Bellver recordó que hace poco más de un año, el concejal socialista Rafael Rubio se mostró de acuerdo con esta fórmula en un debate, siempre que no supusiera una merma de los servicios públicos en el resto de la revisión del Plan. «Me sorprende que ahora su compañero de grupo Vicente González Móstoles critique esta medida».
Este edil criticó previamente que todavía faltan por ejecutar 488 parcelas para jardines y equipamientos públicos del actual Plan General. Añadió que no es «un plan metropolitano, lo que es un pecado de origen», para citar como ejemplo que los equipamientos privados citados «pueden estar en otro municipio, en terrenos de secano».
En todo el proceso de recalificación se han caído algunas iniciativas incluidas en la revisión. Es el caso del corredor comarcal, la ronda de bulevares que debía unir la ciudad con l'Horta Nord. También las 350 viviendas previstas en la zona sur de Pinedo y la llamada Vía Exprés entre Campanar y Benimàmet, una calzada con prioridad para el transporte público pero que debía atravesar huerta en buen estado de conservación.
A petición de la Conselleria de Medio Ambiente también se ha mejorado el diseño de la recalificación de parte de la huerta de Vera y Castellar. Los llamados bordes urbanos supondrán la nueva frontera con la huerta que subsista.
Sobre esto, la revisión pretende dar respuesta, al menos en parte, a la dificultad que tienen los agricultores para rentabilizar las explotaciones. Bellver habló del «mensaje equivocado» en los últimos años sobre la protección de este paisaje único, para decir que es necesario encajar actividades en alquerías, barracas y espacios rurales que sirvan para garantizar su viabilidad. Hostales, restaurantes y otras iniciativas similares tienen opciones como posibles usos.
El delegado comentó que se ha tenido «especial cuidado» en evitar la conurbación con otros municipios, es decir, que haya «contactos» de suelos urbanos. Por esa razón, casi todas los sectores se dejan con amplias franjas de zonas verdes y jardines, que sirvan de frontera natural. Destacó por último que el Plan General de 1988 «no dejó ni un metro cuadrado para viviendas protegidas, lo que hemos querido solucionar ahora».

















